martes, 3 de mayo de 2011

El desprecio de Mayo

Martes, 12 de Floreal del año CCXIX.

Este dos de Mayo, el zetapédico gobierno ha hecho nuevamente un desprecio a los madrileños, cosa desgraciadamente bastante frecuente. Ni un solo miembro del gabinete (en funciones) del doctor ZP se ha dignado asistir a los actos de la fiesta de la Comunidad de Madrid, lo que no ha ocurrido nunca ni en esta ni en ninguna otra comunidad autónoma, que se sepa.

Está claro que se han tomado el día festivo, quizás para descansar de la agotadora jornada del día anterior —Fiesta del Trabajo, o del Paro, según se mire—en la que “millones de trabajadores” se echaron a las calles para mostrar si inquebrantable adhesión al gran Ejecutivo progresista y su acertada gestión en materia económica y laboral (fin de la ironía).

Eso sí, para compensar han mandado al ínclito Tomás —y no digo más— supuesto rival de Esperanza Aguirre el próximo día 22. Y dice “supuesto”, porque se le augura menos porvenir que a un submarino debajo de un grifo.

El Dos de Mayo es una fecha muy importante, no sólo para los madrileños sino para todos los españoles, de ahí que el no acudir a los actos quede bastante mal. Conviene recordar que ese día de 1808 y los siguientes murieron muchos patriotas por la Libertad y la Independencia de España, esa nación cuyo concepto es discutido y discutible para algunos.

De todas formas, nada sorprende ya con estos desgarramantas que sólo parecen querer gobernar para una parte de la sociedad, es decir, los suyos o los que les apoyan a cambios de prebendas y competencias, mientras que los “otros”, como es el caso de los madrileños, son sistemáticamente castigados por no ser socialistas ni seguir los postulados vetustos de la izquierda.

Pues que no vengan, que no ofenden quien quiere sino quien puede. Y el año que viene que no se les invite, que además deslucen los actos.

domingo, 1 de mayo de 2011

Imparcialidad y entes públicos

Domingo, 11 de Floreal del año CCXIX.

Nunca me gustó como lo hace la tal Ana Pastor, pues se le ve el plumero bastante escorado a la izquierda. Dicen que su marido es el director de la Secxta, y aunque esto en sí no sea una prueba dice bastante, por aquello de que los dos que duermen en el mismo colchón son de opiniones similares, generalmente.

Por otra parte, ya se sabe que un periodista no puede ser imparcial. Es algo inevitable porque todos somos humanos, pero si se está en un medio público por lo menos hay que disimularlo y no hacer entrevistas de distinto rasero en función de la ideología del entrevistado. A nadie se le pasa por la cabeza que la susodicha vaya a tratar igual a Aguirre que a Rubalcaba, y sin embargo debiera ser así, aunque en la realidad es muy difícil.

Al final siempre se vuelve a lo mismo. Los medios públicos son inviables porque no pueden ser objetivos, ya que dependen del gobierno de turno, y además son carísimos; por eso lo mejor es que se privaticen. Cuando leemos (los que los lean) el diario prosaico o el tebeo Pumby —que diría Federico— podemos soliviantarnos y abrirnos las carnes dada la línea editorial de los mismos pero no podemos quejarnos, pues no los pagamos con nuestros impuestos.

Sin embargo, RTVE la costeamos todos, al igual que ocurre con las restantes televisiones públicas autonómicas. Y nos cuestan mucho: unos dos mil millones de euros. El ahorro por la congelación de las pensiones supone sólo 1500 millones, lo que quiere decir que si no existieran estos entes mastodónticos y gastosos, los abuelos no habrían tenido que ver como su magra pensión queda estática, mientras que el imparable coste de la vida y la crisis los machacan a tutiplén.

Fuera televisiones públicas, todas. Además, son aburridísimas (Bueno como las demás, pero éstas no nos cuestan).

martes, 29 de marzo de 2011

Demagogia

Llega la primavera a este blog y como se dice que la sangre altera, a este bloguero se le ha alterado el intelecto y ha empezado a elucubrar. Por eso, trae hoy a cuento este “conceto” que todo el mundo usa para desprestigiar al contrario, pero que casi nadie sabe lo que es. Así, cuando un adversario, por ejemplo, pregunta la hora, es muy fácil contestarle: “No hagas demagogia”. A un servidor eso de la demagogia le suena a antropofagia, aerofagia, zoofilia o similar, pero parece ser que por ahí no va el tema.

Teóricamente, la demagogia es apelar a las emociones de la plebe para ganar sus favores, lo cual es una obviedad. Todo el mundo sabe que hacerle la pelota al pueblo queda muy bien y gana votos, según lo cual todos los políticos serían demagogos, lo que evidencia que este concepto es un absurdo en sí mismo. El ser humano vive de sensaciones agradables y desagradables y, desde luego, prefiere las primeras —salvo los masoquistas— por lo que a todos nos gusta que nos regalen los oídos escuchando lo que queremos escuchar.

Los eruditos (que son los erudos cuando son pequeños) distinguen varias formas de demagogia. Veamos algunas.

1) La falacia o sofisma. Es un razonamiento malo que parece bueno. Por ejemplo, el que es progresista cree que se halla en el camino correcto, porque asume que el progreso siempre es bueno, mientras que el conservador o cualquiera que quiera preservar una serie de valores sería una especie de monstruo casposo y rancio (de hecho, así nos llaman).

Un sofisma muy utilizado es el argumentum ad populum, según el cual el pueblo es sabio y no se equivoca (“es lo que quiere el pueblo”). Hace siete años, una gran parte de ese cúmulo de sabios decidió que Zapatero era el mejor. Hoy, nadie lo cree (bueno, salvo Zapatero).

2) La manipulación de los significados, que conduce al relativismo. Nada es como se dice, sino como queremos. Así cuando queremos contentar a los separatistas, decimos que la nación española es un “concepto discutido y discutible”.

3) La redefinición del lenguaje, muy orwelliana ella. Se elimina palabras incómodas o políticamente incorrectas sustituyéndolas por otras más modernas y del gusto del sistema (la “guerra de Libia” no es una guerra: es el cumplimiento de una resolución de la ONU o, simplemente es “la crisis de Libia”):

4) El jugar al despiste, lo que se plasma en el conocido diálogo:

¿Dónde vas?

Manzanas traigo.

Una variante muy utilizada del despiste en círculos políticos es la demagogia numérica (o estadística fuera de contexto). Esta táctica es usada por algunos tertulianos y políticos progres cuando se les recuerda la crisis económica. Automáticamente comienzan a desgranar un rosario de cifras macroeconómicas incomprensibles para que nadie se entere, pero que dan una sensación de solidez en los argumentos indefendibles que sostienen.

5) La demonización del contrario. Aquí no hace falta explicar nada, porque todos ya sabemos lo que es y hemos sufrido las iras, críticas y reproches de amigos, familiares y conocidos que nos tachan de radicales, fachas y otras lindezas.

6) La dicotomía o falso dilema. Es el clásico “o estás conmigo o estás contra mí”, y si estás contra mí, eres malo (vuelta a la demonización) También muy conocido.

Durante estos siete años, la izquierda ha usado estos argumentos. Perderán ahora, pero los seguirán usando. Es su naturaleza.

viernes, 11 de marzo de 2011

A siete años de la infamia


Viernes, 20 de Ventoso del año CCXIX. Jour de cordeau (el cordel, del que se tira para deshacer el ovillo)


Soy un ciudadano a secas. No dispongo de información confidencial ni he leído el sumario. Tampoco he investigado el tema como han hecho otros, algunos con un noble propósito y unos pocos para elucubrar teorías disparatadas. Sólo sé lo que casi todo el mundo sabe, pero con eso es suficiente como para tener la certeza de que casi nada sabemos sobre tan luctuoso suceso.


No sé quien lo hizo, pero sí se, o eso dicen los expertos, que los terroristas islámicos se suicidan en el lugar del atentado para ocupar un lugar privilegiado en su paraíso.


No sé qué explosivo se utilizó pero he trabajado con cromatografía de gases y si sale DNT en una muestra, es que había DNT en ella. Y ese componente no existe en la goma 2 ECO y sí en el Tytadine, según leo en la información que hay disponible.


No soy detective ni policía, pero no hace falta serlo para recelar cuando, después de recogerse miles de muestras en el lugar de los hechos, al juicio solo llegan unos cuantos tornillos y restos de polvo de extintor.


No soy técnico en electrónica pero un artefacto explosivo con los cables desconectados no suele explotar, como ocurrió con la famosa mochila de Vallecas.


No soy abogado, pero la intuición me dice que los que se sentaron en el banquillo no tenían mucha pinta de peligrosos terroristas islámicos. Puede que me equivoque, eso sí.


No. Solo soy un españolito de a pie que no entiende muchas cosas. Que no entiende cómo se desguazaron los trenes cuando en otros atentados o accidentes se guardan durante años los restos del coche o aparato siniestrado e incluso se recomponen los trozos uno a uno para saber que pasó. Que no entiende porqué cualquier intento de seguir esclareciendo el 11-M es obstaculizado o no es bien visto. Que no entiende porqué la mayoría de los medios de comunicación no ponen más empeño.


Solo soy un ciudadano a secas. Que no se cree muchas cosas. Que quiere saber la verdad. Un conspiranoico, sin duda.


Por ellos. Por nosotros. Por todos.


viernes, 4 de marzo de 2011

...Pero era un hombre valiente


Viernes, 13 de Ventoso del año CCXIX. Jour de fumeterre (fumaria).

No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente…

Comienza así la más famosa obra de Pérez Reverte, dedicada a Don Diego de Alatriste y Tenorio, aquel espadachín que en sus tiempos de gloria se había batido el cobre como soldado de los tercios Viejos en las guerras de Flandes. Eran tiempos duros aquellos del comienzo de la decadencia del Imperio y los grandes pensadores advertían ya del ocaso. Don Francisco de Quevedo miraba los muros de la patria suya —que es la nuestra— y los encontraba desmoronados a la par que avisaba de la caducidad de la valentía, quizás por la acomodación a la buena vida o simplemente por el aburrimiento que se origina por creer que el esplendor es perpetuo y no hay que renovarlo.

Desde los albores de la civilización, los españoles fueron un pueblo valiente y emprendedor. Combatieron a los romanos y perdieron, pero fueron capaces de integrarse en aquella cultura que, junto con el cristianismo, sentó las bases de la civilización occidental. Lucharon durante ocho siglos contra la morisma hasta derrotarla, y lo consiguieron porque defendían la cultura y los valores que les dejaron sus ancestros. Descubrieron luego un nuevo mundo e instauraron un Imperio cuyos confines se extendían por todo el orbe.

Comenzaba en tiempos de Alatriste la decadencia, aunque a la vez surgía un Imperio de las Letras y las Artes que no ha tenido parangón en la historia y que compensaba las sombras que se cernían sobre aquella España de los Austrias. Pero todavía quedaba algo de valentía, e incluso duró hasta principios del XIX cuando se derrotó al ejército más poderoso del mundo que había invadido nuestra Nación con engaños y artimañas, saqueándola y llenándola de oprobio.

Desde entonces y hasta ahora aquel espíritu audaz que caracterizaba a las gentes humildes de Hispania —pobres e incultas si se quiere, pero valientes y con honor—, se ha ido diluyendo en una mezcolanza de odios mutuos, barrigas llenas y adoctrinamiento en lo que se debe ser y cómo hay que ser. Vivimos en una sociedad en la que se tiene la sensación que va a acabar de un momento a otro, presa de su estulticia y de su inacción y en la que sólo priman el interés particular, la buena vida y el “que a mí me dejen en paz y que otro se encargue de ello”.

Quedamos pocos, muy pocos, que seguimos creyendo en aquellos valores que nos legaron nuestros antepasados: Patria, Libertad, Justicia, Honor, Progreso (que no progresismo). Para seguir sosteniéndolos hace falta valor, pues el orden que algunos establecieron tiene su propia escala interpretando estos conceptos a su modo —por ejemplo, “nación discutida y discutible”— y considerando subversivos a quienes no se acomodan a dichas interpretaciones.

No seremos piadosos; incluso a veces podemos pecar de deshonestos pues el ser humano es débil, pero no perdamos la valentía aunque tengamos miedo. Recordemos que el valiente solo muere una vez mientras que el cobarde lo hace muchas veces a lo largo de su vida. Continuemos en la Resistencia.

España y Libertad.

Fuerza y Honor.

viernes, 11 de febrero de 2011

Cuando la vida depende de un mosquito

Jueves, 21 de Pluvioso del año CCXIX. Jour de thlaspi (planta también conocida como zurrón boliviano y que nada tiene que ver con el del jersey).


Todos aquellos que se dedican —o que en su día nos dedicamos— a esa noble profesión que es la Sanidad, sabemos del valor principal que es la vida. Su importancia es primordial y ello hace que se sitúe por encima de cualquier otra cosa, lo que implica que haya que sacrificar a veces otras vidas, aunque suene duro. Nadie se plantea que hay que matar (o que otros maten) para poder comer, pues incluso la dieta vegetariana implica sacrificar plantas. De hecho, el león se zampa una jirafa sin sentir el más mínimo remordimiento y el pez grande se come al chico tan ricamente y sin pensar que algún día puede terminar él mismo formando parte de la zarzuela (de la zarzuela de pescado, obviamente), pues los animales viven en el presente y no se cuestionan su destino, ni como terminarán, ni a quien se comerán.


Cuando combatimos una infección, no nos paramos a pensar que el antibiótico que nos salva está destruyendo millones de pequeñas formas de vida microscópica pues la elección es clara: o los bichitos o nosotros. Sin embargo, y aunque parezca pasmoso, existen personas que empiezan a cuestionar en algunos casos la supervivencia del ser humano en aras del ecologismo extremo y mal entendido (los ecolojetas, vaya).


El dengue es una enfermedad producida por un virus que mata a miles de personas al año en todo el mundo, principalmente en las zonas tropicales de América y África. El virus se transmite por la picadura del mosquito Aedes aegypti, que asimismo trasmite el virus de la fiebre amarilla. Recientemente, un grupo internacional de científicos estableció una línea de investigación para acabar con el insecto y así con estas enfermedades, pero han tenido que dar marcha atrás en su proyecto.


http://findesemana.libertaddigital.com/el-dengue-debe-esperar-1276238545.html


El experimento consistía en liberar al medio una variedad de Aedes aegypti modificada genéticamente para producir una progenie defectuosa que muere pronto. De este modo, las sucesivas mezclas de mosquitos sanos y enfermos originarían crías con escasas posibilidades de supervivencia y se conseguiría hipotéticamente la erradicación del insecto al cabo de un tiempo.


Pero llegaron los de siempre y pusieron el grito en el cielo. Eliminar un bichejo de la faz de la tierra, aunque sea perjudicial, para salvar vidas ¡Quita, quita! Se acabó el experimento. Si por algunos fuera, todavía andaríamos en el Jurásico y dándoles las gracias a los dinosaurios por devorarnos. No opinarían lo mismo seguramente si a ellos les pudiera tocar la china o el bicho, en este caso.


Y es que siempre fue muy cómodo pronunciar teorías con el culo sentado en el calentito sofá de Occidente.



martes, 25 de enero de 2011

De la mano

Martes, 5 de Pluvioso del año CCXIX de la Revolución. Jour de taureau (el día del toro).

Mientras el paseante camina por las calles en sus quehaceres diarios observa cómo se despliega la vida en ese abanico cotidiano de múltiples y sencillas manifestaciones, que precisamente las que tienen importancia en este mundo y no otras. Un perro que juguetea con su dueño, unos niños que vuelven de la escuela, los árboles del parque…lo que sea y quien sea, pues todo tiene su papel en esa maravillosa obra que es la Creación.

En esa sinfonía de personajes, lugares y cosas llama la atención un cuadro que últimamente a este observador le ha hecho reflexionar e incluso le ha alegrado alguna mañana. Son parejas cogidas de la mano, cosa nada sorprendente en principio para estos tiempos; pero la cosa cambia si no se trata de las parejas habituales en las que todos estamos pensando.

Son ancianos, entrañables y venerables, que unen sus manos como si fueran jóvenes otra vez o como si siempre hubieran vivido un noviazgo perpetuo. No se resisten a proclamar su unión y huyen de ir simplemente cogidos del bracete, gesto más recatado y hasta ahora más frecuente en las personas mayores. El amor se siente en esas manos unidas que desafían el paso el tiempo. Un amor que ha vencido todos los obstáculos de muchos años de convivencia, que ha superado mil discusiones, que ha vencido a la rutina. Ahí es nada.

Cuando uno es adolescente sueña a veces con absurdos que entonces se le antojan románticos como, por ejemplo, eso de que queda bien el morir joven. Obviamente, esas gansadas se piensan cuando se ve la ancianidad como algo lejano e incluso terrible, pero el tiempo todo lo cura y al final se impone el pragmatismo y la razón. Quizás por eso hoy día proclamo que me gustaría ser como esos novios-abuelos dentro de unos años, cuando el invierno de la vida llame mi puerta, y poder bailar pasodobles con mi esposa en el Hogar del Pensionista para luego marcharnos a casa juntos de la mano. Como en los buenos tiempos.

Aunque siempre hubo buenos tiempos. Y así que sigamos.