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viernes, 11 de marzo de 2011

A siete años de la infamia


Viernes, 20 de Ventoso del año CCXIX. Jour de cordeau (el cordel, del que se tira para deshacer el ovillo)


Soy un ciudadano a secas. No dispongo de información confidencial ni he leído el sumario. Tampoco he investigado el tema como han hecho otros, algunos con un noble propósito y unos pocos para elucubrar teorías disparatadas. Sólo sé lo que casi todo el mundo sabe, pero con eso es suficiente como para tener la certeza de que casi nada sabemos sobre tan luctuoso suceso.


No sé quien lo hizo, pero sí se, o eso dicen los expertos, que los terroristas islámicos se suicidan en el lugar del atentado para ocupar un lugar privilegiado en su paraíso.


No sé qué explosivo se utilizó pero he trabajado con cromatografía de gases y si sale DNT en una muestra, es que había DNT en ella. Y ese componente no existe en la goma 2 ECO y sí en el Tytadine, según leo en la información que hay disponible.


No soy detective ni policía, pero no hace falta serlo para recelar cuando, después de recogerse miles de muestras en el lugar de los hechos, al juicio solo llegan unos cuantos tornillos y restos de polvo de extintor.


No soy técnico en electrónica pero un artefacto explosivo con los cables desconectados no suele explotar, como ocurrió con la famosa mochila de Vallecas.


No soy abogado, pero la intuición me dice que los que se sentaron en el banquillo no tenían mucha pinta de peligrosos terroristas islámicos. Puede que me equivoque, eso sí.


No. Solo soy un españolito de a pie que no entiende muchas cosas. Que no entiende cómo se desguazaron los trenes cuando en otros atentados o accidentes se guardan durante años los restos del coche o aparato siniestrado e incluso se recomponen los trozos uno a uno para saber que pasó. Que no entiende porqué cualquier intento de seguir esclareciendo el 11-M es obstaculizado o no es bien visto. Que no entiende porqué la mayoría de los medios de comunicación no ponen más empeño.


Solo soy un ciudadano a secas. Que no se cree muchas cosas. Que quiere saber la verdad. Un conspiranoico, sin duda.


Por ellos. Por nosotros. Por todos.


viernes, 4 de marzo de 2011

...Pero era un hombre valiente


Viernes, 13 de Ventoso del año CCXIX. Jour de fumeterre (fumaria).

No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente…

Comienza así la más famosa obra de Pérez Reverte, dedicada a Don Diego de Alatriste y Tenorio, aquel espadachín que en sus tiempos de gloria se había batido el cobre como soldado de los tercios Viejos en las guerras de Flandes. Eran tiempos duros aquellos del comienzo de la decadencia del Imperio y los grandes pensadores advertían ya del ocaso. Don Francisco de Quevedo miraba los muros de la patria suya —que es la nuestra— y los encontraba desmoronados a la par que avisaba de la caducidad de la valentía, quizás por la acomodación a la buena vida o simplemente por el aburrimiento que se origina por creer que el esplendor es perpetuo y no hay que renovarlo.

Desde los albores de la civilización, los españoles fueron un pueblo valiente y emprendedor. Combatieron a los romanos y perdieron, pero fueron capaces de integrarse en aquella cultura que, junto con el cristianismo, sentó las bases de la civilización occidental. Lucharon durante ocho siglos contra la morisma hasta derrotarla, y lo consiguieron porque defendían la cultura y los valores que les dejaron sus ancestros. Descubrieron luego un nuevo mundo e instauraron un Imperio cuyos confines se extendían por todo el orbe.

Comenzaba en tiempos de Alatriste la decadencia, aunque a la vez surgía un Imperio de las Letras y las Artes que no ha tenido parangón en la historia y que compensaba las sombras que se cernían sobre aquella España de los Austrias. Pero todavía quedaba algo de valentía, e incluso duró hasta principios del XIX cuando se derrotó al ejército más poderoso del mundo que había invadido nuestra Nación con engaños y artimañas, saqueándola y llenándola de oprobio.

Desde entonces y hasta ahora aquel espíritu audaz que caracterizaba a las gentes humildes de Hispania —pobres e incultas si se quiere, pero valientes y con honor—, se ha ido diluyendo en una mezcolanza de odios mutuos, barrigas llenas y adoctrinamiento en lo que se debe ser y cómo hay que ser. Vivimos en una sociedad en la que se tiene la sensación que va a acabar de un momento a otro, presa de su estulticia y de su inacción y en la que sólo priman el interés particular, la buena vida y el “que a mí me dejen en paz y que otro se encargue de ello”.

Quedamos pocos, muy pocos, que seguimos creyendo en aquellos valores que nos legaron nuestros antepasados: Patria, Libertad, Justicia, Honor, Progreso (que no progresismo). Para seguir sosteniéndolos hace falta valor, pues el orden que algunos establecieron tiene su propia escala interpretando estos conceptos a su modo —por ejemplo, “nación discutida y discutible”— y considerando subversivos a quienes no se acomodan a dichas interpretaciones.

No seremos piadosos; incluso a veces podemos pecar de deshonestos pues el ser humano es débil, pero no perdamos la valentía aunque tengamos miedo. Recordemos que el valiente solo muere una vez mientras que el cobarde lo hace muchas veces a lo largo de su vida. Continuemos en la Resistencia.

España y Libertad.

Fuerza y Honor.

martes, 2 de noviembre de 2010

La eterna oposición

En estos húmedos —aunque nada libidinosos— días de principio del otoño, se sacude el Emperador la pereza de los dedos y la mente e intenta volver a escribir en su blog, que cuatro años de actividad bloguera son muchos y más aún cuando ya se ha escrito de todo lo divino y lo humano. La falta de hábito hace que las ideas se emboten y no se sepa de qué hablar.

Dignos de admirar son aquellos que continúan en la brecha del ciberespacio, y quizás su fortaleza es la que anima a este imperial servidor vuestro a escribir de nuevo. Si bien la sensación de estar predicando en el desierto sigue latente en el ánimo, a ella se le opone un pequeño atisbo de esperanza que tiene incluso atisbos de certeza. Ahora sí que parece verse el final de esta época zapateril que tanto nos ha contrariado, pero a la que hemos de estar en parte agradecidos por haber sido el detonante de nuestra vocación de escritores y periodistas aficionados (la frase es del mi primo Cualquie, gran maestre del ciberespacio y chantre catedralicio de la catedral de Socuéllamos que diría el gran Tip, a quien Dios tenga en su sonrisa). Y es por ello que la cuestión mueve a la reflexión que se plasma en estas líneas o, mejor dicho, debajo de ellas.

A cuenta del final previsto, se nos plantea un problema asaz delicado. Si, por ventura, Zapatero es jubilado para gran alegría del pueblo español ¿con quién nos meteremos? ¿Será capaz Mariano de dar grandes tardes de gloria a la Red como las que ha proporcionado el iluminado de la Moncloa? La respuesta está en el viento, como diría Bob Dylan y como apostilló cierto gran pensador y filósofo progresista ya citado en este opúsculo en un momento preclaro cuando atribuyó a este flujo de gases extraintestinales la propiedad de la Tierra.

El que esto escribe no votará a Rajoy; su excesiva tendencia a la corrección política y la deriva autonomista del PP lo hacen imposible de momento. Sin embargo, se alegrará si gana pues cabe suponer que un gobierno Popular no cometerá los terribles desaguisados perpetrados por el socialismo y arreglará algunas o bastantes cosas, según le dejen.

No obstante, para aquellos que llevamos la rebeldía en nuestros genes, la intuición nos dice que debemos seguir en la oposición, pues siempre habrá errores que señalar y propuestas que sugerir. Y en ello estamos y estaremos, con Mariano o con ZP*.

(* = no lo quiera Dios)

Fuerza y Honor.

sábado, 28 de agosto de 2010

Gira il mondo gira

El año comienza, pues ahora es cuando realmente lo hace de modo efectivo y no en Nochevieja. Ya lo barruntaron así los creadores del antiguo calendario republicano francés cuando situaron el comienzo del mismo en el mes de Vendimiario con la recogida de las uvas, esas mismas uvas que se llevaba de merienda el tonto de Abundio cuando iba precisamente a la vendimia. Pero no sólo se recolectan esos nobles frutos de la tierra; también se inician las actividades laborales y académicas y la vida vuelve a rodar apresurada después de ese paréntesis veraniego cuyo fin parece acompañar el epílogo de una época que se inició precisamente el mes de septiembre anterior, continuando así el ciclo de la existencia con sus picos y sus valles, sus rachas buenas y sus rachas malas, sus vacas gordas y sus vacas flacas.

España, como no podía ser menos, se mantiene en época de bóvidos famélicos gracias a la inaudita gestión de sus gobernantes y adláteres, que siguen sin saber capear la crisis pero se empeñan en apoyar estatutos que casi nadie quiere, salvo los que quieren acabar con la Nación. Por ello es preciso que voces críticas y valientes señalen los defectos de los poderosos para que las gentes lo adviertan y obren en consecuencia a la hora de elegir a los que han de representarles, tarea harto difícil viendo cómo está el panorama político.

Sin embargo, al sistema —gobierno, oposición, partidos políticos en general, medios de comunicación políticamente correctos, etc. — no le gustan aquellos que hacen de Pepito Grillo, pues resultan molestos cual mosca cojonera que picotea el culo y la conciencia. Quizás por eso es mejor enviarles al ostracismo, donde sólo algunos fieles les oigan, vean o lean y que sus radicales y peligrosas tesis no sean conocidas por la mayoría de los mortales, no vaya a ser que se enteren y corra peligro el chiringuito.

Federico Jiménez Losantos es una de esas voces. Perseguido hasta la extenuación, renace cada cierto tiempo de sus cenizas mediáticas, aun a pesar de los numerosos enemigos que le acorralan. Se podrá estar de acuerdo con él o no, pero es de los pocos que dice lo que piensa sin importarle a quien moleste y eso, hoy en día, es un valor. Por eso algunos —pocos, según sus detractores, pero bastantes más de los que ellos querrían— le somos fieles y le seguiremos escuchando allá por donde vaya, aunque nos llamen radicales y fachas. Total, a estas alturas de la vida a uno le da igual lo que le llamen.

A cuento de esto, parece que aquella alianza que se suponía estable entre Federico y Pedro J. (ya se sabe que el mundo gira como una veleta, que dirían los poetas y los malpensados) parece tambalearse tras la decisión de éste último de acercarse a la new COPE. Según informan algunos confidenciales, la tertulia de Federico dejará de emitirse en VEO7, la cadena de televisión de El Mundo, para ser sustituido por la de la emisora de los obispos que este año será conducida por Buruaga, buen periodista pero con bastante menos — ¿cómo diríamos?— “encanto”.

Pero al pequeño gran turolense nada le detiene. Anda ya en acuerdos con Intereconomía y también se dice que intenta hacer las paces con el director de la Razón, Francisco Marhuenda.

Pinchar AQUÍ

Nadie sabe como acabará esto, pero yo me sé de uno que va a dejar de leer “nuestro periódico” como aquesto se confirme. Habrá que sustituirlo por La Razón (donde ya escribe César Vidal) o la Gaceta. Solo hay una cosa cierta: Aquellos que seguimos a Federico lo acompañaremos donde sea, a otro sitio de Zaragoza o una nueva Numancia. Al fin y al cabo, ya estamos acostumbrados a sacrificarnos.

Gira il mondo gira
nello spazio sensa fine
con gli amore appena nati
con gli amore giá finite
con la gioia e col dolore
de la gente come me.

jueves, 11 de marzo de 2010

viernes, 19 de febrero de 2010

El dedo, la palabra y las gónadas

Cuenta la historia que, allá por la Guerra de los Cien Años, los soldados franceses tenían la piadosa costumbre de cortar el dedo corazón de la mano a los arqueros ingleses a los que capturaban, dejándoles así inútiles para volver a utilizar su arma. Fue entonces cuando los ingleses adoptaron el gesto de levantar dicho dedo en actitud desafiante a sus enemigos para mostrarles que todavía podían apiolarles.

Otras fuentes atribuyen incluso a la época romana el origen de tal levantamiento dedil. Sea cual sea el comienzo, tal gesto despectivo ha sido adoptado por la humanidad de modo frecuente y puede interpretarse de diversos modos siendo “Que te den” el más frecuente. Evidentemente no es una actitud muy adecuada pero ya dicen los eruditos que todo hay que analizarlo en su contexto.

Muy recomendable debe ser tener un comportamiento paciente en casi todas las situaciones, pero ante los que atacan inmisericorde y pertinazmente llega un momento en que se hace verdad aquella frase que el protagonista de una película daba después de propinar un puñetazo a un estúpido: “La paciencia me estaba matando”.


Gran mayoría de medios critican ayer el gesto de la peineta que Aznar dedicó a un grupo de personajes —por calificarlos de algún modo— que intentaban reventar su acto en Oviedo a la par que le dedicaban insultos gravísimos y calumniosos. Sin embargo, el democrático comportamiento de los radicales ha quedado ensombrecido ante el aluvión de críticas que se le dedican al ex-presidente. Conviene recordar al efecto que hace unos años precisamente, el rey Borbón hizo lo mismo a un grupo de batasunos que le abucheaban y a todos pareció bien.


Pero Aznar sigue levantando ampollas en los amigos de lo moderno, quizás por que le odian, o más bien porque le temen. El caso es que sigue al frente del bestiario progre seguido muy de cerca por Aguirre y después por todos aquellos que adoptan una actitud crítica exenta de tibiezas a la hora de señalar los disparates, desatinos y atrocidades cometidos en nombre de un supuesto progreso. Entre estos se cuentan también aquellos que no vacilan en fustigar con la palabra como es el caso de Federico, vapuleado asaz y continuamente por los artesanos de lo políticamente correcto, mientras aquellos que le seguimos y apoyamos somos tachados de apologistas de la violencia verbal o simplemente de radícales o de fachas, según de donde vengan las dedicatorias.


Tiene su encanto, no obstante, el ser un proscrito o que le ataquen a uno. Mantiene el espíritu renovado —por aquello de la juventud rebelde— y además se tiene la agradable sensación de luchar contra lo establecido, pues es una de las pocas maneras de cambiar el mundo y también de arreglarlo, como es el caso en el que nos hallamos.


Aznar con un par, sí señor.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Los penúltimos españoles

Corren tiempos difíciles para aquellos que sienten la idea de España como vital. Se podrá afirmar que existen muchas ideas sobre nuestra Nación, pero forzosamente entonces tendrían que converger en algún punto, y no es así. Por un lado, se encuentra la teoría políticamente correcta del llamado “patriotismo constitucional” que no deja de ser un absurdo puesto que carece de sentido ligar una idea que trasciende los siglos a una Ley que es susceptible de cambio y por tanto efímera, por muy respetable y Magna que sea. Más bien parece que el significado interesado que se intenta dar esta frase es la de que no se puede ser patriota sin respetar la Constitución, lo cual a primera vista puede parecer aceptable, pero entonces volvemos al punto anterior. Si un día se modifica la Ley, ¿significa entonces que los que acataron la anterior Constitución no son patriotas? Evidentemente parece que no, por lo menos en la mayoría de los casos, por lo que al final el lógico razonamiento es que eso del patriotismo constitucional es difícil de asimilar.


Por otro lado, se encuentra la idea progresista-nacionalista de España, que es tan confusa que probablemente muchos de los que la defienden ni terminan de entenderla. Una de las causas principales de este galimatías es que realmente esta idea son dos —separatista e izquierdista—, que a veces se solapan mientras que otras divergen por completo. La vertiente separatista es muy clara: España no es más que el Estado al que hay que exprimir para beneficio propio hasta que se consiga la a veces “anhelada” independencia. Y dice “a veces” porque muchos nacionalistas no desean realmente la secesión, conocedores del caos que esta decisión acarrearía para sus correspondiente Taifas, prefiriendo una independencia “de facto” más cómoda en el seno de un ente abstracto que algunos denominan Estado Plurinacional, que simplemente actuaría como soporte y pagano (económico) de los estadillos asociados.


Frente a la anterior, se encuentra la idea izquierdista que es un laberinto aún mayor, puesto que se halla entre dos aguas. Muchos progres pueden sentir la idea de España, pero recelan en parte y no desean proclamarla abiertamente por miedo a que les llame “fachas” o bien por perder el apoyo de los separatistas, que siempre viene muy bien a efectos electorales; por ello adoptan una trayectoria oscilante pasando entonces de vez en cuando a adoptar de mejor o peor gana la vertiente separatista con matices y otras pugnando con ellos, pero siempre manteniendo la distancia con la “derechona”, aunque todavía no se han enterado que la misma ya no existe, salvo algunos radicales minoritarios.


En la esquina opuesta se hallan los que tienen un concepto claro de Nación y de Patria. Son personas sin adscripción política determinada, otros de derechas e incluso algunos de izquierdas que rechazan abiertamente los postulados anteriores. España es lo principal para ellos y la llevan en su corazón, sintiendo profundamente en el mismo los avatares negativos por lo que pasa. Son a los que, como Unamuno “les duele España”, reconocen la gloria de su pasado y sueñan con la grandeza futura el día que algún político adopte sus tesis, lo cual es, de momento, difícil. Son patriotas, pero no patrioteros.


Son los penúltimos españoles, que no se resignan a que su ideal desaparezca. Baste, como ejemplo de lo expuesto, un fragmento del artículo de José María Marco que ha inspirado esta reflexión:


A mediados de los años noventa, una tarde de primavera madrileña con ráfagas de viento fresco y el cielo encapotado, iba con Federico Jiménez Losantos dando un paseo cerca del Parque del Retiro. No eran circunstancias amables, mucho menos alegres, para ninguno de los dos. Debía de ser sábado, o domingo, porque recuerdo las calles casi vacías, con poca circulación.

En un momento de la caminata pasamos por delante de uno de los establecimientos militares que se levantan en la acera norte del Paseo de María Cristina, cerca ya de la Basílica de Atocha. En el patio, solitario y vacío, unos soldados estaban arriando la bandera nacional. Eran unos cuantos cadetes, firmes, ensimismados en una tarea de la que nosotros dos, desde detrás de la valla, éramos los únicos espectadores. Sonó un cornetín. La ceremonia fue limpia, meticulosa. En su seriedad y sencillez, encarnaba como pocas veces he visto la vigencia de la idea nacional española, el respeto que deberían suscitar sus símbolos y su naturaleza eterna, sagrada. Ni Losantos ni yo nos atrevimos a decir nada, pero como él siempre encuentra la forma de expresar lo que hay que expresar, incluso lo más difícil, cuando le miré se llevó una mano a los párpados fugazmente cerrados, como si quisiera reprimir unas lágrimas que a mí me habían inundado los ojos.


Fuerza y Honor.

domingo, 18 de octubre de 2009

Catecúmenos

Mañana, como todos los lunes, llevaré a mi hijo el pequeño a su reunión semanal de la catequesis. Da gusto ver entrar a los muchachos con su librito bajo el brazo y subir alegres las escaleras de la iglesia como el que va a una fiesta. Él me lo dice que se lo pasa muy bien y que le gusta mucho, aunque supongo que también influye en eso el que van casi todos sus amigos, pero cualquier motivo es bueno para que los hijos se acerquen a Dios, que luego ya tomarán ellos el camino que estimen conveniente según sus creencias.

El bien puede aprenderse, como es el caso que relato. Los ejemplos y las enseñanzas de otros pueden inculcarnos unos valores éticos, morales y religiosos que están dentro de la órbita de lo que podríamos llamar bueno. Pero desgraciadamente, también se puede aprender el mal, y el temario de esa peligrosa asignatura es bastante más subrepticio y subliminal. Un amigo mío dice —y razón no le falta—que una de las artes del diablo es convencer a la gente de que no existe y así pasar desapercibido. Por eso, las enseñanza maléficas suelen disfrazarse de buenos propósitos: igualdad, paz, diálogo, progreso, etc. Sin embargo, lo que subyace en muchos casos es una perversión de estos conceptos que no se corresponde con el significado auténtico de los mismos.

Asistimos hoy en todos los ámbitos a una lucha entre el Bien y el mal (no me gusta escribir este último con mayúsculas para no darle más poder). Y no me refiero exactamente a una pugna directa entre la Luz y las tinieblas, que todo pudiera ser, sino a la confrontación entre unos valores e ideas —que pueden tener sus fallos, porque nada es perfecto en esta tierra— y una posición contraria que se basa en negar las anteriores porque sí, sin dar razones y argumentos de validez, lo cual lleva a pensar que su objetivo último es la destrucción de los primeros. Y destruir no es bueno, sino que lo adecuado es construir. Quizás hay que demoler los restos de una casa vieja y ruinosa, pero no tiene sentido derribar una casa en buen estado simplemente porque no gusta para crear otra probablemente peor. ¿No será mejor arreglar la casa en buen estado que tirarla? Es bastante más fácil, más barato y menos dramático. Las reformas siempre son mejores que las rupturas, y si la casa es España, más a mi favor.

Hay catequesis del Bien y del mal, pero de esta última abundan últimamente los profesores que brotan como setas en otoño que estamos.

Fuerza y Honor.

jueves, 15 de octubre de 2009

Unos versos de Santa Teresa

Nada te turbe

Nada te espante

Todo se pasa

Dios no se muda

La paciencia

Todo lo alcanza

Quien a Dios tiene

Nada le falta

Sólo Dios basta.


Vivimos tiempos oscuros que se prolongan ya demasiado mermando los ánimos y las ganas de luchar ante la deriva que van tomando todos los aspectos del sistema. La situación por la que atravesamos no deja de ser crítica, aun cuando mucho no quieran darse cuenta y vivan en una Arcadia feliz de la que despertarán de manera más o menos traumática cuando sea posiblemente ya tarde.


Sin embargo, y recordando el día de hoy, vienen a la mente estos versos de Santa Teresa que son un modelo de vida diaria. Efectivamente no hay que turbarse por nada, porque todo pasa, y también esta época de tinieblas pasará; es cuestión de paciencia, esa ciencia de la paz que todo lo alcanza.


Nadie está en posesión de la verdad salvo Dios, que no está de parte de ninguno, y las cosas del mundo no son las del espíritu siendo, por tanto, una arrogancia afirmar que sólo está con quienes defienden aquellas ideas que coinciden con las nuestras. No obstante, un servidor, como buen creyente heterodoxo que es, eleva de vez en cuando sus plegarias por España para que salga de ésta y también para que no vuelvan a repetirse dolorosos errores anteriores.


Santa Teresa decía: “Dirige tus oraciones a un único propósito: que se cumpla la Voluntad de Dios”. Es difícil saber cuáles pueden ser los deseos del Hacedor, pero la intuición dice que deben ir encaminados a que se cumpla lo mejor para todos. O, por lo menos, para la inmensa mayoría, si lo trasladamos al inferior lenguaje de los humanos.


Feliz día a las Teresas.

domingo, 11 de octubre de 2009

De la gesta del Descubrimiento y otras hazañas españolas



Hoy es un día importante para todos nosotros. Se celebra la Fiesta Nacional de España y también se conmemora el día de la Hispanidad con el aniversario del Descubrimiento de América, gloriosa gesta que algunos critican y la mayoría alaban pues gracias a ella más de trescientos millones de personas en el mundo hablan nuestra lengua y heredaron nuestra cultura.
Sobre este tema tuve la ocasión de hablar una vez con un profesor hondureño de Universidad un tanto progre y castrista que conocí accidentalmente Si bien realizaba una pequeña crítica por el hecho de la conquista en sí, ello no empañaba el balance positivo del conjunto; es más, se deshacía en elogios hacia España y mostraba su agradecimiento por considerarse depositario de una herencia cultural inmensa y por tener la lengua española como materna.
Cierto es que se cometieron algunos excesos con la población indígena, pero ello no debe restar méritos a la tarea española en América. No debemos mostrarnos culpables porque no somos responsables de los posibles desmanes de nuestros antepasados (así se lo hice saber al profesor), que nunca fueron tantos como hicieron creer los enemigos de España que forjaron la infame Leyenda Negra. Antes bien debemos recordar la labor global del conjunto que es netamente positiva.
Somos una gran Nación y hemos realizado grandes hazañas, desde el propio mérito de aquellos hombres que, al mando de Colón, se embarcaron en las carabelas (quien ha visto las que hay en Huelva y que son copia de las auténticas, puede darse cuenta del arrojo que hay que tener para meterse en un océano desconocido montado en aquellos pequeños navíos de madera) hasta las heroicas hazañas de los Tercios de Flandes, pasando por el coraje de un pueblo que se atrevió hace doscientos años a hacer frente al ejército más poderoso del mundo con un puñado de navajas y trabucos, o por el mérito de hombres solos como D. Santiago Ramón y Cajal que en un simple laboratorio casero revolucionó las ciencias médicas sentando las bases de la moderna Neurología.
Sin embargo, ahora algunos prefieren olvidar ese pasado pretendiendo hacernos ver que todo eso son recuerdos de carcas y que lo que realmente importa y se lleva es la pertenencia a un colectivo ideológico que sólo pretende hacer borrón y cuenta nueva de muchos aspectos gloriosos del pasado. Eso por no hablar de los que denigran y reniegan de la Nación y preferirían embarcarse en arriesgadas aventuras en solitario.
El tiempo y la Historia les pondrán en su sitio a ambos grupos.
Para progresar hay que recordar el pasado con sus aciertos y sus errores. Pero estos días merecen centrarse en los primeros, que ya habrá tiempo después de meditar sobre los fallos para enmendarlos. Hoy es un gran día para recordar nuestra condición de españoles y nuestro orgullo de serlo
Fuerza y Honor.

lunes, 22 de junio de 2009

Matrix Hispaniae

Para los que vivimos intensamente esta época, es frecuente relacionar esta España de ZP con el mundo virtual de Matrix, la famosa trilogía de películas de ficción de los hermanos Wachowski. En ella se muestra una sociedad falsa y encaminada a hacer creer al hombre que vive una existencia normal, cuando su cruda realidad es que no deja de ser un esclavo de las máquinas.

Sin embargo, este país de las maravillas presenta aún matices más desoladores que la epopeya que Neo protagoniza. Allí por lo menos el mundo virtual era como el nuestro para ocultar que el mundo real había sido destruido y su aspecto actual era horrendo; aquí se nos pinta una especie de Arcadia feliz donde todo parece ir miel sobre hojuelas. Los problemas aparentemente parecen no existir y, si aparecen, son siempre invenciones de disidentes. Los buenos españoles sólo tienen que preocuparse de su cervecita y de su partido de fútbol, que todo va sobre ruedas. Y por la noche, a ver cualquier programa del corazón en la tele, que culturiza mucho ¡Ah, y no se preocupen ustedes, que España no se rompe! Eso son inventos de fascistas...


Afortunadamente, algunos ciudadanos, al igual que los habitantes de Sión de la película, decidieron tomarse la pastilla roja que hace ver la realidad tal cual es. Este pequeño núcleo de gentes libres lucha contra los poderosos agentes del pensamiento único que, al igual que el agente Smith y su corte de clones intentar silenciar las voces discordantes que se atreven a pensar por sí mismas y no según los dictados mediáticos de El Arquitecto.


El camino hacia Matrix


Españoles, tomaos la pastilla roja. Ya sé que el color no cuadra aparentemente con la situación, pero en este caso es la buena.

Fuerza y Honor.


jueves, 26 de febrero de 2009

Fuerza y honor

Todos los que vieran en su día la inolvidable película “Gladiator” recordarán sin duda estas palabras. Eran el lema de las legiones romanas y se pronunciaban repetidamente por los soldados de Máximo Décimo Meridio a modo de arenga o ánimo antes del combate contra los bárbaros germánicos, escena ésta que es probablemente una de las mejores en la historia del cine.

Vivimos tiempos difíciles que necesitan de fuerza y de honor, cualidades bastante escasas en esta España nuestra de hoy. La fuerza, entendiendo como tal la eficacia natural de las personas o las cosas en sí conduce al vigor moral y debe presidir el ánimo de todas las personas. El honor lleva a cumplir el deber que uno tiene respecto a sí mismo y a los demás. Ello conlleva una buena reputación que trasciende a las familias, personas y acciones de quien se la granjea.

Desgraciadamente la fuerza y el honor no brillan en esta sociedad nuestra. El único aspecto de la fuerza que predomina es el de la fuerza bruta, es decir la imposición a las bravas y como sea de las propias ideas o teorías, descalificando las del prójimo. Eso por no hablar de la violencia física que ejercen algunos degenerados y criminales en ciertas regiones del Norte donde aún no ha llegado la democracia de hecho. En cuanto al honor, esta sociedad decadente y materialista solo parece entender como tal el que supuestamente emana del poder material del dinero o la posición social, postulado absolutamente falso. Calderón decía que el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios. También tienen honor los pobres y aquellos que no son famosillos, famosoides o políticos, pues también son hijos de Dios y no de un dios menor, como a veces pudiera parecer.

Este lema debe pues animar a todos los proscritos que escriben en los numerosos foros, blogs y bitácoras del Internet a contracorriente de lo políticamente correcto y de la oficialidad de los medios que se ponen al servicio, en mayor o menor medida, de los poderosos y del pensamiento único. Aunque a veces decaiga el ánimo por la constante sensación de clamar en el desierto, hay que seguir adelante en el convencimiento de que luchamos por una España y un mundo mejores. Sólo tenemos un arma, un sencillo teclado que aislado parece poco, pero que en conjunto con muchos más ha de ser la maza que abra agujeros en los muros de la imposición, el sectarismo y las tentaciones totalitarias, y por los que entrarán los vientos nuevos de la Libertad eterna.

Fuerza y Honor.

martes, 27 de enero de 2009

La persistencia de la memoria

El tiempo lo devora todo inexorablemente, tal y como lo retratara Goya en aquel magistral cuadro que mostraba la alegoría de Saturno devorando a sus hijos. Los días, las semanas, los años transcurren y sólo quedan los recuerdos que se agolpan en nuestra mente como martillazos secos sobre una pared escrita de historias y sucesos. Las gentes pasan, las ideologías caducas agonizan. Todo tiende a regenerarse; sólo lo auténtico permanece.

Vivimos actualmente tiempos de ignominia, casi surrealistas, pero consuela pensar que todo es efímero y está sujeto al triste destino de su desaparición. Acabarán al fin los nacionalismos, se desvanecerá el pensamiento único como terrón de azúcar en la taza de café del tiempo y España volverá a ser esa tierra en la que la Libertad prevalezca como una idea fundamental y no sea una palabra vacía sujeta a las manipulaciones dialécticas.

Es bueno recordar el pasado para aprender de los errores cometidos y evitar así la condena de tener que repetirlos. La memoria nos permite no volver hacia atrás y caer quinientas veces en la misma piedra, como suele ser habitual en los hombres. Dalí supo expresar este mantenimiento de los recuerdos en “La persistencia de la memoria”, admirable obra pictórica que nos hace meditar cómo todo se funde en el crisol del tiempo, aunque su vaga sombra permanezca como recordatorio de lo que se debe y no se debe hacer.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Somos bichos raros o tenemos razón?

La primera vez que hablé con el Caminante, también coautor de este blog, en otros tiempos se hallaba en el lecho del dolor, confinado en una cama de hospital. Había conseguido el número de la habitación y me apresté a llamarle para interesarme por su salud y, de paso, para conocerle aunque fuera a través de los hilos telefónicos.

Fue emocionante poder conversar con una persona que hasta ahora sólo era para mí —al igual que yo seré para muchos de vosotros— unas letras en una pantalla. Siempre que leemos a alguien en un foro o en un blog, asaltan las mismas preguntas: ¿Cómo será esta persona? ¿Alto o bajo? ¿Se parecerá a Zapatero o al feo de los hermanos Calatrava? Miles de interrogantes que ese día, al menos, tuvieron una respuesta parcial: había oído su voz. Posteriormente tuve el honor de conocerle en persona y hoy día me honro con su amistad.

Ese día charlamos largamente sobre lo divino y lo humano (para gran alegría del contador de la Telefónica) y, cómo no, de política. En este sentido, yo manifestaba mi desencanto y desánimo sobre la situación actual mientras que él me animaba a que siga en la brecha. Muchas veces uno piensa si realmente estará equivocado y es una voz que clama en el desierto, al igual que otros muchos blogueros, foristas y escritores virtuales que conforman ese microcosmos virtual contrario al pensamiento único nacionalprogresista.

A nuestro alrededor, la gente aparentemente parece tranquila y sin problemas. Sólo parece interesar el fútbol, irse de vacaciones y los bodrios televisivos que parecieran diseñados para adormecer las mentes, como si de "Matrix” se tratara. Todo es superficial y no interesa lo profundo. ¿Vivimos en el país de las maravillas realmente, o es lo que nos quieren hacer creer? ¿Seremos raritos o vemos cosas que la mayoría no ve o no quiere ver?

Los progres dicen no ver ninguno de los males que percibimos. España no se rompe y eso son cosas de exagerados. El Zapatero Prodigioso vuelve a triunfar en las elecciones y la crisis es pasajera. El problema no es que digan esto los sociatas —qué van a decir— sino que la mayoría de la calle parece corroborarlo. No hay quejas, salvo escasas excepciones y todo el mundo parece anestesiado y contento como si se le hubiera inoculado aquel soma del que hablara Aldous Huxley en Un Mundo Feliz.

Ante tamaño panorama, la confusión comienza a anidar en los ánimos y cabe preguntarse si no será uno mismo el equivocado. Quizás España vaya bien realmente y los que no pensamos como esa aparente mayoría somos unos fascistas, unos descerebrados y unos carcas; a lo mejor, incluso, la nación española no ha existido nunca.

He ahí la duda. ¿Somos bichos raros o tenemos razón? Un servidor sigue inclinándose por lo segundo.

Fuerza y Honor.