Carabanchel, el
corazón del suroeste capitalino y uno de los barrios más castizos e históricos de
Madrid, se extiende desde las riberas del Manzanares hasta los confines de la Villa lindando con el
municipio de Leganés. Tuvo el barrio entre sus vecinos más ilustres a don Francisco
de Goya que vivió en los parajes ya denominados en su tiempo como Quinta del
Sordo, pues existió un sordo anterior al que el pintor compró la casa.
Goya retrató a
Carabanchel en alguno de sus lienzos rememorando las conocidas fiestas que se
celebran todavía en la pradera que durante el Medievo ocuparon las tierras de
Iván de Vargas; campos de labor entonces a cuyo cargo estaba el santo varón San
isidro, que las cultivaba con amor y también con la ayuda de los ángeles a la
par que hacía milagros por doquiera que iba. La Ermita del Santo, también
inmortalizada por el genio aragonés, se
yergue aún majestuosa en lo alto de la colina que domina el Manzanares como un atisbo del cielo, que ya
se ve más cercano. Por encima del río y
un poco más allá, el histórico puente de Toledo, construido por Pedro de Ribera
y de estilo barroco churrigueresco, por el que paseaban chulapos y modistillas
en eternos requiebros y amorosas disputas, une Carabanchel con el centro de la
ciudad. Y en la otra orilla, más allá del río pequeño, el estadio Vicente
Calderón donde el club Atlético de Madrid proporciona tardes de gloria y
también de sufrimiento a sus seguidores, seguramente los mejores hinchas del
mundo pues tal es la pasión por sus colores que son dignos de admiración y
homenaje aun cuando no se comulgue con su colchonero credo.
A mediados del XIX,
Carabanchel era una zona elegante donde los nobles y gentes con posibles tenían
sus casas y fincas para descanso y solaz.
Destacaban entre todas la propiedad que perteneció a la familia de Eugenia de
Montijo —prácticamente desaparecida— y, sobre todo, la inmensa finca de
Vistalegre, casi del tamaño del Retiro, que fue primero de la
Casa Real y luego del Marqués de Salamanca.
Es un conjunto de palacios y jardines aún existentes aunque muy deteriorados,
pero que reflejan todavía el esplendor de su pasada gloria (actualmente se están restaurando algunas de sus zonas). De ella tomó el
nombre la famosa plaza de toros cercana, aquellos “toros de Carabanchel” de las
zarzuelas, que hoy reconstruida y
convertida en Palacio de Vistalegre alterna el arte de Cúchares con los
conciertos de música moderna y los mítines políticos.
“¿Y si a mí no me diera la gana
de que fueras del brazo con él?
Pues me iría con él de verbena
y a los toros de Carabanchel.”
En lo que fue la
antigua carretera que subía de Carabanchel Bajo a Carabanchel Alto llama la
atención una puerta o fachada con marquesina del mejor estilo art nouveau que
da entrada a la Colonia
de la Prensa ,
la primera ciudad residencial para periodistas que hubo en España y de la que sobreviven
todavía treinta o cuarenta chalets u hotelitos modernistas que merecen una visita si se pasa por allí. Calles tranquilas y recoletas con
magnificas construcciones y jardines que conservan restos y rincones que forman parte de la memoria colectiva de los madrileños.
Ahora, en Carabanchel
ya no hay ricos ni emperatrices de Francia, aunque algún periodista queda y
quedará. Es un distrito donde viven clases medias y trabajadoras, de esas del
común pero que tienen el mérito de haber levantado España en su día. Algo de
mala fama le vino al barrio por ubicarse allí desde la posguerra hasta 1999 la
tristemente célebre Prisión Provincial, pero en cuyo emplazamiento nada
tuvieron que ver los vecinos, que solían decir a modo de defensa “Yo vivo en
Carabanchel, pero fuera”. Ya fue derribada y en su lugar queda un inmenso solar
a la espera de destino.
Y, sin embargo, y a
pesar de su historia, los carabancheleros son “de clase baja”, o eso le ha espetado
una diputada socialista al consejero y Portavoz de la Comunidad de Madrid,
Salvador Victoria, oriundo del barrio, que ha respondido admitiendo "con
orgullo" ser "de clase baja, de Carabanchel y a mucha honra". Como debe ser.
La desafortunada intervención ha generado un montón de mensajes
en Twitter que bajo la etiqueta o hashtag #orgullocarabanchelero colocan a la
prócer en su sitio. Y es que a estos progres se les ve el plumero, pues muchos viven —o se van a vivir en cuanto pueden— a las mejores zonas,
porque la clase obrera es la que va al paraíso pero ellos se buscan rápido el Edén
en este mundo, por si las moscas. Viva la lucha de clases, sí señor
Pero, sobre todo, Viva
Carabanchel.
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