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jueves, 17 de marzo de 2016

Aromas del ayer, esencias dudosas del hoy

Aunque uno ya gasta poco pelo en la cabeza, sigue precisando del rasurado de vez en cuando, ya que la barba de tres días puede aun resultar elegante y de una belleza semisalvaje para algunas féminas, pero la de cuatro o cinco ya invita a las odiosas comparaciones con algún homínido de aquellos que fueran nuestros ancestros. Igualmente, todos los hombres precisamos alguna colonia o perfume que desprenda un aroma agradable y personal, a la par que ahuyente el olor a tigre que a veces desprenden los humanos cuerpos.

Quizás un servidor sea un antiguo, pero sigue gustando de aquellas sensaciones olfativas que emanan de las viejas colonias de antaño como el Varon Dandy, o el clásico Floid de toda la vida para después del afeitado. Recuerdos de las viejas barberías de los sesenta, con el maestro peluquero que cortaba melenas y rizos con una destreza insuperable mientras uno podía contemplar los grandes frascos de colonia y masaje agolpados en largas repisas bajo el espejo en el que contemplábamos arrobados y con un puntito de gustirrín la faena que hacían en nuestro cuero cabelludo.


Productos éstos que se relatan desde luego preferibles, en opinión de muchos, a los lujosos y a veces untuosos afeites que gastan los metrosexuales de la progresía, para los que todo lo que sea moderno y caro es bueno, sin pensar que lo demás no está exento de virtudes. P
arece que las izquierdas se decantan más por los aromas de Oriente, de la Alianza de Civilizaciones, de las exóticas esencias del Caribe e incluso pudiera ser más de su gusto el “varón Bambi”, efluvio monclovita de gran talante; todo lo demás es covacha, pasado y derecha extrema. Sin embargo, a muchos españoles no les huele bien la situación de España aunque se disfrace de mil esencias de progreso y de paz. Por algo será.

Fuerza y Honor.

sábado, 2 de marzo de 2013

La ignorancia es atrevida


Personalmente y, aunque pueda parecer que uno va de sobrado, el que esto escribe ha de confesar que le repatean una gran cantidad de sus compatriotas pues, aunque España sea una gran Nación, muchos de sus habitantes dejan bastante que desear. En este breve opúsculo se intentará explicar las razones que sustentan tal opinión.
A lo largo de los siglos, grandes pensadores han llegado a la conclusión de que los pecados capitales fundamentales de los españoles son la envidia y la soberbia, que tienen sus raíces más profundas en la ignorancia que arrastramos de modo secular. No se debe confundir, a este respecto, dicha ignorancia con la falta de estudios; hay doctores y licenciados que son unos patanes y gente sin estudios con una sabiduría excepcional.
Es frecuente que el paisano común tenga envidia de otro por las razones más nimias: porque es más alto, porque tiene las cejas ganchudas, porque se ha comprado un coche nuevo o porque se ha arreglado el piso por la módica cantidad de 42 millones de pesetas (tales cifras son desconocidas en euros por el autor). Sin embargo, si el envidioso fuera menos ignorante intuiría que no es necesario envidiar a otros, puesto que todos tenemos cosas, bienes materiales y virtudes, y hemos de estar agradecidos por ello y centrarnos en lo que tenemos más que pensar en lo que se carece. Cualquier indígena de los países subdesarrollados sería feliz con la décima parte de lo que posee o tiene un españolito corriente pero aquí siempre nos buscamos metas más altas y nos fijamos en quien las tienen, odiándoles por ello. ¿Hace falta ser más estúpido?
En cuanto a la soberbia, basta ir a una reunión de vecinos, esa aberrante institución que debería estar prohibida por estrictas razones de Salud Pública e higiene mental de la población. Allí se puede comprobar como los más mediocres hacen alarde de su indigencia intelectual precisamente presumiendo de lo que carecen. No es raro encontrarse expertos en las más variadas materias: Electricidad, mecánica, fontanería, Economía, Arquitectura, Contabilidad, Derecho, etc. De todo dogmatizan y todo conocen, pero todo lo ignoran. ¿Razón? La soberbia, que nace de la ignorancia. No saben nada, pero necesitan destacar como sea y ser superiores al resto.
De ahí la gran verdad que encierra la frase del título: La ignorancia es atrevida.
Lo mismo ocurre con la política. Una gran parte de la sociedad, a la que generosamente solo se puede catalogar como populacho, está absolutamente indocumentada, y sus únicas fuentes de información son los amiguetes, algún periódico gratuito y el programa televisivo basura de turno. Con tal elevado bagaje de conocimientos, el atrevimiento de algunos les lleva a pensar que ya lo saben todo y se dedican a pontificar sobre el tema. Cuando alguien les hace ver con argumentos sólidos los errores de su actitud y/o de sus teorías, en seguida sienten envidia del mismo y suplen su ignorancia para contestar con denuestos o insultos hacia el anterior.
Por algo se dijo que la democracia es el menos malo de los sistemas posibles. Estos individuos antes descritos también tienen derecho al voto.
Fuerza y Honor.

lunes, 5 de abril de 2010

El arte de no dar ni-ni golpe


Muchos jóvenes de nuestros tiempo se han esforzado y han concluidos sus estudios, incluso de forma brillante, y no encuentran trabajo, lo cual no deja de ser una injusticia. Pero, frente a éstos, se encuentran otros que detectan diversos estudios sociológicos y que constituyen un fenómeno que, no por ser nuevo, sí parece adquirir proporciones alarmantes. Se trata de la denominada generación Ni-Ni, es decir, jóvenes que ni estudian ni trabajan…ni, al parecer, tampoco quieren hacerlo. Y es que lo de trabajar está difícil, pero que tampoco se quiera estudiar ni formarse para tener mayor cultura y expectativas laborales entra ya en la categoría de tener el rostro marmóreo.

Mientras, los especimenes en cuestión prefieren vivir de sus sufridos progenitores hasta que éstos se queden en el paro. Luego, ya veremos Esto, que antes se llamaba popularmente “vagancia”, da ahora motivo para hacer sesudas investigaciones y se le dedican ríos de tinta e incluso programas televisivos con bastantes dosis de buen rollito en los que unos psicólogos intentan reconducir con talante a una cuadrilla de este tipo. Utópica tarea, a primera vista.

Dicen algunos expertos que es una generación sin ilusiones y de ahí su comportamiento, pero precisamente puede radicar ahí el quid de la cuestión. Quizás la culpa sea en parte de los padres que en épocas recientes de prosperidad no han sabido transmitirles la cultura del esfuerzo, pero también de esta sociedad hedonista y vacía que, carente de valores, es incapaz de inculcarlos. A no ser, claro, que tengan que ver con el “carpe diem”, el “vive a tope” y “nada de esfuerzos, que trauman”. Así se consiguen poco a poco multitudes de indolentes bastante maleducados y manipulables aunque muy caros de mantener por el resto.

Pero también la culpa es de los interesados y no valen las excusas del desánimo, pues en todas las épocas ha habido gente que se ha impuesto metas y, sobre todo, ha sabido luchar y elevarse por encima de las dificultades por sí mismos, siendo ésta una de las mayores proezas que puede efectuar el ser humano.

Contra el Ni-Ni lo mejor es el método O-O: O espabilas o vete a esparragar.


sábado, 6 de febrero de 2010

Apolo, dios de los helados.

Los disparates académicos siempre han sido fuente de risas en todas las épocas y se han publicado diversas antologías de los mismos. Los nuevos tiempos no podían ser ajenos a esta costumbre, agudizada además por el escaso nivel de los alumnos debido a las maravillas de la LOGSE (ahora LOE) y se ha publicado recientemente un libro sobre el tema que viene a corroborarlo.

Véanse algunas perlas como verbigracia:

Lutero se enfrentó al Papa de Roma porque no se quiso hacer una fotografía con sus tesis". La verdad es que Lutero no se quiso retractar de sus tesis, pero el “retrato” no tiene nada que ver con el “retracto”.

-Apolo: Dios de los helados y de los refrescos.

-Calvinismo: Movimiento de hombres calvos. (No sabía que yo era calvinista).

-Cantares de gesta: El Cid Campoamor y Leonardo di Caprio (por Bernardo del Carpio).

-Filósofos de la Ilustración: Beicon, Espinacca y Descartes (Parecen los ingredientes de una pizza).

-Conferencia de Berlín: La convocó Gunilla Von Bismarck (y sus conclusiones se publicaron el ¡Hola!).

AQUÍ

Puede resultar gracioso pero si nos ponemos a reflexionar dan ganas de llorar ¿Serán algunos de estos eruditos los que nos tienen que pagar la pensión? De ser así, dan ganas de apuntarse raudamente a la Beneficencia.

lunes, 11 de enero de 2010

Tristes Navidades

Acabado el paréntesis de las fiestas navideñas, todo vuelve por donde solía. Tristeza, depresión, crisis en la economía y en la sociedad. Recibos, facturas, plomazos que llaman por teléfono para comunicarte las maravillas de su empresa y vender la moto, la vuelta a la normalidad, vamos.

No han sido estas Navidades, en opinión de este observador de lo cotidiano, como otras, no. Han sido mucho peores. No se palpaba en el ambiente la magia de las fechas eternas sino más bien un frenesí consumista que cada año es más acentuado y que constata la decadencia del espíritu a favor del ímpetu de la materia.

Miríadas de bípedos acudían compulsivamente en grandes masas a los grandes almacenes para comprar las cosas que no necesitaban con el dinero que no tenían, mientras le pisaban el callo a este humilde servidor que intentaba circular pacíficamente por la vía pública o comprar algún regalito para sus allegados. Pocas veces se ha visto tanta gente en la calle pero con menos ilusión; sólo el afán de adquirir artículos como si no les quedara otra cosa en la vida. Sólo dos razones pueden explicar el comportamiento: la desesperación vestida de apariencia o el consuelo efímero que dan las cosas. En ambos casos, una tarea inútil que para nada sirve salvo para alimentar un ego mortecino que busca afanosamente la comparación con los demás sin percatarse de que no estamos separados de ellos.

Mas llegan las primeras nieves de enero y, con ellas, el crujir de dientes en forma de quiebra económica, mucho peor que ese hielo que se rompe en mil cristales como hacen las ilusiones rotas. Aquellos que se han gastado lo poco que tenían en fabricar una quimera forzada volverán a sufrir en sus carnes la dureza de la realidad como penitencia a su escaso raciocinio.

Triste sino el suyo. Triste sino el de España.

domingo, 3 de enero de 2010

Tabaco de liar

Un servidor se encuadra en el grupo poblacional de los que podrían considerarse incómodos o incorrectos dentro de esta nueva moda del pensamiento único: varón heterosexual, orgulloso de ser español, republicano (pero no de izquierdas), centralista, creyente (a mi manera) y además…fumador.

La última característica es, en nuestros tiempos, una de las peores. Tratados muchas veces como apestados, vivimos esclavos de un hábito legal en el que las autoridades que lo permiten y te venden el paquete, avisan en el mismo de que es malísimo e implementan a la par campañas antitabaco para prevenirnos de los nefastos efectos de tan pernicioso vicio. Por mí, podrían prohibirlo, pues me quitaría para siempre o, a lo más, vagaría de vez en cuando por las sórdidas callejas en busca del camello correspondiente, de tal modo que probablemente no me fumaría más de dos o tres al día teniendo en cuenta el elevado precio que adquiriría el cigarro clandestino. Pero no caerá esa breva, que es una sustanciosa fuente de ingresos para el erario público, y todos los Estados del orbe incurren en tal ejercicio de doblez institucional.

Sin embargo, sí que he dejado definitivamente de fumar al modo clásico, caro y más insano. Desde hace siete meses sólo uso tabaco de liar, artesanal forma de quemarse el organismo pero mucho más barata, menos maloliente y un poco menos dañina. Algunos se preguntarán perplejos las razones y el Emperador, siempre magnánimo, accede gustoso a ello.

En cuanto a la artesanía, no cabe la menor duda de que estas labores nos retrotraen a los viejos tiempos en que nuestros abuelos liaban aquello que llamaban “caldo de gallina” y que constituía uno de los escasos pasatiempos de aquella España de antaño. Hoy día, podemos hacer nuestros cigarrillos mientras vemos la televisión, como hace el que esto escribe, igual que podría hacer ganchillo (si supiera). También puede procederse a liarlo en calle, pero tiene dos inconvenientes. Por una parte, el de tener que acarrear la correspondiente impedimenta: bolsa de tabaco, filtros, papel y la maquinilla de liar —que los hace más apañados que a mano porque, si no, parecen un canuto trompetero— y, por otra, la posible erosión de la propia imagen, ya que mucha gente le confunde a uno con un fumador de porros y no es cuestión de ponerse a dar explicaciones, aunque tampoco hay porqué hacerlo. Por eso, lo mejor es confeccionarlos previamente y llevarlos en una pitillera que da mucho lustre y empaque como si uno fuera un príncipe ruso venido a menos.

La cuestión económica no es menos baladí. Con una bolsa se pueden obtener un número de cigarrillos equivalente al de dos o tres paquetes de tabaco convencional. El beneficio es evidente y ya se han percatado nuestras amadas autoridades que, conscientes del aumento de popularidad de la picadura de liar en tiempos de crisis, han elevado el precio de la misma en dos años casi al doble. Aún así, sigue siendo mucho más barato.

En el asunto de los olores hay para todos los gustos, pues ya se sabe que las opiniones son como los culos, cada una es distinta. Sin embargo, casi todos coinciden en que el olor del tabaco de liar es mucho más agradable y aromático que el del otro; algunas marcas incorporan aromas de vainilla o chocolate similares al del tabaco de pipa, ése que a casi todo el mundo le gusta aunque pocos lo fumen.

Y en lo relativo a la salud, aunque no hay que tirar cohetes, sí es cierto que el tabaco de liar lleva muy pocos aditivos y, a veces, ninguno (por lo menos eso afirman los fabricantes), el papel de fumar es mucho más fino y existen papeles ecológicos sin blanqueantes ni otras sustancias, y un cigarro artesanal liado con papel de combustión lenta (la mayoría) dura mucho más que los otros, por lo que “llena” más y se fuma bastante menos, si uno se lo propone y no se envicia en demasía.

Resumiendo, que aunque sigue siendo malo fumar, esta forma es menos perjudicial (si se hace con moderación, sobre todo) y más barato. De todas formas, lo mejor es abandonar el tabaco para siempre jamás. A ver si se consigue un año de éstos.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El sistema sanitario. Problemática y posibles soluciones.

El mayor riesgo de los Estados del Bienestar es que al final producen cierto malestar —sobre todo en las arcas públicas— llegando un momento en que los gastos que originan las prestaciones sociales son tan elevados que no pueden ser asumidos a no ser que se incrementen más los impuestos sobre los sufridos ciudadanos. Sin embargo, y aun a riesgo de ser políticamente incorrecto (lo cual me es indiferente) hay que decir que parte de la culpa de los altos costes la tienen los usuarios, que piensan que todo el monte es orégano y los servicios públicos son para usar sin tasa ni freno.

Vamos hoy a analizar someramente la Sanidad, uno de los ámbitos que más coste suponen para las administraciones. Es frecuente que muchos ciudadanos se crean que es gratis, sin ponerse a pensar que la pagamos todos, incluidos ellos mismos. Para ello, este estudio se desglosa en tres partes: gastos de Farmacia, consultas de atención primaria y urgencias hospitalarias.

En el capítulo referido a los medicamentos, la ignorancia de la plebe hace creer a muchos que cuantas más medicinas, mejor. De este modo, se presiona a los sufridos médicos para que se les prescriba a tutiplén, incluyendo esas dolencias que hace años tuvieron y de las que ya ni se acuerdan salvo, claro está, a la hora de pedir recetas, que para eso salen gratis o con un importante descuento si las extiende el facultativo del Seguro. Así, el presunto enfermo de veinte dolencias y real de dos o tres a lo sumo se presenta en la Oficina de Farmacia con veinte o más recetas (si es pensionista, más aún porque no cuestan) para desesperación del empleado de la botica que se tira un buen rato cortando cartoncitos.

Algunos pensarán que el farmacéutico se frotará las manos de gusto, pero esto parece que va a pasar a mejor vida. Circulan rumores que en algunas comunidades hay problemas para pagar a las farmacias los medicamentos dispensados, por lo que podría llegar un momento en que las farmacias incluso se nieguen a adelantar el medicamento y se quiebre la prestación.

Aunque duela, la única solución es que los usuarios aporten más por las medicinas, sobre todo en base a su nivel adquisitivo. Incluso a los pensionistas, si tienen una pensión aceptable, no tienen porqué salirles gratis. Desde luego bastante menos medicamentos inútiles se recetarían.

En cuanto a las consultas ambulatorias, el gasto es más de tiempo que de dinero, pero ya se sabe que el tiempo es oro y el médico no puede dedicar a los pacientes nada más que unos escasos minutos debido a la afluencia de público. Todos sabemos que hay aficionados a estar cada dos por tres en la consulta del galeno, bien a contar su vida, bien a pedir recetas (enlazando con el primer punto) o análisis y radiografías así porque sí (técnicas muy costosas por cierto) y sólo unos cuantos necesitan realmente la visita. Con sólo poner un pequeño ticket disuasorio de dos o tres euros por cada vez que se acuda a la consulta, las listas de espera bajarían a proporciones inimaginables, acudiendo solo los que realmente lo precisan.

Las urgencias hospitalarios son uno de los aspectos más problemáticos y en el que más se abusa por parte de los usuarios. Para comprobarlo, basta con acudir al hospital mientras se televisa un partido de fútbol; las urgencias están vacías o con muy pocos casos. Nada más acabar el evento futbolístico, empiezan a llegar pacientes malísimos, demostrando así que el balompié tiene propiedades curativas.

Estos enfermos “imaginarios” se distinguen perfectamente de los auténticos porque protestan mucho más, lo cual no ocurriría si estuvieran realmente mal. Son los que colapsan los Servicios de Urgencias, originan un gasto que podría evitarse y hace que los médicos y enfermeras no pueden dedicar su tiempo a los que lo necesitan de veras. Un acertado estudio costumbrista los clasifica en tribus, cuyos nombres son los siguientes:

  • ARAPAJOES (arapajoé me hace una radiografía).
  • POYAKES (poyaque estoy aquí me hace una revisión completa). Están emparentados con los primeros, pero son más radicales.
  • POYOASIS (poyoasí no me llevo al agüelo). Suelen acudir en verano acompañando a un familiar de más de 75 años y se niegan rotundamente a llevárselo aunque esté más sano que una ristra de ajos). Si no consiguen dejarlo ingresado, exigen que se les facilite una residencia de ancianos gratuita para el abuelo/a, a pesar de que le quieren mucho.
  • PAESOPAGOS (usté matiende ahora mismo que yo paesopago). Estos son los “reclamadores” que luego no pagan las cuotas de la Comunidad de Vecinos o deben dinero hasta el apuntador, pero son perfectamente conscientes de sus derechos cívicos (aunque no de sus deberes).
  • PIES NEGROS (no hacen falta comentarios).

A modo de conclusión, hay que decir que el vulgo es ignorante de lo que cuesta la Sanidad Püblica, siendo la ignorancia directamente proporcional al grado de exigencia en la mayoría de los casos. Como se expone, con que sólo se exigiera una mínima aportación en los servicios se solucionaría en gran parte el problema y se minimizarían los gastos.

Pero ya se sabe que el dinero público no es de nadie. Por eso nos pasa lo que pasa.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Jalogüin

Vuelve por estas fechas la neocostumbre (orwelliana e inventada palabra) de vestirse de tarasca y espantajo con el necio argumento de que es Halloween, Jalogüin para los amigos, en un burdo remedo de las fiestas anglosajonas que tan lejos están de nuestra tradición histórica y popular.

En los lejanos tiempos en que este país se llamaba España, estas fechas se solían dedicar a honrar a los seres queridos que ya nos dejaron, así como a celebrar la exaltación de Todos los Santos, pues es bueno recordar que en el Cielo hay mucha gente y numerosas son las moradas que hay en la Casa del Padre ocupadas por nobles almas no veneradas en el Santoral.


También era frecuente que se representara el Tenorio, genial obra romántica que abundaba en las visiones de espíritus y aparecidos para terror de los más pequeños y que muchos sabíamos recitar, por lo menos algunos fragmentos. Hoy día D. Jose de Zorrilla y su obra son olvidados mientras esa noche se celebran saraos en los que unos cuantos lucen sus vestiduras de Frankestein o de espectro y cantan lúgubres canciones; tienen a su favor que canten por la noche pues si lo hicieran por la mañana revelarían su posible condición de cantamañanas.


La gastronomía popular tiene también digna representación. Los huesos de santo y los buñuelos de viento son auténticas delicias al paladar para los más golosos y muy populares en el centro de España. Supongo que por otros lares hay también dulces que se confeccionan por esta época.


Todo esto se va perdiendo por el puñetero Jalogüin, y hay que decir que la culpa no sólo la tienen las modas y costumbres importadas del país del tío Sam. Entre los aficionados a hacer el merluzo disfrazándose de siniestro es asaz frecuente encontrarse a amantes del pensamiento único que sustituyen la motivación religiosa y trascendente por una fiesta laica en la que se intenta desdramatizar la muerte y reírse de lo sobrenatural. Posiblemente el ateísmo de muchos les empuje a ello; el terror que sienten ante la llamada de la Parca y el supuesto vacío que hay detrás les mueve a intentar hacer chanza de ello. Lo malo es que, como después del óbito haya otra vida, mucho es de temer que se encuentren con los espectros y demonios de los que tanto se reían, que les devolverán la burla en justa correspondencia.


Allá ellos. Lo que más molesta es que se disfrace a los niños en muchos colegios modernos, pues en su inocencia aceptan esta nefasta moda como algo natural sin saber que la significación de la fiesta es otra. Yo a los míos no los visto de fantoche.


martes, 13 de octubre de 2009

Cadenas

Es frecuente que un día sí y otro también uno se encuentre su buzón “eletrónico” una presentación de esas que incluye una cadena de buenos deseos y que sorprende, no por el mensaje en sí, que es similar en este tipo de cadenas, sino por las consecuencias del mismo.

En ellas se suele afirmar, por ejemplo que, si mandas un mensaje hoy mismo a tropecientas personas como mínimo, te ocurriría algo bueno a las 7:40 PM del día de hoy. Como a un servidor le pica la curiosidad (otros días le pican los mosquitos) va y pica, y entonce se lo envía a una ristra de amigos, los cuales se deben acordar del remitente y de su familia de paso porque les obliga también a entrar en esa dinámica.

El caso es que el incauto cumple su tarea y se pone afanosamente a esperar a las 7:40. A esa hora debería ocurrir “eso que estabas esperando escuchar”. Nada, ni ha llamado el notario diciendo que hemos heredado una fortuna procedente de un tío lejano de Pernambuco, ni Zapatero ha decidido dejar la política (por lo menos, las noticias no lo han dicho). Queda la esperanza de que la buena noticia se produzca a partir de esa hora, pero pasan las horas y los días y la suerte no cambia..

Debido a ello escribo este post, con la esperanza de saber si a alguien le ha pasado algo bueno por seguir estas cadenas, porque no conozco a nadie que se haya beneficiado de seguir esta rutina epistolar. Al menos, la mayoría son benéficas, pues otras te anuncian desgracias sin cuento si cometes la osadía de ignorarlas. El asunto no es nuevo pues recuerdo el caso de aquella famosa de la Virgen del Carmen que te echaban antiguamente en el buzón de tu casa escrita febrilmente en una vieja Olivetti y que auguraba infortunios sin descanso si no la cumplías . Por supuesto, nadie cree que la Virgen vaya a echar mal fario, pero se metía el gusanillo en el cuerpo y mucha gente, azorada ante la amenaza, se dejaba los dedos en la máquina de escribir haciendo copias de la cartita de marras.

Hoy es más fácil que entonces, pues basta con reenviar el mensaje amenazante y dar la plasta a los amigos y conocidos, pero no deja de ser molesto el recibir este tipo de misivas. Así pues, es mejor no volver a mandar mensajes de éstos, que ya tiene uno muchas cosas en la cabeza como para buscarse más trabajos.

Saludos cordiales.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Bollería fina

Mis amigos y allegados habituales ya conocen parte de las aficiones culinarias de este cronista y crítico de la sociedad moderna: el café con porras, la mostaza en las salchichas (jamás el ketchup, tomate infumable donde los haya) y otros productos nada recomendables por los expertos, esa gente a la que no se debe hacer caso salvo que uno quiera vivir muchos años pero muy aburridos. Sin embargo, se me había pasado por alto otro de mis manjares preferidos como es la bollería, maravillosa mezcolanza farinácea y dulzona que constituye el terror de las balanzas y regímenes varios.

Tanto me gustaban que en la Universidad los amigos me llamaban Boyer, no por aquel antiguo ministro que fuera seducido por los encantos de la Preysler, sino por los bollos. Actualmente sigo con la afición y comoquiera que ya es difícil encontrar porras y churros de buena calidad, muchas veces los sustituyo por un café con bollo, sea un cruasán, sea un pepito o napolitana de crema o aquel que más a mano se halle, pues pocos ascos le hago a estas viandas. Antaño me gustaban mucho las palmeras de chocolate, que se encontraban de muy buena calidad en el comercio, pero ahora la fabricación industrial masiva ha convertido el baño de chocolate en un amasijo nada recomendable en la mayoría de los casos, por lo que no suelo recurrir a las mismas.

Volvemos a las andadas. Todas las autoridades bienpensantes y sesudas que velan por nuestra salud en nada recomiendan los bollos y los catalogan poco menos que de veneno nutricional, por su alto contenido en grasa saturadas. Saturado está uno de oír que sólo lo bueno son las verduritas, pero todos coinciden en lo mismo; las cosas buenas son malísimas y los alimentos sanos son los más insulsos o aquellos que sólo comeríamos si estuviéramos ingresados en un centro sanitario.

Pues miren ustedes, como creo que el tiempo que ha de permanecer uno en este valle de lágrimas no depende nada más que de la Voluntad del Hacedor, desde aquí digo que pienso seguir comiendo lo que me plazca y no me pienso hacer un análisis como no me encuentre en las últimas, porque si encima que estamos por aquí dos días nos empeñamos en amargárnoslos, apaga y vámonos.

El exceso de hábitos saludables conduce a la neurosis (la frase es mía).

viernes, 2 de octubre de 2009

50 Plus

Tal que anteayer, día de Nuestro Señor del 30 de Septiembre y festividad de San Jerónimo, patrón de los traductores y de los indios (esto último, me parece que es una errata)ya cumplió este que escribe los cincuenta y uno. Eso del medio siglo ya me cayó encima como una losa el año pasado, pues lo de ser cuarentón pasó a la historia, como pasaron los grandes hombres y los criminales famosos, sin que uno sea ni lo uno ni lo otro, por lo menos de momento. Sienta muy mal cambiar de decena y más aún cuando se trata de un guarismo tan elevado, pues ya se empieza a barruntar que el organismo se encamina a eso que unos llaman pomposamente la tercera edad y otros le adjudican eufemismos como ese término de “mayores”, que suena fatal.

Para más inri, uno pensaba que el paso a esa etapa se producía oficialmente a los 65 años, edad típica de jubilación y que no tiene nada de jubilosa, pero mis ánimos se derrumbaron ayer mismo, 1 de Octubre, declarado internacionalmente como Día de las Personas de Edad (no específica cual, pero todos suponemos de cuál se trata). Resulta que al conectar el pérfido aparato televisivo, me enuentro con un reportaje sobre una feria conmemorativa del evento; hasta ahí nada extraño, pero al contemplar que dicho certamen se llamaba “Salón 50 plus”, se me cayeron los palos del sombrajo. La desazón me continuó al ver que entre los patrocinadores se encuentra el IMSERSO y el laboratorio que fabrica las compresas ésas que anunciaba Concha Velasco para las pérdidas de orina.

Es decir, que con eso del “50 plus” me barrunto que ya nos están catalogando a los que andamos entre 50 y 65 como dignos y futuros descendientes del trilobites o del megaterio, aun antes de entrar oficialmente en dicha categoría. No sé si todo es pura casualidad o bien esta sociedad moderna llena de progresía, bibianas y leyres varias va acotando las edades para que el mundo sea de los menores de cuarenta y a todos los que pasemos la barrera se nos empiece a considerar venerables.

Yo no quiero ser venerable ni honorable. Soy un trabajador en activo y quiero ser eso, sin que me coloquen etiquetas cuanto menos sospechosas. Sí es cierto que a uno le entran ganas de vez en cuando de jubilarse, pero ello suele ocurrirnos a casi todos a partir de los treinta, cuando hemos empezado a trabajar y estamos ya deseando dejar de hacerlo, que el trabajo realiza a las persona y les permite ser autosuficientes, pero ya dice la Biblia que es un castigo de Dios, y no va uno a contradecir al Altísimo.

Así, pues, me marcho ahora mismo a apuntarme al Hogar del Pensionista. No creo que me admitan, pero si les digo lo del 50 plus, lo mismo me dejar ir de oyente algún día y me puedo marcar unos pasodobles en el salón comunal a los acordes de Suspiros de España. Suspira uno ya de ver estas cosas que pasan en España.

Saludos cordiales.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

De emancipaciones y plazos

Es frecuente que las Administraciones propongan deducciones fiscales para los jóvenes que alquilen pisos, lo cual no está mal, pero otra cosa son las estimaciones. Si, como algunos eruditos afirman, la gente joven se emancipa alrededor de los 20 años, puede vivir de alquiler hasta más o menos los 30 y serían los jóvenes de ese tramo de edad los beneficiados de esas medidas. Craso error, fruto del mayor optimismo.

Hoy día no se emancipa ni el Tato hasta que está a punto de irse al asilo y la mayoría de los jóvenes siguen al pie de la letra aquella famosa máxima: “Vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos”. Como padre, y por la parte que me toca, me parecería maravilloso que mis hijos se emancipen cuando toque, pero crudo lo veo de momento (tienen 15 y 8 años). Yo mismo no salí de mi casa hasta los 33, no sé si para desespero de mis padres (q.e.p.d.) o no, pero también me hice el remolón...y eso que no había crisis, porque con los tiempos que corren, es muy probable que casi nadie pueda abandonar el hogar de sus mayores por serle material y económicamente imposible.

Los hijos son una bendición de Dios, pero que nos absorbe la mayor parte de nuestras energías y existencia. Todos recordamos con nostalgia aquellos tiempos con la novia, que luego se convirtió en nuestra esposa, la felicidad de vivir juntos y de ser libres, de salir por la noche, de las fiestas, etc. Todo aquello acabó. Es cierto que a los hijos se les quiere muchísimo, pero también es cierto que acaban con grandes parcelas de nuestra libertad e intimidad y, en opinión del que esto escribe, cuando son mayores deben volar del hogar para vivir su propia vida y dar un poco de respiro a sus ya cansados progenitores que dedicaron los mejores años de su vida a ellos. Ello no quita para que se ayude al emancipado en lo posible.

Algunos padres son afortunados, porque los abuelos se encargan de los nietos en mayor o menos medida, y eso les da un poco de vidilla, aunque no se debe abusar. Pero los que no tenemos prácticamente con quien dejarlos, vivimos una vida un tanto monótona que a todos termina por afectar.

Por eso estoy esperando a que mis hijos crezcan un poquito, a ver si empiezan a salir con los amigos y por lo menos, tenemos un poco de desahogo. Podrán venir otros problemas, lo sé, pero por lo menos podré ir al cine a ver una película que no sea de Walt Disney o de guerra y a restaurantes en los que las hamburguesas no sean el plato fuerte.

Mi suegra siempre dice: “El embarazo es una enfermedad que dura nueve meses y una convalecencia que dura toda la vida”. Y la verdad es que, aunque sólo sea en esto, tengo que darle la razón.

Saludos de un padre agobiado.

miércoles, 29 de julio de 2009

Estoy hasta el gorro de obras (de los demás)


La Humanidad ha avanzado gracias al esfuerzo del hombre y su trabajo, como puede comprobarse viendo las grandes obras de arquitectura de pasados tiempos, que despiertan hoy admiración en nosotros. Por ello no tengo nada en contra de las obras y reformas de construcción en viviendas y locales. Eso sí, deberían regularse a unas horas decentes para que los vecinos adyacentes no terminemos con nuestro aparato auditivo y nuestro sistema nerviosos destrozados. Actualmente padezco de vez en cuando esporádicos ataques a mi intimidad a base de maza y escoplo, provenientes de alguna casa vecina. Ya otros anteriormente tuvieron el gusto de obsequiarme con semejante sinfonía durante veranos pretéritos.

Uno de los recuerdos de mi juventud era precisamente una vecina con aires de grandeza (suelen ser los más aficionados a estos menesteres) que continuamente estaba haciendo obras en la casa. Los golpes eran continuos durante gran parte del día, y esto ocurría varias veces al año. Los demás vecinos aguantábamos estoicamente, porque siempre se piensa que a todos algún día nos tocará hacer alguna chapuza y entonces seríamos nosotros los creadores de estos formidables desaguisados acústicos.


Sin embargo, esta teoría no guarda una equivalencia justa, pues siempre hay alguno que parece estar obsesionado con dichas actividades esperando que su casa pase algún día a formar parte de las siete maravillas del mundo, por lo que realiza estas tareas tres o cuatro veces al año, mientras que otros con menos posibilidades dinerarias o para preservar su salud física y mental (mi caso), sólo las efectúan cuando es estrictamente necesario.


Por ello, creo que debería regularse por los ayuntamientos que las licencias de obras se concedieran con una cierta periodicidad en el tiempo para las viviendas particulares, y si el aficionado a las reformas las acomete sin licencia, denuncia y puro al canto.
Igualmente, las horas de reposo (siesta) antiguamente eran horas de silencio según muchas Ordenanzas Municipales, pero eso hoy en día los de las reformas se lo pasan por el forro, aunque creo que dichas Ordenanzas siguen vigentes.

Asimismo las horas deberían circunscribirse a períodos y horarios razonables. Una vez casi me como al vecino de arriba porque se puso dos domingos seguidos a las 8 de la mañana con una sierra mecánica, convirtiendo mi dormitorio en la erupción del Krakatoa. Ante mis denuestos, lo único que se le ocurrió al sujeto en cuestión es que no tenía otro día para hacer. tamaña tarea Lógicamente, la contestación que le di es que yo no tengo otro día para descansar.


Creo que cada vez debemos valorar nuestra calidad de vida, y no tenemos porqué aguantar a esos insoportables vecinos con complejo de faraón a costa de nuestras sufridas neuronas y trompas de Eustaquio. He aquí otra revolución pendiente.


Saludos en silencio.

martes, 14 de julio de 2009

Plasma y cataplasma

Un servidor tiene su PC bastante actualizado, dentro de sus posibilidades, y entre los periféricos correspondientes cuenta con su nueva pantalla plana de cristal líquido. A mí me gustaban más las pantallas viejas, porque daban un color más bonito y un brillo genial (muchos expertos también coinciden en esto), pero los tiempos cambian y hay que adaptarse a la modernidad.

Probablemente por esta moda ya va para dos años que echó el cierre la empresa catalana Tecnimagen, que era la última que fabricaba en España televisores con tubo de rayos catódicos (Isabel y Fernando). Estos aparatos ya no se vendían en las tiendas, sino solamente por catálogo y no han podido superar la atroz competencia de las pantallas LCD y de plasma.

Otro viejo símbolo de la España eterna se hunde en el abismo del olvido. Todos recordamos aquellos enormes aparatos que pesaban un combro y que daban sudores a la hora de transportarlos, aunque fuera simplemente de una habitación a otra. Más de una hernia, luxación y calambres varios han sufrido aquellos valientes que se aprestaban a dicho traslado ante los requerimientos de su señora, pues ya se sabe que las féminas son bastante aficionadas a la renovación de ambientes hogareños, para desespero y tribulación de los maridos, otra raza hispánica en peligro de extinción ante la pléyade de divorcios, homofobia y salidas del armario que caracterizan esta maravillosa época que nos ha tocado vivir.

La vieja tele era además una especie de altar doméstico, con sus iconos que expresaban los gustos y costumbres de una época. Encima del aparato receptor se colocaban figuritas de alabastro, toros y bailaoras flamencas, un recuerdo de Alicante que nos trajo el vecino de al lado cuando fue de vacaciones y un mantelito de ganchillo que lucía la mar de mono. Ahora, en cambio, el seísmo tecnológico derriba esos viejos símbolos al igual que ZP derriba todo, a modo de seísmo político.

Debo ser un antiguo, pero a mí me gustaban aquellos armatostes, al igual que beber en botijo o fumar puros. Supongo que no soy políticamente correcto, pero así soy feliz. Sin embargo, seré más feliz todavía cuando ZP y su cuadrilla de palmeros sean también eso, un mal recuerdo de una época de plasma y cataplasma.

Saludos cordiales.


miércoles, 1 de julio de 2009

La ITV, otra cosa a eliminar


El otro día me armé de valor y me decidí a llevar el coche a la ITV, que ya le tocaba. Es un trámite engorroso, pesado, caro y hasta humillante a veces según el inspector de turno, pero no queda más remedio. Al llegar a los aledaños de la misma, lo primero que se contempla el observador pasmado es la cola de unos cuarenta coches en fila que esperan derritiéndose al furioso sol madrileño de principios de verano a que les toque su turno, ¡sólo para entrar a la estación!
Sentí un estremecimiento en las corvas y me castañetearon los dientes, porque la última vez estuve en esa pre-cola más de hora y media. Una vez dentro, según una especie de cancerbero va dejando pasar a los externos, se forma otra cola en el interior, en la que se puede uno tirar otra hora. Mientras tanto, puede uno pasar a retratarse en la oficina donde una amable señorita te cobra unos 30-40 € por sufrir este vía crucis. A este respecto, muchos se preguntan porqué siendo un trámite obligatorio, no es gratuito.
Por fin te toca el turno y te van encaminando a la zona de inspección. Allí tienes que sufrir a veces una especie de humillación y sermón público por parte de algunos inspectores, a veces demasiado celosos en su labor —“Le falta a usted una bombillita”, “tiene rotos los guardapolvos (con perdón) de la transmisión”, etc. — y así hasta que te dicen que tienes que volver. Además lo que en unas estaciones se pasa, en otras te echan para atrás. También depende del inspector de turno que te toque. Afortunadamente, esta vez hubo suerte y sólo encontraron defectos leves a este humilde servidor, lo que supone pasar la inspección.
Nos hallamos ante otro de los castigos inútiles que se infringen al sufrido automovilista, sólo por cometer el delito de no comprarse un coche nuevo cada cuatro años. Sinceramente, no me parece más que un lamentable sacacuartos, una pérdida de tiempo, y un afán de estrujarnos más aún con la excusa de tener el coche en condiciones de seguridad, lo cual es a veces incierto. Un familiar mío la pasó sin problemas, y a los siete días se quedó sin frenos ¿Dónde está la eficacia de esta inspección? Si se hubiera matado ¿De quién sería la responsabilidad?
Mejor sería suprimir la ITV actual y pasarla en cualquier taller homologado y autorizado para ello, al igual que cuando uno hace una reforma en la instalación de la luz de su casa, por ejemplo. Un instalador autorizado da el visto bueno y expide un certificado. En este caso, el taller haría la inspección y detallaría los fallos a corregir, dando un presupuesto. De esta forma, si no estamos de acuerdo, nos podemos ir a otro (no como ahora, que la misma estación de ITV que te declara el coche no apto, es la misma que tiene que verificar la corrección de las anomalías, no pudiéndote ya ir a otra). Si se acepta la inspección y el presupuesto, el taller lo arreglaría (haciéndose responsable él mismo del subsanar los fallos) y sellaría y firmaría la tarjeta de inspección (en esto, igual que ahora).
Asimismo se evitarían las espantosas e inútiles colas que se forman, ya que las estaciones de ITV en toda España son escasas en número para la gran cantidad de vehículos existentes por ser la mayoría concesiones públicas.
Resumiendo, la ITV es otro petardo a eliminar, y aunque la inspección debe seguir siendo obligatoria y necesaria —en eso creo que todos están de acuerdo— debe cambiarse radicalmente el procedimiento. Saludos.

jueves, 11 de junio de 2009

Calentamientos


Vivimos tiempos de calentamiento global y cambio climático, según unos cuantos agoreros que no se sabe muy bien que persiguen, aunque es de suponer que alguna forma de controlar a los ciudadanos se esconda tras la cosa. Resulta además demasiado coincidente que estos gurús estén generalmente en la órbita progre o de los ecologistas, algunos de los cuales van de la mano de los primeros y confunden de vez en cuando la protección a la Naturaleza con volver al troncomóvil de Pedro Picapiedra.

Los científicos no se ponen de acuerdo, pero muchos afirman que eso del calentamiento y el cambio climático es un despropósito. Además, prever lo que puede pasar dentro de cuarenta o cincuenta años parece incluso una irreverencia o un fútil intento de suplantar a Dios. Nunca los adivinos tuvieron éxito precisamente por eso; los designios del Señor son inescrutables y el futuro no está escrito, mal que les pese a esa cohorte de futurólogos que abundan en las páginas esotéricas y en las tertulias televisivas del corazón.

Más de una vez en los últimos meses de este invierno o principios de la primavera, el hombre de la calle se ha visto sorprendido por un aguacero que le dejó convertido en una mezcla de caldo de pollo y bonito del Norte, dejándole hecho un eccehomo. Mientras maldecía la hora en que salió sin paraguas (la verdad es que la sequía se acabaría cuando todo el mundo saliera a la calle sin paraguas, porque es cuando llueve) el sufrido viandante se acuerda de los defensores del calentamiento global, y no muy agradablemente, por cierto. Que nos vengan con estas historias cuando estos últimos meses han sido más bien fríos y lluviosos no deja de ser una broma cruel y de mal gusto.

En España si que hay un calentamiento global auténtico, que más bien es quemazón, porque cinco años con ZP producen una efervescencia térmica en las mentes y en los cuerpos que esto no hay quien lo resista.



lunes, 13 de abril de 2009

¿La culpa es siempre del conductor?

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Después de haber terminado las vacaciones de Semana Santa, vendrá ahora hacer el balance de víctimas que, aunque menor que en años anteriores, sigue siendo elevado a pesar del famoso carné por puntos y los cientos de radares que espían a los sufridos conductores como celosos vigilantes de novela de Orwell o de Matrix.
Es costumbre frecuente en los responsables de la DGT echarle siempre la culpa al conductor de todos los males y, aunque en muchos casos es cierto, las causas de los accidentes no se deben sólo a ellos. El estado de las carreteras es deplorable, miles de puntos negros, curvas peligrosas, rasantes y un sinfín de obstáculos más acechan al automovilista que ha de sortearlos como si en un rally estuviera.
Además no debe confundirse el exceso de velocidad con la velocidad inadecuada. El primero sólo es el responsable de un 3% aproximadamente de los accidentes y consiste, por ejemplo, en ir a 70 cuando la señalización obliga a ir a 60. Este hecho no suele ser grave en la mayoría de los casos, pero es suficiente para encasquetarle a uno un buen paquete y la retirada de unos cuantos puntos, ya que la mayor parte de las multas que ponen los radares son por exceso de velocidad, precisamente. Añádase a esto que dichos aparatos siniestros sólo está ubicados en autovías y autopistas —que casualmente son las carreteras más seguras— por lo que parece que la implantación de los mismos en estas vías no persigue otro afán que el puramente recaudatorio o, al menos, eso parece ¿No estarían mejor en carreteras secundarias?
A este respecto, y para recordar el absurdo de muchos límites de velocidad, hay que recordar que en muchos tramos de autopista en Alemania no hay ningún límite y, sin embargo, se mata menos gente que aquí, lo cual viene también a corroborar que la causa principal de las muertes no es el exceso de velocidad.
Sin embargo, la velocidad inadecuada produce muchísimos más accidentes y raramente es detectada por los ingenios eléctricos de don Pere Navarro. Se encuadra en este tipo la conducción temeraria a gran velocidad, ya sea sereno o ebrio. A estos chalados raramente les pillan, pero al pobrecillo que pasa a 100 en una recta y las señales marcan 80 (muchas veces no se sabe porqué), ¡Zas! Afoto.
Así que, Don Pere, ponga más guardias civiles en las carreteras (cuya presencia ha demostrado ser más útil que los cacharros de marras) y quite esos trastos y póngalos mejor en vías secundarias. Así los malpensados no pensarán que su fin es únicamente coger pasta.

(Lo mismo puede decirse de algunos alcaldes como el ínclito Faraón Ramsés I el de la Zanja, cuya fama es tal que los más desconfiados afirman que en la Villa y Corte te multan hasta por respirar como te descuides)

lunes, 9 de marzo de 2009

Cómo librarse de pelmazos telefónicos

El otro día escribí un artículo sobre esas visitas religiosas que diversas confesiones efectúan a nuestros hogares y que motivan las más curiosas estrategias para quitárselas de encima. Sin embargo, hay otras intrusiones bastante peores, a causa de su frecuencia y horario. Me refiero a esas llamadas telefónicas no deseadas ni necesarias que turban nuestra paz y que parecen efectuarse con alevosía —generalmente a la hora de la siesta o a primera hora de esa mañana de sábado o de ese día que no tenemos que trabajar— motivando un fuerte enojo y bruscas ganas de defecarse en el emisor de la llamada. Algunos ejemplos verídicos que le han ocurrido al que suscribe son:

  • ¿Oiga? ¿Es el Santander Central Hispano? (ya me gustaría a mí serlo).
  • ¿Hablo con Don Fulano de Tal? Gusto de conocerle (acento sabrosón). Mi nombre es Gladys y le llamo de la compañía X. Le estamos ofreciendo un paquete de teléfono, Internet, televisión y judías con chorizo por sólo 30 € al mes. ¿Qué le parece?
  • ¿Don Fulano de Tal? Encantado de saludarle, estamos haciendo una propuesta de tres libros de cocina por sólo 10 € a los vecinos de este barrio. ¿Qué le parece? (Me parece lo mismo que el caso anterior, que se vayan a esparragar).
  • ¿Está la Quiteria? (Durante los años de mi juventud era frecuente esta llamada en la casa de mis padres, hasta el punto que me he quedado con las ganas de saber quién era la Quiteria).

Pero para alegría de todos los usuarios, hay un método bastante eficaz que permite bloquear estas llamadas en horas no deseadas. Basta con disponer del servicio de desvío de llamadas de Telefónica (supongo que también existe en otros operadores) y desviar las llamadas al 068 (servicio “No molesten”) para que desde ese momento el teléfono deje de sonar y todas las llamadas vayan al contestador automático. Cuando nos levantemos después de nuestro merecido descanso, basta con escuchar los mensajes por si hay alguno importante. Lógicamente, hay que acordarse asimismo de quitar el desvío o no nos llamará ya ni el gato.

Este método tiene el inconveniente de que a algunas personas no les gusta dejar mensajes, y podamos perder alguna llamada de interés. Podemos entonces aplicar la opción B que consiste en desviar las llamadas al móvil y después apagar éste. Al encenderlo, nos podremos asimismo encontrar mensajes, o bien llamadas perdidas con el número correspondiente al cual podremos contestar si éste nos es conocido.

La única precaución es, lógicamente, acordarse de quitar el desvío y/o encender el móvil si se ha desviado aquí, porque en caso contrario quedamos incomunicados y si sucede algo urgente, no nos enteraríamos hasta pasado un tiempo.

Ya os lo digo, mano de Santo, no volverán a daros la plasta.

sábado, 7 de marzo de 2009

Apostolado doméstico


Las personas suelen ser de costumbres, ideas y tradiciones arraigadas, por lo que es difícil convencerlas para que las renueven y sustituyan por otras. Por eso, puede parecernos simplemente extraño ese método que utilizan los miembros de algunas confesiones religiosas, y que consiste en abordarnos por las calles o llamar a nuestra puerta para dar una charla en la que se nos intenta persuadir de las bondades de su fe y así convertirnos a ella.


Son los Testigos de Jehová los que más frecuentemente adoptan este tipo de técnicas de captación. No digo yo que no consigan adeptos de esta forma; de hecho es como han conseguido engrosar así sus filas de fieles, pero debe ser un trabajo ímprobo y creo que deben abordarse miles de personas con este método para poder convencer a una.

Otras dos creencias de esta particular confesión que suscitan recelo en el resto de la sociedad son su idea de que el mundo se acabará pronto y su negativa a las transfusiones sanguíneas. Sobre la primera, afortunadamente ya no dan una fecha fija, porque se han equivocado un montón de veces, pero aún recuerdo a finales de los 70, cuando decían que el fin del mundo sería en 1975 y el desasosiego que generó aquellos en numerosas personas, incluyendo al que esto escribe, y que en esa época era un niño fácilmente impresionable, como es de suponer. Asustando no se ganan adeptos.

En cuanto a la negativa a las transfusiones, se basa en un pasaje de la Biblia que dice que no se coma sangre, lo cual es susceptible de diversas interpretaciones y, por tanto, muy discutible. La Voluntad de Dios no puede ser que muera una persona si existe un medio para la curación en forma de sangre, donada además por otro ser humano en uno de los mayores actos de generosidad y amor al prójimo que pueden darse. Esta negativa plantea asimismo un problema moral y legal en el médico, cuyo código ético le obliga a salvar la vida.


Se puede entender que una persona se niegue a aceptar una transfusión para ella misma, aunque no se comparta, pero dejar morir a un hijo es una acción totalmente inaceptable para la mayoría, máxime cuando son niños pequeños sin posibilidad de decidir, e incluso jóvenes adultos que además ni siquiera eran Testigo de Jehová, pero estaban inconscientes y no podían otorgar su autorización a la transfusión.


En fin, que queden con Dios, pero a mí no me convencerán. A propósito de este asunto, un matrimonio andaluz ha colgado de su puerta el original cartel que a continuación se reproduce para evitar así este tipo de visitas. Saludos cordiales.


miércoles, 18 de febrero de 2009

No me gusta el fútbol

Lamento decirlo y seguramente defraudaré a muchos de los millones de fans con que cuento en la blogosfera del Internet, pero es así. No me gusta el fútbol. Lo odio desde pequeñito (desde que era más pequeñito que ahora, que ya es decir) y nunca le vi la gracia al hecho de observar durante noventa minutos a veintidós tíos dando patadas a un balón, y encima sufrir como si a uno le fuera la vida en ello.

Pero además mi inquina por el fútbol se debe a otras razones añadidas. Cuando era un tierno escolar tampoco me gustaba y, por lo tanto, se me daba bastante mal jugar lo que acarreaba que mis demás compañeros me señalaran con el dedo como si fuese un bicho raro, aumentando obviamente mi animadversión hacia semejante jueguecito. En el colegio, los que jugaban bien eran considerados semidioses (incluso por algunos profesores), aunque luego se llevaran a casa cinco suspensos mientras que los que estudiaban eran tildados de “empollones” como era mi caso. Se me daban bien otros deportes (atletismo, etc.) pero el jugar bien al fútbol era lo que daba prestigio, y me temo que así sigue siendo ahora. Mi hijo, que tampoco es muy aficionado, se queja de que en el colegio la mayor parte de sus amigos lo tiene como tema coñazo principal.

Más peligrosa aún es la utilización como arma política. Se quejaban de Franco, pero se sigue utilizando el fútbol como anestésico para que el pueblo no piense en la que está cayendo, porque la que cae es gorda. Las libertades están cada vez más coartadas, la crisis nos machaca, se persigue más o menos veladamente a todo aquel que se destaque en su crítica a los postulados imperantes del nacionalprogresismo, pero nadie dice nada. Mientras tengamos tele (reality shows, series estúpidas y demás), fútbol y resistamos con las cuatro perras que nos quedan, esto es Hollywood.

Respeto, no obstante, a los que sí les agrade este espectáculo (para mí no es un deporte) y está bien que lo vean, pero habría que preguntarse cuánta gente es aficionada al fútbol de verdad y cuánta lo es simplemente por simbiosis o mimentismo con sus amigos y allegados. Es muy posible que si en la televisión se impusiera que todos viéramos debates de Física Cuántica y se programaran en prime time, los discípulos de Planck se contarían por millones. El individuo es una emanación del Ser Supremo, pero la masa suele ser lanar, que diría Federico. Por eso probablemente los individualistas tenemos algo de genios, aunque esté feo el decirlo.

Sí me interesa un aspecto futbolero y es cuando gana España. Me alegra enormemente como español y también me place mucho el berrinche que se agarran los nacionalistas con cada victoria de la Selección. Asimismo, estoy también seguro que si los equipos de fútbol fueran como el de la foto de abajo yo también me aficionaría y quemaría este escrito. Mejor dicho, no lo quemaría porque me cargaría el ordenador que mis buenos ratos me hace pasar y mi dinero me costó, pero seguramente lo borraría preso del fervor deportivo que inspiran estas imágenes.

Un saludo.