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jueves, 17 de marzo de 2016

Aromas del ayer, esencias dudosas del hoy

Aunque uno ya gasta poco pelo en la cabeza, sigue precisando del rasurado de vez en cuando, ya que la barba de tres días puede aun resultar elegante y de una belleza semisalvaje para algunas féminas, pero la de cuatro o cinco ya invita a las odiosas comparaciones con algún homínido de aquellos que fueran nuestros ancestros. Igualmente, todos los hombres precisamos alguna colonia o perfume que desprenda un aroma agradable y personal, a la par que ahuyente el olor a tigre que a veces desprenden los humanos cuerpos.

Quizás un servidor sea un antiguo, pero sigue gustando de aquellas sensaciones olfativas que emanan de las viejas colonias de antaño como el Varon Dandy, o el clásico Floid de toda la vida para después del afeitado. Recuerdos de las viejas barberías de los sesenta, con el maestro peluquero que cortaba melenas y rizos con una destreza insuperable mientras uno podía contemplar los grandes frascos de colonia y masaje agolpados en largas repisas bajo el espejo en el que contemplábamos arrobados y con un puntito de gustirrín la faena que hacían en nuestro cuero cabelludo.


Productos éstos que se relatan desde luego preferibles, en opinión de muchos, a los lujosos y a veces untuosos afeites que gastan los metrosexuales de la progresía, para los que todo lo que sea moderno y caro es bueno, sin pensar que lo demás no está exento de virtudes. P
arece que las izquierdas se decantan más por los aromas de Oriente, de la Alianza de Civilizaciones, de las exóticas esencias del Caribe e incluso pudiera ser más de su gusto el “varón Bambi”, efluvio monclovita de gran talante; todo lo demás es covacha, pasado y derecha extrema. Sin embargo, a muchos españoles no les huele bien la situación de España aunque se disfrace de mil esencias de progreso y de paz. Por algo será.

Fuerza y Honor.

domingo, 7 de marzo de 2010

¡Churro va!

Jueves, 15 de Ventoso (Día de la cabra).

Los que ya tenemos una cierta edad recordamos aquellos años gloriosos de las dos horas de digestión para poder bañarse y de las meriendas que consumían nuestras tardes de infancia. Meriendas con pan y chocolate que disfrutábamos con pasión y sin temor a las caries ni a la obesidad, pues parece que estos dos sólo fueran males de nuestro tiempo a causa de la supuesta calidad de vida que presuntamente se disfruta. También existirían entonces, pero no salían sesudos señores en la tele avisándonos de los peligros del dulce y amargándonos en consecuencia la vida.

Pero no son estos recuerdos gastronómicos el objeto fundamental de este artículo, sino un entretenimiento que acompañaba esas tardes de pan y chocolate. Se trata de aquel popular juego llamado “Churro va” o también “Churro media manga mangotero” (o manga entera).

Las reglas del juego son bastante conocidas. Dos bandos, uno de “sufridores” y el otro que parte de una situación más ventajosa. La forma de dilucidar este comienzo era generalmente “echar a pies” entre los capitanes de ambos equipos, lo que suscitaba enormes controversias a causa de los numerosos trucos que había en eso de los pies. Los del bando menos agraciado se colocaban agachados en posición de “burro” con la cabeza metida en la entrepierna del precedente y con las manos en las piernas del mismo, formando la fila de la ignominia. A los nervios subyacentes de ser los que recibirían los impactos, se añadía la olorosa posibilidad de que el de delante se tirara un pedo en nuestras narices, pues ése era también el momento que aprovechaban los más perversos y guarros. El primer burro apoyaba sus manos y cabezas sobre un sujeto pasivo que recibía el nombre de “madre” y que se aburría muchísimo por no participar nada más que de Tancredo, además de recibir en su estómago el impacto de la masa saltarina.

Una vez dispuesta la cosa, los miembros del otro equipo al grito de ¡Churro! tomaban carrerilla y se dejaban caer por orden sobre los lomos de los desgraciados que esperaban en la humillante posición antes descrita. El mayor terror era que cayera encima el alumno con problemas de sobrepeso —entonces no solían tener tanto complejo y se les llamaba simplemente “el gordo de la clase”— que siempre jugaba en el equipo contrario y se tiraba el último para ver si los burros caían, con lo cual volvían “a ligarla”. Ya subidos los torturadores sobre los torturados (no podían caerse porque perdían), el cabecilla hacía la pregunta del millón:

"¿Churro, media manga o mangotero?”

Para ello, se tocaba al azar la muñeca, el codo o el hombro (manga entera o mangotero). Uno de los enculados debía acertar la posición. Si así era, se cambiaban los papeles y la venganza estaba servida. Si no, vuelta a sufrir. La madre actuaba de notario para dar fe de la veracidad de la respuesta y evitar trampas.

Un heroico divertimento para tiempos épicos y salvajes donde daba gusto hacer el bestia sin que ninguna mente bienpensante dijera que tenías problemas de adaptación o conducta agresiva. En contra de lo que algunos correctos y melindrosos actuales puedan pensar, nadie se rompió ninguna vértebra, quedó discapacitado o se hernió, por lo menos en los múltiples lances que yo mismo tuve ocasión de jugarlo ni tampoco he tenido noticia de ello.

Ahora los niños luchan virtualmente en juegos electrónicos y consumen así su infancia en sedentarios pasatiempos. que aburrirían a la larga a aquellos guerreros que antaño fuimos y que preferíamos algo más vivo, Quizás porque somos una generación de supervivientes y de ello debemos de enorgullecernos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Un museo y un retrato




Jueves, 12 de Ventoso. Día del olmo (jour de l´orme).

Todavía recuerdo aquellas mañanas de domingo cuando mi padre (q.e.p.d) me llevaba al enorme edificio de la calle Méndez Núñez y que constituye el último resto en pie de lo que antaño fuera el Palacio del Buen Retiro. Allí se alojaba el Museo del Ejército, uno de los mejores que este humilde servidor ha podido contemplar y, sin duda, uno de los más amenos para los amantes de la Historia y también para los muchachos de entonces a los que no se nos llenaba la cabeza con historias acerca del peligro de contemplar armas y uniformes o de jugar con juguetes bélicos. El tiempo ha venido a demostrar a este respecto más bien lo contrario; la mayoría de los miembros de estas generaciones somos más bien pacíficos, entre otras cosas porque también éramos educados en el respeto hacia los demás, virtud ésta que no parece acrisolar los currículos de algunos miembros de la actual juventud.

El visitante que allí entraba podía contemplar atónito una inmensa panoplia de armamentos, uniformes, mapas, maquetas y un sinfín de objetos de lo más variado que iban desde los puros que se fumó (o, mejor dicho, los que se dejó sin fumar) el general Diego de León la noche anterior a su fusilamiento hasta los coches en los que asesinaron al general Prim y a Eduardo Dato, pasando por la espada del Cid o una camisa de tortura con pinchos que se encontró en una cheka de Gerona y que miedo daba de verla. Sin embargo, lo que a un servidor más le gustaba era la colección de soldaditos de plomo, una de las mejores. Cuántas veces el niño que era entonces volvía a casa pletórico de ideas y se ponía a dibujar multitud de soldaditos y armas inspirándose en lo que había visto en ese viejo caserón de sus amores. De ello da fe una pequeña colección de dibujos que todavía conserva mi hijo mayor, muy aficionado asimismo a la historia militar.

Ya por aquellos tiempos se comentaba que el museo iba a ser trasladado a Toledo, lo cual me producía una gran desazón pues me vería privado de uno de mis pasatiempos favoritos por mor de la distancia kilométrica; no mucha, pero suficiente como para dar al traste con las excursiones mañaneras de domingo a ese maravilloso rincón.

Finalmente, el traslado se consumó hace pocos años y en breve se espera la inauguración en la Ciudad Imperial. Fue desolador para el que esto escribe visitar el museo hace unos tres años en compañía de su hijo y comprobar cómo no quedaba apenas nada y estaba casi todo patas arriba. Incluso buscamos infructuosamente el retrato de mi tío abuelo, héroe de la guerra de Filipinas que allí murió en combate, y que ocupaba un pequeño rincón en una de las salas. Ni rastro del cuadro salvo que estuviera cambiado de lugar, aunque bien buscamos y rebuscamos.

Noticias alarmantes llegan, sin embargo, sobre el nuevo museo. Parece ser que sólo se va a exponer una quinta parte de los inmensos fondos que contenía el antiguo, lo que es poco más menos que nada. El resto se almacenará o se expondrá en diversos ayuntamientos, universidades, etc. lo que supondría la diseminación y por el tanto el fin de tan magnífica exponente de nuestra Historia. Se puede aventurar de buen seguro que ni la camisa de tortura ni el cuadro de Paracuellos serán contemplados para no herir sensibilidades.

De ser cierta, esta disminución de fondos expuestos no encontrará muy probablemente el rechazo de muchos intelectuales y artistas, pero sí el de todos aquellos que sienten el patrimonio cultural e histórico como algo nuestro. De momento, ganas dan de buscar el retrato del tío abuelo y solicitarlo si es posible en caso de que no se vaya a exponer. Por lo menos ése no se perdería en el anonimato de un almacén.

martes, 23 de febrero de 2010

Para ti


Miércoles, 4 de Ventoso. Día del aligustre.

Como es el que esto escribe ya no es un mozo, anda cada día más rememorando episodios de su vida prétérita y bucea en los recuerdos de la juventud perdida, que quizás no fue mejor que la época actual pero indudablemente en aquellos tiempos era bastante más guapo que ahora. Después de cavilar un tiempo llega uno a la conclusión de que todos aquellos que vivimos esa etapa gloriosa de principios de los 80 teníamos mucho en común. Una generación rebelde aunque aseadita, donde la estética postmoderna y pseudopunk ocultaba en su interior ideales de libertad que nunca se fueron y vuelven a aflorar en estos tristes tiempos para señalar críticamente los desbarajustes que día tras día se cometen.

Muchos de los miembros de aquella Gran Generación, que anduvimos con nuestra música y nuestros sueños por los sitios de moda de aquel entonces, andamos enfrascados hoy en la pugna contra la progresía demoledora y el cáncer nacionalista que todo lo corroe. Curiosamente la mayoría de los artistas de esa época no engrosan las listas de titiriteros de la ceja, lo cuall dice bastante

En su libro La ciudad que fue, Federico Jiménez Losantos opina que la canción principal de aquella movida madrileña que acabó con el predominio cultura y musical de Barcelona fue el famoso Para ti, mítica canción de amor compuesta por el grupo Paraíso, precursor de La Mode, que también la incluía en sus actuaciones. Un servidor también apoya tal teoría

En realidad, no se sabe muy bien a quien va dirigida la letra, pero en ella se averigua el espíritu de una generación que todavía pervive y se enfrenta con mayor o menor energía al pensamiento único y a toda imposición más o menos encubierta o disfrazada de buen rollito.

Texto

Video

Parafraseando la letra de la inmortal canción, nosotros ya no tenemos quince años y ya no podemos rascarnos la melena pero seguimos viviendo en tiempos asesinos y seguimos siendo generadores nuestros escritos. Seguimos sin soportar los rollos horribles que nos pretenden colar algunos y al frente se abre un horizonte de esperanza donde las Cortes dejen de ser un cine mudo y se olviden las lenguas viperinas y los críticos seniles para los nuevos tiempos donde las ideas de España y Libertad estén en la mente, el corazón y el espíritu de todos.

Para ti queremos otear el paraíso.

sábado, 13 de febrero de 2010

¿Saben aquél que diu?

Hubo un tiempo en que los españoles no recelaban unos de otros en función del territorio en que vivían, entre otras cosas porque en esa época no había autonomías o tal desaguisado estaba comenzando a perpetrarse. De este modo, los catalanes eran vistos como otros compatriotas más; con unas particularidades propias de su región, eso sí, pero que no iban más allá de la lengua o de los típicos tópicos que puedan establecerse entre las distintas regiones que forman una nación, hecho éste que acontece en todos los países del mundo.

En esos recordados tiempos de finales de los setenta y principios de los ochenta apareció en las pantallas de nuestros televisores un tipo catalán entrañable y muy serio que fumaba como un carretero y consumía güisqui a la par que contaba unos chistes graciosísimos. Un personaje de esta guisa hubiera resultado hoy probablemente bastante incorrecto a los ojos de los bienpensados amantes del pensamiento único, pero entonces el gran Eugenio consiguió las simpatías y el afecto de todos los españoles.

Hace años que falleció, pero sus chistes memorables pueden seguir escuchándose en una página que promueve su hijo Gerard Jofra, que es asimismo el promotor de un espectáculo llamado Reugenio, en el que se recrean las genialidades del insigne humorista.

http://www.elsabenaquelquediu.com/

No puede saberse lo que pensaría Eugenio hoy día viendo la deriva de su querida Cataluña hacia el separatismo rampante. Sin embargo, Gerard Jofra ha apuntado la posibilidad, bastante plausible por otra parte, de que al genial cómico no le gustaría mucho la situación, ya que era “un tío que unía” y era querido en toda España, por lo que andaría hoy más preocupado por el paro que por el Estatuto. Y explica además que tal rechazo sería "por cómo se está actuando políticamente y cómo lo hacen desde nuestro territorio, cosas que yo no comparto”.

Noticia en LD

Tan razonables declaraciones le han valido al hijo de Eugenio airadas críticas de los sectores más separatistas del oasis, que vuelven a sacar de paso las viejas historias de que España expolia a Cataluña y otras cansinas historias. Nada nuevo en estas gentes, por otra parte.

Por eso es mejor quedarse con el humor de Eugenio y sus chistes, y que ayer recordaba Gerard en una entrevista a César Vidal, de la cual queda aquí el enlace. En ella se nos viene a recordar que el espíritu de las buenas gentes permanecen aunque ya no estén con nosotros.

Video



jueves, 4 de febrero de 2010

Cinco palabras

En aquellos tiempos de finales de los setenta, las mañanas parecían tener más luz y el aire de las calles invitaba a ser respirado con toda la fuerza de la juventud que dan de los dieciocho años cuando las tentaciones no pueden resistirse: ¿Por qué aguantar toda una mañana en una fría aula de la Universidad cuando afuera reina un mundo maravilloso? Era el momento en que este que os escribe se rascaba pensativo la melena, entonces tan abundante y hoy desaparecida, y desoyendo la voz de la lógica, tan débil a esa edad, se lanzaba frenético a la parada del autobús en busca del Paraíso que entonces residía en las calles del Madrid eterno.

Cualquier excusa valía: ir a ver unos discos de vinilo, una película mañanera con los amigos o lo que fuera, con tal de escapar de la prisión académica y zambullirse en el mundo de la libertad urbana, conjugándose de este modo el gusto por lo nuevo y el placer de infringir las normas. Bendita anarquía la de aquellos tiempos.

Uno de esos días luminosos que nos concede el invierno cuando tiene a bien hacerlo, vagaba sin rumbo fijo cerca del viejo café Comercial. Ya cansado de no encontrar aventuras, el estudiante de nuestra historia decidió sumergirse en las profundidades del Metro para emprender el retorno al hogar, aun cuando le parecía que el juego iba a terminar demasiado pronto. Por eso decidió quedarse un rato más a contemplar a los viandantes y, sobre todo, a los del sexo opuesto.

Antes los ojos de aquel observador comenzaron a desfilar lo que a él le pareció un maravilloso ejército de muchachas cargadas de libros y apuntes, o con la carpeta sobre el pecho con los brazos cruzados por encima como sólo las chicas saben hacerlo. Él era muy tímido entonces y nada decía aunque a más de una le hubiera tirado un requiebro; la belleza se desplegaba con todo su esplendor en la soleada y fría mañana alegrando la vista y el corazón de un joven que empezaba a vivir la vida y quería apurarla antes de tiempo.

Fue entonces cuando una se paró un momento ante el estudiante. Hoy no puede recordar su cara, pero aquel día le pareció salida de un idílico reino de cualquier historia mágica que pudiera imaginarse. Después de mirarle y antes de marcharse, de sus labios sonrientes sólo salieron cinco palabras, que sonaron como una sinfonía celestial:

— ¡Qué ojos tienes! ¡Qué ojazos!

Nunca es posible esperar lo inesperado. El aventurero de la mañana se quedó como un tonto sin poder articular palabra y apenas pudo esbozar rápidamente una sonrisa antes de que ella desapareciera en el bullicio de la multitud como una estrella fugaz que hubiera desafiado a la noche. Una historia de amor o un idilio quizás perdidos, pero que quedan como retazos de alegría en la memoria.

Han pasado más de treinta años pero el protagonista del relato aún conserva los mismos ojos azules que fueran objeto de tan preciada lisonja. Ya andan gastados por el tiempo, pero siguen contemplando el mundo con la esperanza de que en algún sitio no muy lejano sigue aguardando el país de las hadas. Sólo nos queda descubrirlo y darnos cuenta de que nada es imposible.

martes, 26 de enero de 2010

La casa del ratón Pérez



Desdentados andan algunos desde hace tiempo y ya sin remedio, como es el caso del que esto suscribe y de todos aquellos que cometieron excesos con los dulces y defectos en las visitas al dentista. Tiempos atrás no pasaba, sin embargo, esta oral tragedia pues ya se encargaba el ratón Pérez de suplir las caídas dentarias a la par que obsequiaba a los infantes con una moneda con que sufragar los pequeños gastos de esa edad. Otra ilusión más de los primeros años que el paso del tiempo va difuminando en pos de la realidad, tan cruel como inexorable.

Pero ocurre que a veces los cuentos se hacen realidad, para gozo del espíritu y de la magia infantil que todos llevamos dentro. Así le ocurrió a este cronista, que andando un día por la madrileña calle del Arenal, cerca de la Puerta del Sol, se topó con una placa conmemorativa a la altura del número ocho de la misma. En la inscripción puede leerse que allí vivía dentro de una caja de galletas el Ratón Pérez.

La explicación está en que nuestro personaje es el protagonista de un cuento que escribiera el jesuita Padre Coloma para obsequiar al entonces rey niño Alfonso XIII (mal número) cuando cumplió ocho años y se le cayó un diente. La historia lo describe como un ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo y una cartera roja, colocada a la espalda, que vivía dentro de una gran caja de galletas, en el almacén de la entonces famosa confitería Prast, sita en el descrito lugar tal y como se cita en la placa. En el pasaje comercial que hay en la finca se encuentra asimismo una pequeña estatua que retrata al ratoncito de acuerdo con la descripción del cuento.

Existen muchas variantes en todos los países sobre la historia del simpático roedor que se lleva los dientes depositados bajo la almohada, pero resulta entrañable como pocas esta versión española. Para los que seguimos teniendo hijos pequeños que esperan ansiosamente la llegada del ratón cuando procede, los lugares, los textos y las imágenes de esta leyenda nos permite reafirmarnos en la convicción de que en algún lugar de nuestro corazón seguimos siendo un niño al que volvemos cuando celebramos estas tradiciones. Que ese niño perdure siempre.





miércoles, 13 de enero de 2010

Los viejos blogueros nunca mueren

Decía una canción que los viejos rockeros nunca mueren, pues su persona puede desaparecer del mundo físico, más no su música, espíritu y esencia. Cabe suponer que lo mismo debe ocurrir a estas gentes variopintas que pueblan la blogosfera y entre las cuales tenemos el honor de figurar. Podrá nuestra materia emprender el último viaje, pero los escritos permanecen para corroborar lo que uno fue y la impronta que dejó.

Un 14 de enero del año 2007 nos enteramos en los blogs de Libertad Digital del fallecimiento de nuestro compañero yokito, tras varios meses de extraña inactividad que a muchos hacía sospechar nada bueno. Desgraciadamente, los temores se confirmaron y la sombra de la muerte se extendió sobre este espacio por primera vez, y quiera Dios que pasen muchos años hasta que volvamos a encontrarnos en situación similar.

Este post a modo de obituario va dedicado a la memoria del compañero muerto, no sólo como recuerdo para aquellos que le conocimos virtualmente y hablamos con él a través del ciberespacio, sino también para que todo el que lea este post sepa que un día anduvo por la Red un sevillano genial, dotado de una maestría especial para los videos y de una prosa entre cabreada y humorística como pocas se recuerdan. Se puede todavía ver su blog en el engorroso listado de ese sitio, ya que al final del mismo hay un buscador por nombre de usuario que nos permite encontrarlo. Entristece verlo vacío de fotos y videos pues, como dijo en aquella ocasión vez el gran Persio: “Morimos y la página queda sin actualizar”.

Queda la esperanza de que, en las regiones celestiales, el Sumo Hacedor haya dispuesto un hosting para alojar los espíritus blogueros, pues en la casa del Padre hay muchas moradas, y alguna tiene que ser para aquellos que deleitaron o enojaron con su teclado a amigos y adversarios. Un servidor al menos así lo cree.

La vida pasa, pero lo eterno permanece. Va por ti, yokito.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Que vivan los Reyes Magos



Llegan las fiestas navideñas y con ellas la tradición de los regalos. Cuando los que aquí escribimos éramos niños —salvo quizás alguno más joven— los juguetes los traían siempre los Reyes Magos, mientras que el advenedizo personaje vestido de rojo (no podía ser menos) y que agita la campanilla como si estuviera llamando al rancho no era más que una figurita de adorno de las que se colocaban en el árbol entre bolas y guirnaldas.



Pero los tiempos cambian y el marketing que todo lo puede va acomodando tradiciones y creando otras nuevas que nunca estuvieron en la esencia española, salvo en algunos hogares en los que el Niño Jesús ponía algún regalito a los más pequeños de la casa.


Se plantea entonces una disyuntiva problemática. Los padres luchamos por mantener la tradición, pero a los niños les meten en la cabeza al tío de la campanilla y de las risotadas, (que no deja de ser sino una deformación anglosajona de la figura del venerable San Nicolás, santo varón de la Iglesia) pero a ver quien le dice al infante que en esta casa no viene Papá Noel, porque no es bien recibido.


Mientras tanto, los pobres Magos de Oriente van perdiendo adeptos, porque los muchachos prefieren disfrutar antes de los juguetes y no al final de las vacaciones. Inclusive muchos seguidores de la progresía parecen preferir esta figura más aparentemente laica —aunque en realidad no sea así, como ya hemos visto— que a aquellos que llevaron presentes al niño Dios, que eso viene en la Biblia y es más correcto ser aconfesionales. Se olvida que gracias a los Reyes Magos las vacaciones de Navidad duran más que en otros sitios y que asimismo nos traen el maravilloso roscón, delicia del paladar y clásica costumbre española.


Un servidor lo tiene bastante claro. Cuando los hijos sean mayores y sepan de qué va el tema se acabó Papá Noel. Sólo vendrán los Reyes, como siempre ha sido y debiera de ser.


Feliz Navidad a todos.



domingo, 13 de diciembre de 2009

Treinta años es poco

Como en otras ocasiones, anduvo anoche el escribano errante de este rincón de la blogosfera en una cena con sus compañeros de colegio de épocas pretéritas, tan vetustas que se pierden en la noche de los tiempos modernos, en esa oscuridad de los recuerdos que de vez en cuando se ilumina brevemente para apuntar un destello de los buenos momentos vividos. No es la primera vez que esta reunión acontece, pues ya son cuatro años quedando para cenar, e incluso a veces hay alguna cita para desayunar un roscón el día de Nochevieja por la mañana, que también es un modo de adelantar la llegada del nuevo año que se aproxima.

La primera reunión que hubo tras el contacto —establecido gracias a las páginas de búsqueda de antiguos amigos que existen en la Red— hizo el pequeño milagro de volvernos a ver después de treinta años. La impresión es de haberse transportado a otro mundo quizás distinto, quizás mejor, porqué no decirlo. Habíamos quedado en la puerta de uno de aquellos cines de barrio que pisamos en nuestra mocedad entre aromas de chicle americano y cáscaras de pipas y que los azares del destino han querido que ahora sea un salón de bodas.

Las sensaciones son curiosas y cambiantes en esta tesitura. Compañeros que se reconocen inmediatamente nada más verles, como si nada hubiera cambiado; a otros, en cambio, hay que preguntarles aquello tan manido de “¿Y tú quien eres?” Es entonces cuando el interlocutor dice un apellido —la clásica forma de llamar a los condiscípulos en el colegio— y nuestro código descifra su identidad y la compara con una imagen juvenil que anida en un dormido rincón de las neuronas.

Dice la letra del tango que veinte años no es nada. Poco más son tampoco treinta, y aquellos muchachos, hoy canosos y en las puertas del otoño de la vida, se siguen llamando y comportando en sus encuentros como los inocentes escolares que habitaron aquellas aulas de los años setenta, entre albores de libertad y comienzos de amores, desamores y experiencias.

Mucho hemos cambiado o, a lo mejor, no. Pero los que anoche se reunieron tienen en su interior la certeza de que el tiempo se detuvo en un reloj de pared y las pesas inmóviles de antaño anunciaron que, a veces, cualquier tiempo pasado fue mejor.

viernes, 4 de diciembre de 2009

El Calendario Zaragozano


Los entusiastas del famoso cambio climático están equivocados. Y no por la endeblez de muchos de los postulados de tamaña pseudoteoria, sino porque han errado en consultar en las fuentes adecuadas. No, no es el profeta del Apocalipsis Al Gore la autoridad más recomendada para predecir los pronósticos del tiempo sino el astrónomo aragonés Don Mariano Castillo y Ocsiero, creador del famoso Calendario Zaragozano que, basándose en los movimientos de la Luna y sin instrumentos complejos ni grandes parafernalias, ideó un método hace más de 150 años para eso de la meteorología.

El que esto escribe lo ha comprado alguna vez y le ha gustado su estilo, además de que acierta muchas veces y de pleno. Con el Calendario Zaragozano y los refranes de la abuela no hacen falta los satélites meteorológicos; además las predicciones son acordes con lo clásico y no anuncian catástrofes globales ni simplezas por el estilo.

Los más malévolos le acusan de poco científico y de generalidad (no de Cataluña) y dicen aquel refrán de:"Calendario zaragozano: frío en invierno, calor en verano" pero, casualmente, muchos de los que así se pronuncian suelen cojear del pie izquierdo según he podido constatar en varios foros de meteorología y en algún diario progre. Se ve que Don Mariano Castillo también ha entrado a formar parte del elenco de personajes políticamente incorrectos al no anunciar el temido calentamiento (una moza de buen ver, eso sí que produce calentamiento global).

A pesar de todo, sigue siendo el de mayor difusión en España y una de las publicaciones de mayor solera. Además de los pronósticos del tiempo por meses y semanas anuncia la hora de salida y puesta del sol, las fases de la Luna, el paso de las estaciones, las ferias y mercados de España, etc. Todo un retrato de la vida española y su paso que ojala siga por muchos años.

Y sólo por 1,50 €. Bastante menos que las subvenciones que se llevan algunos con eso del cambio climático.




martes, 24 de noviembre de 2009

Los Nikis y la vuelta del Imperio

Uno de los grupos más representativos de la música pop española de los 80 fueron Los Nikis, el legendario grupo de Algete, ese pueblo cercano a Madrid y famoso, entre otras cosas, porque desde allí llamaba aquella “maruja” que volvía tarumba a Encarna de Noche en aquel no menos legendario programa de Martes y 13 (“Encanna, bonita, te llamo desde Algete. Mira, que estoy friendo unas empanadillas y como tengo a los chicos haciendo la mili en Móstoles, pues me he dicho, ahora que es de día voy a llamar a Encarna de Noche, etc…”).

Los Nikis hacían una música joven y sencilla, similar a Los Ramones, y fueron muy alabados por la crítica, aunque también se len censuró por la progresía que algunas de sus letras eran algo pronazis. Sin entrar en el tema, hay que decir en su defensa que resultaban bastante más limpios y preferibles que los miembros de algunos grupos de rock filoetarras que existen o han existido en las Vascongadas y cuyas letras ofenden a bastantes..

Una de las canciones de los Nikis era El Imperio contraataca y su letra no hablaba de la Guerra de las Galaxias, sino de un resurgir de lo español en el futuro. La composición ha resultado ser profética, pues la mayoría de los expertos en eso de las lenguas concluyen que en pocos años el español será la tercera lengua más hablada del mundo, superando incluso al inglés. Además, nuestra lengua está de moda en Estados Unidos, Canadá y Brasil entre otros y su auge va en aumento en el resto del mundo. Tomen nota los nacionalistas y similares y muérdanse las corvas de envidia.

He aquí la letra de El Imperio contraataca (el video puede verse en Internet):


Hace mucho tiempo que se acabó,

pero es que hay cosas que nunca se olvidan,

por mucho tiempo que pase.

1582, el sol no se ponía en nuestro Imperio,

me gusta mucho esa frase.

Con los Austrias y con los Borbones

perdimos nuestras posesiones.

Esto tiene que cambiar, nuestros nietos se merecen

que la historia se repita varias veces.

Mira como gana la selección,

España está aplastando a Yugoslavia

por veinte puntos arriba.

Cambia el rumbo de la evasión,

de Cuba van directos a Canarias,

ya no van a Florida.

Los Mc Donalds están de vacas flacas,

ha vencido la tortilla de patatas.

En Las Vegas no hay black jack,

sólo se juega al cinquillo,

y la moda es en rojo y amarillo.

Lo, lo, lo, lo, lo, seremos de nuevo un Imperio.

Lo, lo, lo, lo, lo, seremos de nuevo un Imperio.

Lo, lo, lo, lo, lo, seremos de nuevo...


Y es que debemos recuperar nuestro orgullo patrio, tan decaído en este maremagno de nacioncillas, alianzas de civilizaciones y otras fruslerías, y volver a ser un Imperio, por lo menos en lo cultural y como ejemplo a las naciones del mundo. Por eso gusta esa canción y todas las que defiendan a España en vez de humillarla.

Fuerza y Honor.

domingo, 9 de agosto de 2009

Retrato en sepia




















Los ratos libres de los días del verano sacan a la luz aquellas viejas aficiones que tuvimos y tenemos, brotando de nuevo recuerdos que nunca se fueron y que se esconden en el baúl de la memoria entre la vorágine de la vida diaria y el devenir de la existencia . Retornan viejas fotos en blanco y negro realizadas en los tiempos de la juventud, divino tesoro de Rubén Darío que se va para no volver, aunque siempre puede asomarse de nuevo por un instante en las imágenes guardadas en la película del corazón.

La foto está tomada en Santander allá por principios de los 90, cuando las pasiones se desataban furiosa y románticamente con los primeros balbuceos del amor. El tono granuloso y difuminado se debe a la película infrarroja, que da un carácter como algodonoso y evocador, casi como un sueño. El viraje al sepia siempre invita a echar la vista atrás, aunque se mire hacia adelante.

La mirada hacia el infinito, oteando océanos de esperanza. La felicidad siempre se busca, aun en los sitios que todavía no se pueden ver por estar en la nebulosa del futuro.

A la chica la conozco bien.

jueves, 23 de julio de 2009

Los "reyes holgazanes"









Frecuentemente en los pueblos de España las tiendas y establecimientos de la localidad llevan el nombre del Patrón del lugar o el de un personaje histórico, de tal modo que desde la funeraria hasta el salón recreativo se llamen San Cucufato, por ejemplo. Hace un año, tuve ocasión de comprobar aquesto mientras caminaba por las calles de la asturiana ciudad de Pravia, pudiendo observar en muchas tiendas y establecimientos un nombre que casi ni recordaba, y que, desde luego, no conocen ni por asomo los damnificados de la LOGSE.

Me refiero al rey Silo, cuya estatua (arriba) se alza en una de las plazas principales de la localidad praviana, antigua sede del reino de Asturias desde que el propio Silo trasladó aquí la corte desde Cangas de Onís. Rebuscando entre mis entendederas recordé que este monarca fue uno de los “reyes holgazanes”, así llamados porque prefirieron el talante y la paz con los moros a guerrear con ellos. Estos precursores de la Alianza de Civilizaciones reinaron desde el año 768 al 791 e incluyen una lista cronológica formada por Aurelio, Silo, Mauregato, y Bermudo I el Diácono al que le debían ir más los asuntos de sacristía que las tareas de gobierno, visto su apelativo.

Atrás habían quedado las gestas de Don Pelayo en Covadonga y también el rey Favila, del cual sólo se sabe que lo mató un oso. Tras los reinados de Alfonso I y de Fruela I que continuaron batallando con la morisma, llegaron estos hombres de paz y se acabó de momento la Reconquista, llegándose incluso en tiempos de Mauregato a establecer el ominoso tributo de las cien doncellas que se entregaban a los árabes a cambio de pazzz. Paz, qué palabra tan bella y tan manipulada cuando no se tienen ideales o el único ideal es la cobardía.

Afortunadamente, después del clérigo Bermudo reinó Alfonso II el Casto, en cuya época se descubrió el sepulcro de Santiago, y luego Ramiro I que derrotó al enemigo en la batalla de Clavijo y en cuya victoria fue decisiva la intervención de Santiago Matamoros, que se presentó en pleno campo de batalla cargándose a setenta mil sarracenos, según cuentan los cronicones. El talante se acabó, como acabaron los reyes holgazanes y al final ganaron los que tenían que ganar, como en toda historia que se precie.

También hay "holgazanes" en nuestros tiempos, que gustan de alianzas extrañas y que no reciben a un primer ministro porque están cansados. Pero esa es otra historia y yo prefiero quedarme con la del Rey Silo, que tiene nombre de confitería y de agencia de seguros (por lo menos en Pravia) y que yace con su esposa Adosinda en la iglesia de Santianes, considerada monumento nacional (ahora, monumento estatal). En dicho templo además hay una piedra laberíntica en la que puede leerse, a modo de sopa de letras medieval, una curiosa inscripción relativa al monarca y de la que dejo la correspondiente reseña de la Wikipedia:

http://es.wikipedia.org/wiki/Piedra_laber%C3%ADntica_del_rey_Silo

Pásenlo bien Vuesas Mercedes.

martes, 14 de julio de 2009

Plasma y cataplasma

Un servidor tiene su PC bastante actualizado, dentro de sus posibilidades, y entre los periféricos correspondientes cuenta con su nueva pantalla plana de cristal líquido. A mí me gustaban más las pantallas viejas, porque daban un color más bonito y un brillo genial (muchos expertos también coinciden en esto), pero los tiempos cambian y hay que adaptarse a la modernidad.

Probablemente por esta moda ya va para dos años que echó el cierre la empresa catalana Tecnimagen, que era la última que fabricaba en España televisores con tubo de rayos catódicos (Isabel y Fernando). Estos aparatos ya no se vendían en las tiendas, sino solamente por catálogo y no han podido superar la atroz competencia de las pantallas LCD y de plasma.

Otro viejo símbolo de la España eterna se hunde en el abismo del olvido. Todos recordamos aquellos enormes aparatos que pesaban un combro y que daban sudores a la hora de transportarlos, aunque fuera simplemente de una habitación a otra. Más de una hernia, luxación y calambres varios han sufrido aquellos valientes que se aprestaban a dicho traslado ante los requerimientos de su señora, pues ya se sabe que las féminas son bastante aficionadas a la renovación de ambientes hogareños, para desespero y tribulación de los maridos, otra raza hispánica en peligro de extinción ante la pléyade de divorcios, homofobia y salidas del armario que caracterizan esta maravillosa época que nos ha tocado vivir.

La vieja tele era además una especie de altar doméstico, con sus iconos que expresaban los gustos y costumbres de una época. Encima del aparato receptor se colocaban figuritas de alabastro, toros y bailaoras flamencas, un recuerdo de Alicante que nos trajo el vecino de al lado cuando fue de vacaciones y un mantelito de ganchillo que lucía la mar de mono. Ahora, en cambio, el seísmo tecnológico derriba esos viejos símbolos al igual que ZP derriba todo, a modo de seísmo político.

Debo ser un antiguo, pero a mí me gustaban aquellos armatostes, al igual que beber en botijo o fumar puros. Supongo que no soy políticamente correcto, pero así soy feliz. Sin embargo, seré más feliz todavía cuando ZP y su cuadrilla de palmeros sean también eso, un mal recuerdo de una época de plasma y cataplasma.

Saludos cordiales.


domingo, 12 de julio de 2009

Reflexiones en un 12 de Julio

En estas alturas del verano algunos medios de comunicación, cada vez menos, por desgracia, nos recuerdan a los españoles aquel trágico doce de julio cuando fue asesinado Miguel Ángel Blanco. Los años van pasando y su recuerdo se va diluyendo pero siempre estará en nuestros corazones.

Con este trágico suceso siempre se reabre la polémica sobre si el gobierno de aquel entonces debió ceder o no. He tenido alguna discrepancia en estos años con familiares que eran partidarios de la primera opción. Alguna me dijo que si ella hubiera sido la madre de Miguel Ángel Blanco hubiera odiado a Aznar toda su vida por permitir que mataran a su hijo, total sólo la ETA pedía el acercamiento de los presos y que se podía haber concedido. Frente a estas opiniones, puede responderse con dos argumentos:


1. Si el Gobierno de entonces hubiera cedido, probablemente le hubieran seguido reteniendo y pidiendo más concesiones hasta que alguna se rechazara. El final habría sido el mismo, su asesinato.

2. Tras la cesión, posiblemente le hubieran dejado libre, pero al poco secuestrarían a otro con un nuevo chantaje y peticiones aún más imposibles. Resultado final: Otro asesinato.


Aunque sea duro, no se debe ceder nunca ante los terroristas, pero ved como la sociedad es maleable y manipulable hasta extremos insospechados. Se admiten opiniones para saber quién esta más cerca de tener la razón. Saludos.


martes, 24 de febrero de 2009

San Matías, las noches y los días

Antiguamente se celebraba hoy la festividad de San Matías en la que según el refranero popular “se igualan las noches con los días”, pues en esta época las horas de luz igualan a la de la oscuridad y la tristeza invernal se disipa poco a poco para dar paso a la alegría de la primavera que ya se aventura cercana. Para ser más exactos, San Matías era una fecha móvil pues los años bisiestos se celebraba el 25 de Febrero, dejando el 24 para los restantes. La Iglesia decidió acabar con este lío onomástico y trasladó posteriormente a San Matías al 10 de Mayo y hasta la actualidad.

Pues bien, tal día como hoy, mi abuelo Pepe, que en Gloria esté, siempre aparecía en mi casa con una bandejita de pasteles. Un servidor, en su inocencia juvenil, preguntaba de quién era el santo o el cumpleaños o qué se celebraba, ya que no conocía a nadie de la familia con ese nombre. Él sonreía y me soltaba eso de que se igualaban las noches con los días y yo quedaba medianamente conforme, aunque no terminaba de explicármelo del todo.

Años después me enteré que un 24 de Febrero mi abuelo salió de la cárcel por el terrible y único delito de ser “destacada personalidad republicana”. Atrás quedaba un calvario que empezó en un campo de concentración cerca de Burgos y continuó en el antiguo reformatorio de Santa Rita, hoy día convertido en colegio y en cuyas tapias interiores se podían leer frases escritas a lápiz apresurada y temblorosamente del tipo de “Fulano de Tal, lo mataron la noche del 25 de noviembre de 1941”. Su periplo acabó en la antigua cárcel de Carabanchel, entonces recién construida y del que hoy queda sólo un solar vacío. Después de su cierre y hasta su demolición quedó como testimonio un lóbrego edificio abandonado y lleno de pintadas que daba escalofríos aún de sólo verlo.

Hace unos años, el que esto escribe decidió recuperar aquella tradición de su abuelo y en esta fecha compra pasteles para la familia, como recuerdo suyo y también para hacer un pequeño homenaje a la Libertad, preciado bien por el que debemos luchar con todas nuestras fuerzas frente a cualquier intento grande o pequeño de coartarla. Ejemplos nos sobran desgraciadamente en los últimos tiempos. Se sigue persiguiendo al idioma común de todos los españoles, se mantiene la crítica a todo lo que no es políticamente correcto y se sigue catalogando como fascistas en muchos medios a aquellos que no son del agrado de los mecánicos del pensamiento único (cuando no se les insulta) en contra de los principios de la libertad de expresión y de la tolerancia.

A tiempo están aún de cambiar las cosas; España podrá volver donde solía si los españoles meditan sobre su futuro y atinan a la hora de elegir sobre su destino. Poco tiempo queda, pero si las fuerzas de la luz están acertadas su predominio irá paulatinamente en aumento como ocurre a partir del antiguo día de San Matías.

Fuerza y Honor.

jueves, 8 de enero de 2009

Aquellos jóvenes que fuimos tan rebeldes...

Muchos de nuestros allegados se preguntan cómo aquellos que de jóvenes fuimos tan inconformistas y progres hemos cambiado tanto. No creo que así sea, pues la evolución es innata al hombre pero el espíritu y las ideas primigenias permanecen aunque se maticen. Así ocurre, en mi opinión, cuando se hojea el libro de Federico Jiménez Losantos La ciudad que fue.

Leyendo sus páginas surgen los inevitables paralelismos que se producen cuando un miembro de aquella gran generación de los 70 y los 80 relata sus vivencias de entonces, ésas en las que algunos nos sentimos reflejados, aquellos que compartíamos los ideales revolucionarios y artísticos que subyacen en todos los que fueron jóvenes por esa época y pasearon sus vidas por las noches del mítico Rock-Ola de Madrid o del Zeleste barcelonés.

Creíamos que nos íbamos a comer el mundo, cuando esta costumbre fagocitaria ha sido el común a todos los que han tenido veinte años alguna vez, pero eso no importa. Cada uno nos sentimos protagonistas principales y actores únicos de una obra que a nosotros nos parece que es la primera vez que se representa. Luego el tiempo pasa y esa época de intensidad febril absolutamente necesaria en la vida da paso a la reflexión que convierte a los seres humanos en maduros, o eso es lo que parece.

Volviendo la vista atrás observamos nuestros errores, y de ellos aprendemos. Así se puede comprobar cómo gran parte de los que ahora se encuadran en ese gran movimiento social y ciudadano que se opone al pensamiento social-nacionalista fuimos de izquierdas cuando teníamos pelo, y nos rascábamos la melena meditando sobre cuál era el mejor modo de lograr la libertad y el bienestar del pueblo. Sin embargo, tanto no hemos cambiado; seguimos pensando en los mismos fines: libertad y progreso. Sólo ha variado la vía para conseguirlos, tras haber constatado que las mágicas soluciones ofrecidas por la izquierda tenían más trampas que aquellas películas de indios de serie B que contemplábamos embelesados en los cines de barrio con un paquete de pipas como complemento imprescindible para la situación.

Algunos de aquellos rojos de los setenta lo siguen siendo ahora, pero también han cambiado, si bien en otros aspectos. El Vespino en el que pedaleaban es ahora un Mercedes, y su atuendo de trenka y bufanda ha sido trocado por un terno impecable que ya quisiéramos muchos. Siguen hablando de progreso y de otros conceptos que en algo recuerdan a la gauche divine, porque eso viste mucho y permite disimular, mas ya a pocos engañan. La sociedad española de hoy no está para que le hablen con palabras etéreas y grandilocuentes, sino para que se le presenten hechos tangibles: por ejemplo, cómo llegar a fin de mes, o cómo evitar que nuestra Patria se desmorone en múltiples nacioncillas para gusto de separatistas y aldeanos varios.

Posiblemente seguimos siendo los mismos con pequeñas variantes, y la prueba son nuestros gustos artísticos. Nunca me agradó la ópera y me sigue sin gustar; por el contrario me sigo emocionando cuando escucho las canciones de los Beatles o de la movida madrileña en la cual algunos participamos con la música, las fotos u otras inquietudes pictóricas o literarias. ¿Tanto hemos cambiado? Seguramente no, sólo hemos mudado el caparazón ideológico pero no el fondo del mismo, aunque sí ha cambiado nuestro aspecto externo —véase abajo el ejemplo—, fruto del paso inexorable del tiempo. Pero la juventud permanece viva en nuestros genes y recuerdos y nunca se irá, salvo que nosotros queramos.

La eterna rebeldía sigue.