viernes, 16 de octubre de 2009

El descubrimiento de los anestésicos


Tal día como hoy del año 1846, el Doctor William Thomas Morton, dentista de Boston, utiliza el éter en una demostración pública para producir anestesia quirúrgica, extirpando de forma indolora un tumor en el cuello de un paciente. Unos días antes, había administrado anestesia a otro paciente extrayendo un diente sin dolor.

El profesor de Morton, Charles Thomas Jackson, fue quien había sugerido a aquél el uso del éter. No obstante, las propiedades de este compuesto se conocían desde tiempos de Paracelso y Raimundo Lulio (siglo XVI), que habían obtenido por separado la llamada “esponja soporífera”, mezclando ácido sulfúrico con alcohol en caliente e impregnando una esponja. Se obtiene así éter sulfúrico (también llamado éter dietilico, dietiléter, o simplemente éter), pero su descubrimiento cayó en el olvido hasta los tiempos de Norton.


A partir de entonces el uso de los anestésicos ha contribuido en gran medida al tratamiento del dolor, en particular el asociado a las intervenciones quirúrgicas, aunque ya se sabe que sus efectos secundarios pueden ser peligrosos. Quizás por eso, Jardiel Poncela decía que el mejor anestésico era el estacazo en el cráneo.


Además de la anestesia química, existe otra muy frecuente en nuestros días que es la anestesia mental o ideológica. Este es un tratamiento aplicado por algunas especies políticas con el fin de que la sociedad no piense más allá de lo que interesa, no vaya a ser que tenga ideas propias y se salga de madre. Los compuestos más utilizados para este tipo de anestesia incluyen nocivas sustancias televisivas como el fútbol, los programas rosas y diversos espacios llamados “reality shows”. Es esta componente asociada a la llamada “caja tonta” la que la hace más peligrosa a este tipo de anestesia, ya que hasta mediados del siglo XX era desconocida.


Entre los grandes anestesistas de nuestra época, sin duda alguna el más conocido es el eminente científico —aunque otros lo llaman dentífrico, por aquello de la sonrisa— Joseph Lewis Shoemaker, el cual ha alcanzado grandes progresos en esta técnica que combina grandes dosis de hipnotismo con otra droga muy adictiva llamada Talantina. Sólo un extremo esfuerzo de atención por parte del posible anestesiado consigue vencer sus efectos. Se han contabilizado en algunos países hasta once millones de personas que sufren este tipo de adicción.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay anestesias que sirven para mulas tercas y cociconas; hay anestesias para mamuts... y hay otros adictos al valium que prefieren andar siempre en el duermevela. Menos comprometidos: ni en Pinto ni en Valdemoro-
Spanish, sweet dreams...

Un abrazo, His Majestic