jueves, 5 de mayo de 2011

Los que no encajan


Jueves, 15 de Floreal del año CCXIX.
La legalización de la coalición que llaman Bildu, además de mover a la indignación por incluir en sus listas a elementos batasunos, vuelve a plantear nuevamente el problema del separatismo y su encaje en el mapa político español.
El artículo 2 de la Constitución establece que ésta se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles (Luego viene la historia de las Taifas y su reconocimiento, pero eso ahora aquí no interesa). Según lo expuesto, el legislador podría establecer aquí la posible ilegalidad de partidos nacionalistas o separatistas basándose precisamente en que su objetivo primordial es inconstitucional a todas luces. O, mejor dicho, para los que tengan luces.

En Francia y otros países los partidos separatistas o nacionalistas están prohibidos. Es inadmisible para la legislación gala que una asociación política tenga como uno de sus fines el separarse de la nación, por ir en contra del principio de unidad.

A aquellos que, impregnados de buenismo o corrección política, sostienen que hay que dar voz a todo el mundo se les puede argumentar que la libertad de expresión ampara a todos y cada uno puede opinar lo que quiera. Ahora bien, esos discrepantes enemigos de España pueden tener voz pero que además tengan poder no es de recibo, sobre todo si es excesivo. Una de las principales causas de la desintegración “de facto” que sufre España es el exagerado protagonismo de partidos nacionalistas y afines cuyo único objetivo es barrer para su casa a la par que echan pestes de la Nación que les sostiene.
También los correctos estiman que debe hacerse distinción entre el nacionalismo terrorista y el nacionalismo “democrático”. Es cierto, unos matan y otros no, pero todos tienen los mismos objetivos. Ya se sabe, la vieja historia del árbol y las nueces. Y todos sus fines pasan por la independencia y la destrucción de la España.
Igualmente se podría argumentar que la ilegalización de partidos separatistas aumentaría el sentimiento antiespañol y los conflictos en esos territorios. Puede que así ocurriera, sobre todo al principio, pero la mayoría de las veces aquellas ideas y teorías que han sido rechazadas mayoritariamente, soslayadas o prohibidas dejan de tener vigencia y adeptos con el tiempo y quedan reducidas a una mínima expresión. Véase, a modo de ejemplo, la escasa aceptación que los nacionalistas vascos tienen en el País Vasco Francés.
Y es que, parafraseando a César Vidal, en Francia también hay vascos y catalanes pero allí sí supieron tratar el tema.

3 comentarios:

Impertérrito dijo...

Y el problema, además de todo lo que dices en tu post, es que esto cada vez va a mas. Ya incluso abren sus "embajadas" en el extranjero, etc. Recuerdo cuando el expresidente del Barcelona, Lapuerta, fué a EEUU y le vieron por la calle los "dobles" del Gordo y el Flaco, le preguntaron de donde era. Lapuerta respondió que venía de Barcelona. Entonces el Gordo dijo (mientras le abrazaba) ¡Oh, Barselona, Spain! Inmediatamente Lapuerta le corrigió, diciendo que no venía de Spain, que venía de Catalonia. Un perfecto gilipollas.

Pues así va ésto, Emperador. Esperemos que se reaccione y vengan otros políticos con mejores miras y den cerrojazo a tanto despropósito. Y a tanta gilipollez y traición a España.

Un abrazo.

FRAN dijo...

Hola, EMPERADOR:

Pues ¿qué decirte? Que llevas toda la razón. Mira que a mí me caen mal los franceses, pero en estos temas nos dan cien mil vueltas. Defienden lo suyo y no se dejan comer el terreno por los separatistas y nacionalistas de todo tipo, y eso que allí no sólo tienen a vascos o catalufos dando la brasa, aunque sin éxito, sino que también andan brujuleando los bretones y demás.

Pero aquí, como nunca pasa nada, pues pasa de todo, y pasamos con todo, en pleno pasotismo cuasi general. Y lo peor son las medias tintas, ese jugar a dos bandas: ilegalizamos un poquito pero dejamos que sean legales algunas candidaturas, que hay que mantener 'la pá del corral', que diría Fede.

Como siempre, sensato, certero y acertado, querido amigo.

Un fuerte abrazo

Interruptor dijo...

Siempre he sostenido que el nacionalismo debe ser ilegal en una democracia. Además de ir en contra de la unidad nacional, es que el nacionalismo es totalitario por definición, y una democracia no puede albergar en su seno la semilla de su propia destrucción.

Incluso lo de la libertad de expresión del nacionalismo es muy discutible: ¿por qué un neonazi no puede expresar públicamente su ideología y un nacionalista sí cuando el nazismo no es más que nacionalismo socialista? Pero claro, al nazismo le han opuesto la etiqueta de ultraderecha cuando la realidad es que no es más que una forma de socialismo totalitario (exactamente igual que ERC, BNG, Batasuna, EA, NBai, etc.). Está prohibido por los mismos motivos que deberían estarlo todos esos partido nacionalistas.