
Aunque parezca una plaza, no fue así en sus orígenes. Era una de las puertas de la muralla que rodeaba Madrid a finales del Medievo y sobre ella había un sol que adornaba la entrada, de ahí el nombre. Similar función y cometido tenía la puerta del Sol de Toledo, todavía existente. El sol se colocaba en las antiguas puertas medievales que estaban orientadas a levante y ello explica el significado de tan planetario (que no pajiniano) anagrama. Según el ilustre escritor y cronista de la época don Juan López de Hoyos, la puerta fue derribada alrededor de 1570 para ampliar la ciudad, pero quedó el nombre para la posteridad.
En las últimas semanas, el histórico lugar ha sido una vez más protagonista, seguro que en esta ocasión muy a su pesar. Multitudes de gentes de lo más variopinto constituyeron allí una suerte de movimiento asambleario de dudosa eficacia aunque sí de mucho ruido y trastorno para vecinos y comerciantes de la zona. Perro flautas, despistados de buena fe, progres arrepentidos y gente de mediana o avanzada edad a lo que les place despotricar de todo (según Woody Allen, estos últimos suelen terminar en los supermercados predicando el socialismo) convirtieron
Pero con todo, una de las cosas peores de toda la parafernalia desplegada es el atropello perpetrado al topónimo del lugar. Los autodenominados “indignados” han conseguido indignar a éste madrileño de toda la vida que aquí escribe rebautizando el sitio como “Plaza de Sol” en un alarde de horterismo que ofende al oído y a la estética.
¿Se imagina alguien que en Sevilla a
Para cambiar la sociedad, no hay que ofender el buen gusto. Puerta del Sol, se llama Puerta del Sol ¿estamos?