martes, 19 de marzo de 2013

San José o la injusticia de las fiestas móviles




Hoy, 19 de Marzo, un servidor debería estar contento por la festividad que se celebra. Es San José, onomástica de los Pepes y Pepas, cuyo nombre ostentan una gran mayoría de españoles, y día del Padre según la tradición europea y la de El Corte Inglés (en EEUU y parte del continente americano se celebra el tercer domingo de junio). Además y para remate, un día de San José este humilde servidor contrajo esponsales con la que hoy es su santa esposa, lo cual es motivo de gran fiesta y ornato en esta casa. Téngase en cuenta también que el santo de mi mujer y hasta casi el mío porque mi segundo nombre (aunque no suelo usarlo) es Pepe.

Pero ya ha tenido que venir el nefasto estado de las autonomías y las disposiciones del Gobierno y me ha fastidiado la fiesta, pues este gran día sólo es festivo en algunas comunidades pero no en la que vivo. Antiguamente era fiesta nacional, aunque ese es un término hoy denigrado por el populacho políticamente correcto, para el cual todo que sea nacional equivale a antigualla, facha, etc. y sólo casi pervive el día del Pilar —ni siquiera Santiago, patrón de España, es festivo en todas las regiones lo cual es una barbaridad— y el día de la Constitución. Para colmo, en tierras nacionalistas se humilla también el sentimiento nacional, castigando estas fechas y declarándolas laborables algunas veces.
 
Y digo yo ¿No podía volverse al sistema anterior en la que había un número de fiestas nacionales fijas? Porque ahora esto parece  la feria de Linares; en unos sitios se trabaja en otros no, e incluso una misma fecha en una región unos años es fiesta y otros laborable. Esto último es particularmente ostensible con el día de San José, que le traen al pobre de acá para allá según convenga. Por lo menos las madres tienen el festivo asegurado, ya que su día es el primer domingo de mayo, así que los padres tendremos que recurrir a la celebración americana de junio antes citada.
 
En fín, que no hay derecho y reivindico para este gran Santo, modelo de padre y de trabajador, el lugar que se merece. ¡San José siempre festivo, YA!

domingo, 3 de marzo de 2013

Mira, López


En aquellos tiempos lejanos de la niñez daba largos paseos con mi abuelo por las calles de Madrid. Mientras dábamos aquellas grandes caminatas que llegaban hasta la puesta de sol me contaba cosas de la ciudad, de su vida y de la vida: “Mira, aquí hay una tienda de sombreros, que antes fue una cacharrería ¡Leche, pero si ahora es un banco!”; “Hay que creer en Dios, pero no en los curas”; “El día que se muera uno que yo sé, me voy a fumar un puro” y otras mil frases que recuerdo a veces ya con dificultad y que entonces apenas acertaba a comprender en muchos casos. Sí puedo decir que cuando se murió el interesado, no se fumó el puro sino que derramó incluso unas lágrimas y musitó “Pobre hombre”.

Pero si hay unas palabras que no se me han olvidado son aquellas que mi abuelo pronunciaba cuando se encontraba a un amigo o conocido: “Mira, López (o quien fuera) te presento al futuro presidente de la República Española”. Aquello me gustaba porque eso de ser presidente ya suponía yo que no debía estar mal pero…la República ¿Qué era eso? Sólo me sonaba a cosas de romanos que había estudiado en el colegio, porque entonces se estudiaba la historia de Roma, asunto éste en el que ahora tengo mis dudas. La confusión sobre tal término se acrecentó con el tiempo, porque en clase un día nos dijeron que España era una Monarquía a lo que un compañero respondió hábilmente “¿Cómo vamos a ser una Monarquía si aquí no hay rey?”. El profesor o cura se deshizo en divagaciones mil y así quedó la controversia.

Por ese tiempo me enteré de que mi abuelo había estado en la cárcel por ser republicano o “rojo”, cosa que sonaba fatal por entonces, puesto que los términos se confundían. Comoquiera que mi abuelo no tenía nada de lo segundo (entre otras cosas porque era un hombre muy recto y formal, amén de echar pestes de los comunistas a cuentas de la Guerra Civil) deduje que sólo era republicano y más bien de derechas, como así efectivamente resultó. Yo le admiraba y me empezó a sonar bien aquello de la República, porque lo de los reyes además me sonaba un tanto vetusto y eso de una Corte llena de marqueses, condes y señoras enjoyadas alrededor de un tío con una corona (ahora se dice corina, creo) en la cabeza me tiraba para atrás.

Se murió Franco y llegó el Rey a esa Monarquía que decían que éramos. Y ahí sigue, que es el único cargo público designado por el Dictador que todavía anda en activo. Unos hablan bien, otros no tanto, pero lo que sí sabemos es que su persona es inviolable y no está sujeta a control, más o menos como en los tiempos históricos. Dicen que no manda sino que arbitra, pero elogió a Zapatero y no sacó tarjeta roja a los separatistas; incluso firmó el nefasto Estatuto catalán que es una bomba de relojería para la Constitución y la unidad de España; dicen mil rumores sobre su vida privada y, aunque a nadie deben importar las intimidades de otro, se oyen cosas que, de ser ciertas, no son un buen ejemplo para los ciudadanos.

Pero lo que menos me gusta de la Monarquía es su carácter dinástico hereditario y vitalicio. Sin entrar a juzgar al futuro heredero, no es de recibo en una sociedad moderna que la Jefatura del Estado se transmita por el escaso modo democrático de la línea sucesoria, dejándolo todo al azar de las posibles virtudes de aquel que continúe la saga. Ejemplos sobrados a lo largo de la historia lo han demostrado: Carlos II el Hechizado, Fernando VII o Isabel II valdrían.

Un servidor no será presidente de la República como quería su abuelo, porque el reloj inexorable de los años y de las coyunturas hace que sea ya una utopía, pero sí le gustaría que la opción fuera posible para todos y, por supuesto, para sus descendientes. Así, cuando fuera con su hijo por la calle y encontrara a un amigo podría reproducirse, esta vez con visos de posibilidad, aquella vieja conversación de hace más de cuarenta años en una calle de Madrid:

“Mira, López, te presento al futuro presidente de la República Española”.

sábado, 2 de marzo de 2013

La ignorancia es atrevida


Personalmente y, aunque pueda parecer que uno va de sobrado, el que esto escribe ha de confesar que le repatean una gran cantidad de sus compatriotas pues, aunque España sea una gran Nación, muchos de sus habitantes dejan bastante que desear. En este breve opúsculo se intentará explicar las razones que sustentan tal opinión.
A lo largo de los siglos, grandes pensadores han llegado a la conclusión de que los pecados capitales fundamentales de los españoles son la envidia y la soberbia, que tienen sus raíces más profundas en la ignorancia que arrastramos de modo secular. No se debe confundir, a este respecto, dicha ignorancia con la falta de estudios; hay doctores y licenciados que son unos patanes y gente sin estudios con una sabiduría excepcional.
Es frecuente que el paisano común tenga envidia de otro por las razones más nimias: porque es más alto, porque tiene las cejas ganchudas, porque se ha comprado un coche nuevo o porque se ha arreglado el piso por la módica cantidad de 42 millones de pesetas (tales cifras son desconocidas en euros por el autor). Sin embargo, si el envidioso fuera menos ignorante intuiría que no es necesario envidiar a otros, puesto que todos tenemos cosas, bienes materiales y virtudes, y hemos de estar agradecidos por ello y centrarnos en lo que tenemos más que pensar en lo que se carece. Cualquier indígena de los países subdesarrollados sería feliz con la décima parte de lo que posee o tiene un españolito corriente pero aquí siempre nos buscamos metas más altas y nos fijamos en quien las tienen, odiándoles por ello. ¿Hace falta ser más estúpido?
En cuanto a la soberbia, basta ir a una reunión de vecinos, esa aberrante institución que debería estar prohibida por estrictas razones de Salud Pública e higiene mental de la población. Allí se puede comprobar como los más mediocres hacen alarde de su indigencia intelectual precisamente presumiendo de lo que carecen. No es raro encontrarse expertos en las más variadas materias: Electricidad, mecánica, fontanería, Economía, Arquitectura, Contabilidad, Derecho, etc. De todo dogmatizan y todo conocen, pero todo lo ignoran. ¿Razón? La soberbia, que nace de la ignorancia. No saben nada, pero necesitan destacar como sea y ser superiores al resto.
De ahí la gran verdad que encierra la frase del título: La ignorancia es atrevida.
Lo mismo ocurre con la política. Una gran parte de la sociedad, a la que generosamente solo se puede catalogar como populacho, está absolutamente indocumentada, y sus únicas fuentes de información son los amiguetes, algún periódico gratuito y el programa televisivo basura de turno. Con tal elevado bagaje de conocimientos, el atrevimiento de algunos les lleva a pensar que ya lo saben todo y se dedican a pontificar sobre el tema. Cuando alguien les hace ver con argumentos sólidos los errores de su actitud y/o de sus teorías, en seguida sienten envidia del mismo y suplen su ignorancia para contestar con denuestos o insultos hacia el anterior.
Por algo se dijo que la democracia es el menos malo de los sistemas posibles. Estos individuos antes descritos también tienen derecho al voto.
Fuerza y Honor.

domingo, 24 de febrero de 2013

Luis Candelas



Navegando por Internet se encuentra una abundante bibliografía sobre Luis Candelas, aquel mítico bandolero del Madrid de principios del XIX que nunca mató a nadie (que se sepa) y con fama de llevar incluso una doble vida: caballero elegante de día y practicante del latrocinio de noche. Todo un personaje romántico, cuya vida aun se canta en coplas y hasta hay restaurantes que llevan su nombre, aunque su fama no le impidió morir en el garrote.
Nacido un día de marzo de 1806 en el Barrio de Lavapiés, el más castizo de todo Madrid, procedía de una familia cuyo padre era carpintero y sin grandes apuros económicos. Pero el joven Luis fue pronto rebelde y alborotador, no quiso aprender e oficio paterno y se negó pronto a ir a la escuela (lo mismo le ocurre a numerosos mozalbetes pero siguen yendo porque es obligatorio, para desespero de los sufridos profesores), siendo su gran afición las peleas de barrio con otros jóvenes. De ahí saltó a su profesión habitual.

Ya huérfano de padre, su madre le consiguió un trabajo como agente del Fisco, para controlar a los que intentaban pasar mercancías de contrabando. Curiosa paradoja, que el gran ladrón desempeñara labores de inspección, claro que esto no es nuevo y se ha dado abundantemente en otros casos de nuestra historia reciente, que prefiero obviar. Este trabajo le permitía viajar por toda España, pero lo perdió por asuntos de faldas, ya que era un gran mujeriego. Entre sus amantes destaca Lola "La Naranjera" que era amante del propio Rey Fernando VII, además de otras muchas. Su fama quedó retratada en esta copla:

Debajo de la capa de Luis Candelas /
mi corazón amante vuela que vuela. /
Madrid te está buscando para perderte/ y yo te busco sólo para quererte.
/Que la calle en que vivo está desierta /
y de noche y de día mi puerta abierta./
Que estoy en vela /
Que estoy en vela /
 para ver si me roba /
—¡Ay!— Luis Candelas.

Tras vivir un tiempo en Zamora donde se casó y se separó, vuelve a Madrid para convertirse en el rey de los amigos de los ajeno, dando cuantiosos golpes. Su banda estaba formada por Paco “el sastre”, Francisco Villena y Mariano Balseiro, que eran los lugartenientes. El resto de la banda está compuesto por: Leandro Postigo Juan Mérida José Sánchez "el del peso", Pablo Maestre Pablo Luengo "El Mañas", y Los Hermanos Cusó (Antonio y Ramón) Todos eran valientes y adoraban a su jefe.

Su lema era "no herir ni matar a nadie", todo debía hacerse "con estilo". El punto de reunión para tramar sus fechorías era "La Taberna del Cuclillo" en la calle Imperial, muy cerca de los soportales de la Plaza Mayor madrileña, donde hoy existe un famoso restaurante llamado en su recuerdo "Las Cuevas de Luis Candelas". Tenía este lugar la ventaja de disponer de una rápida escapatoria, por una puerta posterior. El dueño del Mesón cuyo nombre recibía el negocio era apodado "El Cuclillo", era cojo lo que le producía una marcha bamboleante y además tuerto.

Otros lugares o puntos de reunión eran "La Taberna de Jerónimo Morco" cuñado de Balseiro en la calle de Mesón de Paredes, "La Taberna de la Paloma" en la calle de Preciados, la de "Traganiños" en la calle de los Leones y la taberna de "El Tío Macaco" en la calle del Avapiés. Todas ofrecían buen vino, buenas "cantaoras", refugio y buenas hembras con quien pasar una noche de juerga.

En su doble vida y cuando no “trabajaba” era en un perfecto caballero elegante y refinado, al que podía verse paseando por el Prado o en las plateas del Teatro de la Zarzuela, vestido a la última moda. Era un experto en transformarse, para lo cual tenía tenía un refugio en la calle de Tudescos donde disponía de todo lo necesario para transformarse, maquillarse, cambiar de ropa y de cara. Hasta se hizo tarjetas de visita como Luis Alvarez de Cobos, Hacendista en el Perú.

Se escapó varias veces de la cárcel, y en una de ellas conoció al político Salustiano de Olozaga, que se hizo amigo suyo y le introdujo en la masonería. A partir de este hecho, muchas noches Luis Candelas lucía una capa negra con símbolos masones.

Su máxima era: “El dinero está mal repartido y no es justo que mientras unos arrastran coche, los demás vayan por el lodo. Así pues, los que nivelamos las fortunas, sin matar ni hacer daño, por supuesto... ejercemos una industria que hacen mal en perseguir”. 

Otros siguen en nuestros días aplicando estas máximas de Luis Candelas y hay que reconocer que les va bastante bien pero, a diferencia del bandolero, son elegantes todo el día.

martes, 22 de enero de 2013

Comedias de antaño



El cine español ha seguido siempre una trayectoria variable y errática, caracterizándose  generalmente por su falta de medios que en muchos casos se ha suplido con buenas dosis de imaginación. De este modo, junto a obras maestras del celuloide y maestros como Berlanga o Buñuel conviven en el panorama cinematográfico hispánico —por este orden— películas buenas y aceptables, mediocres y obras de titiriteros.

Periódicamente se celebran homenajes y proyecciones retrospectivas de los diversos géneros pero siempre en estos eventos hay autores y actores que son olvidados, cuando no criticados abiertamente de modo injusto. Tal es el caso de las películas de Ozores que protagonizaban Esteso y Pajares. No se puede decir que respondieran a los estándares de calidad aceptados por los críticos, mas es indudable que hicieron reír a aquellos españoles de la Transición, que olvidaban los duros momentos políticos, sociales y económicos de la época en los cines de barrio. Entre chascarrillos, chistes y algunas visiones de tetas y culos la vida se veía de otra manera por un rato.

Hoy se acusa a estos films de casposos, cutres, chabacanos y otras lindezas, pero muchos de esos sesudos intelectuales que despotrican de tal modo, muy frecuentemente se escapaban de las clases de la Universidad para echar un vistazo a la última de Ozores. Por lo menos así lo hacía este escribano virtual junto a sus amigos, entonces unos mozalbetes que consideraban que el solaz y esparcimiento mañanero eran preferibles a una árida clase de Química Heterocíclica o de Técnicas Instrumentales y al placer del escaqueo se juntaba la diversión sin más pretensiones que ofrecía la película. 

Vuelven tiempos de crisis y desolación económica, y el viejo trío Pajares-Esteso-Ozores ya no se encuentra en las pantallas para consuelo y regocijo de los agobiados ciudadanos, En su lugar, otros van ocupando su puesto e inventan diariamente gloriosas estrategias para distraer al personal y conseguir que sigan siendo un público fiel.

Sin embargo, a muchos nos gustaban más los de antes. Tenían más gracia.

miércoles, 9 de enero de 2013

Stultorum infinitus est numerus.


Ahora que han pasado las Navidades y todo vuelve a la actividad habitual, conviene recordar que cada vez son más numerosas las voces de psicólogos infantiles (de esos que ni saben de psicología ni saben de la infancia), pedagogos (de los que que se tiran pedos a go-gó en vez de hacer propuestas de interés) y asociaciones de padres laicos y progresistas que proponen “eliminar” a los Magos de Oriente y sustituirlos abiertamente por el rojo barrigón de la campanilla tonta y la risotada boba para así acortar las vacaciones de Navidad, tan perniciosas ellas por su duración.

Conviene recordar a tal efecto que antes las vacaciones eran aún más largas pero los alumnos rendían mejor que ahora, entre otras cosas porque la LOGSE no había hecho todavía sus estragos. Por otra parte, a esos padres que parecen molestarles tanto los niños en casa les sería probablemente más útil pedir más medidas de conciliación familiar y laboral en vez de absurdas reducciones vacacionales.

Y, sin embargo, no dejaría de haber algo oscuro en el tema, según estiman los malpensados que empiezan a captar un cierto tufillo en todo esto, similar al de aquellos intentos para suprimir la Semana Santa o colocarla en función de la climatología en vez de la liturgia. Parece que solo son cuestionables las fiestas y tradiciones basadas en la religión católica, que siempre andan en peligro por mor de extraños intereses políticos y/o comerciales.

Si se quieren quitar días de vacaciones, suprímanse las fiestas taifeñas de muchas comunidades autónomas, la mayoría sin tradición ni historia y solo reducidas a las aburridas celebraciones oficiales que despiertan nulo interés popular. O en vez de meterse con los pobres estudiantes, redúzcanse las vacaciones de los diputados, que no van al Congreso hasta Febrero. Pero no, que eso son fiestas tradicionales de los políticos y sí que son “sagradas”.

España es el único país donde las incongruencias, en vez de ser motivo de risa, se analizan concienzuda y sesudamente. Así nos va.

martes, 8 de enero de 2013

La tauromaquia y España


Nunca me gustaron los toros. Me parecían una ceremonia sangrienta y cruel en la que perdía siempre el mismo, o sea el cornúpeta, pues su fin era seguro aun cuando corneara al torero. Sin embargo, el devenir de los años hizo ver con otros ojos a éste que os escribe eso que llaman la Fiesta Nacional. Me sigue pareciendo sangrienta pero en ella se aprecia un ritual casi mágico estudiado y desarrollado cuidadosamente durante siglos. Una fiesta de la Cultura popular y del Arte; y una fiesta nacional, pues aquí tiene su origen aunque se haya expandido a las Américas e incluso a países como Francia, donde la afición va en aumento y se han declarado los festejos taurinos como patrimonio cultural inmaterial.

Precisamente ahora, cuando uno ya veía las corridas de toros con tolerancia —aunque siguen sin gustarle— y entendía que forman parte de nuestro acervo histórico y cultural, se prohíben en Cataluña. Como todos sabemos, dicha prohibición no se basa en un supuesto amor a los animales (se permiten los correbous porque son una “tradición”, como si los toros no lo fueran), sino en un rechazo a todas las señas de identidad que puedan considerarse españolas, razón de más para defenderlas. 

La prohibición es otro paso adelante hacia el fin de la Nación española, y otra derrota más frente a los separatistas, y eso no se debe tolerar bajo ningún modo. Si en las próximas elecciones gana el Partido Popular (cosa que deseo aunque no sé si les votaré), debe hacer todo lo posible para que los toros puedan celebrarse en cualquier rincón de España. Y Cataluña es España, mal que les pese a algunos que solo se acuerdan de  ella la hora de recibir dinero, que en eso no se sienten diferentes.

No sólo hay un ataque a España, hay también un ataque a la Libertad. España y Libertad, las dos ideas fundamentales que rigen la vida de la mayoría de los que escribimos en las paginas virtuales de la Resistencia de Internet. Por ello, la moderación se ofusca y aparecen el rechazo, la rabia y la frustración al ver que las metas que soñábamos se van desvaneciendo poco a poco, como nubes que se van deshilachando en el cielo.

Pero no quiero pensar todavía lo que muchos ya piensan: Que si se quieren marchar, que se marchen. Seguramente la mayoría no lo desea; pues entonces que despierten y se quiten de encima a sus gobernantes separatistas.