jueves, 6 de enero de 2011

Reflexiones para el Año Nuevo

Sábado11 de Nivoso. Año CCXIX de la Revolución. Día del granito o piedra berroqueña (material componente del rostro de algunas personas).


La vida nos ofrece momentos que suceden todos los días, pero algunos acontecen contadas ocasiones en la vida, cómo éstos primeros días del nuevo año. La verdad es que nunca me gustaron estas fechas y preferiría huir del mundanal ruido para dedicarme a cualquier cosa menos al absurdo de celebrar eventos que prometen mucho y terminan en nada, salvo en indigestiones y terribles resacas que nada benefician al organismo ni al espíritu.

Pero al final siempre hay que felicitar el Año Nuevo a todos, incluso a los gestores (por llamarlos de algún modo) de la cosa pública, responsables de un crudo invierno político y económico que se prolongará probablemente durante cientos de meses y que todos padeceremos. Acabarónse, pues, los manteles llenos de restos de cenas opíparas y las vacas gordas. Disfrutemos el presente, que es lo único que tenemos, y además es gratis.

Ahora es el momento de los buenos propósitos como, por ejemplo, quitarnos esa tripa que ha alcanzado proporciones críticas o dejar de fumar. Las crisis económicas y las prohibiciones varias harán que nuestras promesas sean infinitamente más fáciles de cumplir. Celebremos, pues la ventajosa situación y demos gracias a ZP por facilitarnos la tarea.

Dicen que los cambios alteran las condiciones de las personas. Gran verdad. El número de individuos que echan pestes del gobierno aumenta exponencialmente de modo vertiginoso y supera enormemente al de aquellos que antaño lo apoyaran —islamistas, nacionalistas, feministas, amantes de la memoria histórica y progresía variada— aunque alguno quedará, sin duda. Parece que en este caso la escasez incrementa la cordura, pero ésta llega tarde, muy tarde. Alguno llevamos años diciéndolo y las profecías se han cumplido, pero nada mágico hay en ello; simplemente la constatación de que las quimeras imposibles siempre están destinadas al fracaso.

Puede que, al fin, cambie nuestra suerte y la de nuestro país, que de malos agüeros ya andamos sobrados. Es difícil, pero no hay que perder la Esperanza. Por eso, desde su rincón del ciberespacio, el Emperador felicita a todos los blogueros este 2011 que presagia tiempos duros pero apasionantes en la batalla dialéctica de las ideas. Recordemos que lo importante es conseguir que el preboste sentado en la poltrona mayor abandone esa ilusión errónea que le mantiene vivo políticamente. Y de paso, abandone también la poltrona para dedicarse a otros menesteres que le hagan más feliz y a nosotros también.

El año Nuevo llega y quizás con él la renovación (o no) en forma de gallego teledeportista y fumador de puros. Pero, como se dice vulgarmente, “nunca pasa nada”. Todo en la vida ocurre ahora mismo.

Feliz año, que es lo principal.

2 comentarios:

Antonio M dijo...

Feliz año, Emperador. De todas fomas, yo no comparto tanta "Esperanza" como usted; me temo que, si se mueve un poco, acabará cayendo a los pies de los caballos como los "Cascos".

Un abrazo.

McMurphy dijo...

Hola Emperador,
un fuerte abrazo y Feliz Año este que va ser duro. Me hice seguidor de tu blog.
Un abrazo,
MM