Acertó Valle-Inclán cuando creó el esperpento y más aún acertó Dios por situar al gran Don Ramón María en esta tierra de España, donde la tragedia se viste con el traje de la deformidad grotesca que se origina en los espejos del callejón del Gato. Sería imposible que en otro lugar acaecieran los tamaños despropósitos que aquí acontecen y se vistieran de tan aparatosos oropeles para ocultar el absurdo de su esencia, como aquella mona que se vestía de seda y seguía siendo mona. Y España sigue siendo España, para bien o para mal; y todos se siguen disfrazando para parecer distintos, aunque todos saben lo que son.
Sólo en la vieja y castigada Hispania ocurren situaciones tan chocantes como aquella en que los que menos se sienten nativos —o simplemente, se sienten “distintos” e incluso a veces distantes— dominan gracias a componendas políticas que la mayoría incomprensiblemente admitió para no molestar. Y ya tenemos otra vez el tinglado “montao”, ahora en forma de pinganillos que cuestan sus buenos dineros para traducir a los compatriotas, aunque luego, a la hora de la pitanza o del refrigerio, todos en el bar se entiendan perfectamente en el mismo idioma y se zampen unas tapas en amor y compañía sin acordarse de los cascos (léase en minúscula) que hace un rato tan urgentemente precisaron.
Tiempos son éstos de oscuridad y de realidad deformada con millones de personas que pugnan en el valle de lágrimas del desempleo mientras se dilapida el dinero público, ese que no es de nadie, en resucitar la Torre De Babel; y para más añadidura en una institución que muchos opinan prescindible y cuya operatividad es cuasi nula. Mal presagio, malo, porque las maldiciones bíblicas por algo vienen, si bien esta vez Dios no castiga a los hombres por querer ser más, sino que ellos mismos se castigan por querer estar cada vez más separados y ser cada vez menos, aunque sólo sea a nivel territorial.
La Historia es benévola, pero la paciencia del tiempo tiene un límite. El canciller Bismarck dijo una vez “El español es un gran pueblo; durante siglos sus gobernantes han intentado acabar con él y no han podido”.
A lo mejor esta vez sí pueden. | |
jueves, 20 de enero de 2011
El pinganillo/ El pinganet / Pinganilloak / O pequeno chintófano
jueves, 6 de enero de 2011
Reflexiones para el Año Nuevo
Sábado11 de Nivoso. Año CCXIX de la Revolución. Día del granito o piedra berroqueña (material componente del rostro de algunas personas). La vida nos ofrece momentos que suceden todos los días, pero algunos acontecen contadas ocasiones en la vida, cómo éstos primeros días del nuevo año. La verdad es que nunca me gustaron estas fechas y preferiría huir del mundanal ruido para dedicarme a cualquier cosa menos al absurdo de celebrar eventos que prometen mucho y terminan en nada, salvo en indigestiones y terribles resacas que nada benefician al organismo ni al espíritu. Pero al final siempre hay que felicitar el Año Nuevo a todos, incluso a los gestores (por llamarlos de algún modo) de la cosa pública, responsables de un crudo invierno político y económico que se prolongará probablemente durante cientos de meses y que todos padeceremos. Acabarónse, pues, los manteles llenos de restos de cenas opíparas y las vacas gordas. Disfrutemos el presente, que es lo único que tenemos, y además es gratis. Ahora es el momento de los buenos propósitos como, por ejemplo, quitarnos esa tripa que ha alcanzado proporciones críticas o dejar de fumar. Las crisis económicas y las prohibiciones varias harán que nuestras promesas sean infinitamente más fáciles de cumplir. Celebremos, pues la ventajosa situación y demos gracias a ZP por facilitarnos la tarea. Dicen que los cambios alteran las condiciones de las personas. Gran verdad. El número de individuos que echan pestes del gobierno aumenta exponencialmente de modo vertiginoso y supera enormemente al de aquellos que antaño lo apoyaran —islamistas, nacionalistas, feministas, amantes de la memoria histórica y progresía variada— aunque alguno quedará, sin duda. Parece que en este caso la escasez incrementa la cordura, pero ésta llega tarde, muy tarde. Alguno llevamos años diciéndolo y las profecías se han cumplido, pero nada mágico hay en ello; simplemente la constatación de que las quimeras imposibles siempre están destinadas al fracaso. Puede que, al fin, cambie nuestra suerte y la de nuestro país, que de malos agüeros ya andamos sobrados. Es difícil, pero no hay que perder la Esperanza. Por eso, desde su rincón del ciberespacio, el Emperador felicita a todos los blogueros este 2011 que presagia tiempos duros pero apasionantes en la batalla dialéctica de las ideas. Recordemos que lo importante es conseguir que el preboste sentado en la poltrona mayor abandone esa ilusión errónea que le mantiene vivo políticamente. Y de paso, abandone también la poltrona para dedicarse a otros menesteres que le hagan más feliz y a nosotros también. El año Nuevo llega y quizás con él la renovación (o no) en forma de gallego teledeportista y fumador de puros. Pero, como se dice vulgarmente, “nunca pasa nada”. Todo en la vida ocurre ahora mismo. Feliz año, que es lo principal. | |
viernes, 10 de diciembre de 2010
Cuba, otra vez España
Hay ideas que pueden parecer sueños imposibles pero no por eso dejan de acariciarse pues en las mismas late la esencia de todos nosotros que un día estuvo y que siempre estará. Hace años, Cuba era española; ahora, numerosos intelectuales y exiliados cubanos piden que vuelva a ser una Comunidad Autónoma de España.
http://cuba21.blogspot.com/2007/04/cuba-espaola.html
Las razones de tan insólita pero deseable opción no hay que buscarlas sólo en el afán de librarse del régimen castrista.
Conviene recordar que Cuba siempre fue España. Había dejado de ser una colonia en muchos aspectos y los cubanos eran españoles por nacimiento. Quizás si la autonomía que se le concedió hacia 1870 se hubiera desarrollado adecuadamente, otra hubiera sido la historia (parece ser que los partidarios de la autonomía de entonces eran más que los de la independencia). Pero, además de los errores de España, la causa fundamental de la pérdida fueron los intereses del “amigo americano” que siempre ha ansiado el control de
Las ventajas de la unión de Cuba a España serían evidentes para ambos países; Cuba podría modernizarse y España beneficiarse de los recursos cubanos. Pero los inconvenientes son muchos. Obviamente, los Estados Unidos no la verían con buenos ojos, teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto y ya harían lo suyo porque no cuajara. Por otra parte, el coste económico para España sería muy elevado y más en la situación en que ésta se halla, y en Bruselas tampoco es de suponer que anden por la labor.
A pesar de todo, las ideas románticas nacen en el corazón y la fuerza de éste a veces puede con todo. Por eso, este que escribe no puede sino ser partidario de esta unión. Sin embargo, no deja de ser triste que, mientras unos quieren volver, otros españoles quieren marcharse. Y estos están bastante más cerca, aunque sólo sea en distancia.
Fuerza y Honor.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Trece rosas y una Basílica
La mañana del sábado caía un frío húmedo y cortante sobre Madrid; más todavía en el cementerio de la Almudena, como si el soplo de la muerte alimentase el gélido día y lo convirtiera en ventisca de dolor y soledad. Ello no me impidió acercarme con mi esposa a visitar las tumbas de mis padres y abuelos, que hacía ya tiempo que no iba y los muertos no deben quedarse solos, como decía Bécquer. De hecho, andan en la Mejor Compañía, pero nunca está de más llevar unas flores y una oración a aquellos que viven y siempre vivirán en nuestro recuerdo.
En esto andábamos mi señora y yo (más ella que yo en lo de los arreglos florales, pues siempre he sido muy manazas) cuando pasó un señor que iba a visitar la tumba de su hermano. Entablamos conversación y, tras una breve charla, nos habló de un lugar situado al lado de la puerta de O´Donell, a escasos cien metros de la tumba de mis padres y que yo desconocía tan cercano. Allí habían fusilado en 1939 a unas muchachas republicanas a las que se conoce como las Trece Rosas —existe una película sobre el tema, que no he visto— y el hombre dijo que se iba a ver el sitio. Nos despedimos, encaminándose él hacia allá junto con su hijo que le acompañaba.
Por un instante, me dije que no iría. Sin embargo, logré vencer el sectarismo momentáneo; los muertos no son ni de derechas ni de izquierdas y merecen respeto. No recordaba tampoco que aquellas mujeres estuvieran implicadas en delitos de sangre, que yo sepa, de modo que me acerqué.
El lugar es impactante. Entre las paredes de columbarios queda un espacio de tapia que es un auténtico paredón de fusilamiento; la perspectiva desde la que se contempla es la misma que debieron tener aquellos que en su día apretaron los gatillos, sembrando ese plomo de muerte que siega las vidas al amanecer. Pensé en todos los que habían muerto en aquella guerra de esta horrible forma y sentí una mezcla de compasión y pena ¿Por qué el trágico destino de España hace que tengamos que enfrentarnos permanentemente unos a otros de una u otra forma? Me santigüé y me marché de aquel lugar con cierta amargura, esa amargura de ser español de la que habla Pérez Reverte y que tan bien se refleja en los magistrales libros del capitán Alatriste.
Al día siguiente, otra jornada también lluviosa y fría, cuando todavía andaba reflexionando sobre las vivencias de ayer, los monjes de el Valle de Los Caídos celebran la misa del domingo en la explanada exterior; la basílica permanece cerrada desde hace meses con excusas vacías y nada convincentes. Allí están enterrados un dictador y el fundador de la Falange, sí, pero también numerosos muertos de ambos bandos. Y todos, desde los primeros hasta los segundos ya no son tampoco ni de derechas ni de izquierdas.
Decía precisamente José Antonio que ser español “es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo”. No sé si es cierto, pero desde luego es de las más tristes que existen.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
El orden anal-fabético
Cuando servidor era sólo un joven estudiante, molestaba en sobremanera tener un apellido cuya inicial correspondía a una de las últimas letras del alfabeto, pues ello acarreaba diversos trastornos logísticos. En la Universidad donde estudié —es un decir— los grupos se establecían por orden alfabético o analfabético (nada que ver con perversiones a base de vibrador o así), de tal manera que este imperial servidor que os escribe se veía relegado al turno de tarde por el trágico destino de no llamarse Abad o Alvaar Aalto. Hay que citar, no obstante, que éste último es poco frecuente en la tierra de las Mil Naciones entre otras cosas porque se trataba de un diseñador finlandés que inventó el mueble estilo nórdico, mientras que aquí nos hemos dedicado a otras grandes contribuciones a la tecnología mundial como son el botijo y las rosquillas del Santo.
Tamaña discriminación por semejante fruslería onomástica no hubiera sido consentida hoy por los fervientes seguidores de la igualdad, pero entonces ningún grupo progre o similar rebelóse ante tan arbitraria e injusta medida. El asistir a unas aulas semivacías (el número de alumnos era menor que el turno de mañana) era descorazonador, había mucho menos ambientillo que por la mañana, y al salir de clase el negro manto de la fría noche madrileña de invierno invitaba más a recogerse en casa con la mantita de cuadros y el cucurucho de castañas que a lanzarse a las calles en busca de mil aventuras mañaneras o a una buena sesión de cervezas con los amigos que a veces terminaban en juergas atroces para la cabeza y el epigastrio.
Afortunadamente pude cambiarme de grupo tras una tarea cuasi epopéyica y el tema se solucionó. Sin embargo, hoy día y gracias al igualitario gobierno que nos asiste los problemas de antaño no hubieran sido. El orden alfabético es la solución taumatúrgica que remediará todos aquellos “conflitos” que pudieran plantearse. El azar, caprichoso cual romántica damisela de antes de los Aídos, establecerá si somos los últimos de la lista o los primeros. Y cuando seamos mayorcitos, nos podemos cambiar de apellido y todo escogiendo siempre el que antes vaya para no quedar atrás, o incluso sustituirlo por uno nuevo. Gran chanza y regocijo se planteará entonces cuando al echar mano de la lista, la enfermera de turno, el funcionario de turno o el que sea de turno comprobará mesándose los cabellos que no sabe a quien llamar primero, pues todos se llaman igual:
— ¡Aarón Aab Aab!
— ¡Presente!
—No, aquí yo
—De eso nada, servidor y picapedrero.
De este democrático modo, todos entrarán a la vez en la consulta o en la cola del paro (esta última bastante más numerosa) y se darán de puntapiés para ver a quien atienden primero.
Y, sin embargo, al fondo siempre quedará un señor bajito y callado que al margen de la algarabía permanece silente y a la espera de que todo aquel follón acabe y los traumatólogos terminen su trabajo.
— ¿Y usted?
— No, yo me llamo Zoroastro Zapatero y mi progenitor A quiso mantener su apellido porque quedaba muy progresista. Por eso ahora yo no progreso adecuadamente.
¡Ay, viejos tiempos de la LOGSE cuando dos y dos eran cinco! Llegaremos a añorar estos grises tiempos; los siguientes serán del color de la hormiga que no es roja.
Fuerza y Honor.
martes, 2 de noviembre de 2010
La eterna oposición
En estos húmedos —aunque nada libidinosos— días de principio del otoño, se sacude el Emperador la pereza de los dedos y la mente e intenta volver a escribir en su blog, que cuatro años de actividad bloguera son muchos y más aún cuando ya se ha escrito de todo lo divino y lo humano. La falta de hábito hace que las ideas se emboten y no se sepa de qué hablar.
Dignos de admirar son aquellos que continúan en la brecha del ciberespacio, y quizás su fortaleza es la que anima a este imperial servidor vuestro a escribir de nuevo. Si bien la sensación de estar predicando en el desierto sigue latente en el ánimo, a ella se le opone un pequeño atisbo de esperanza que tiene incluso atisbos de certeza. Ahora sí que parece verse el final de esta época zapateril que tanto nos ha contrariado, pero a la que hemos de estar en parte agradecidos por haber sido el detonante de nuestra vocación de escritores y periodistas aficionados (la frase es del mi primo Cualquie, gran maestre del ciberespacio y chantre catedralicio de la catedral de Socuéllamos que diría el gran Tip, a quien Dios tenga en su sonrisa). Y es por ello que la cuestión mueve a la reflexión que se plasma en estas líneas o, mejor dicho, debajo de ellas.
A cuenta del final previsto, se nos plantea un problema asaz delicado. Si, por ventura, Zapatero es jubilado para gran alegría del pueblo español ¿con quién nos meteremos? ¿Será capaz Mariano de dar grandes tardes de gloria a
El que esto escribe no votará a Rajoy; su excesiva tendencia a la corrección política y la deriva autonomista del PP lo hacen imposible de momento. Sin embargo, se alegrará si gana pues cabe suponer que un gobierno Popular no cometerá los terribles desaguisados perpetrados por el socialismo y arreglará algunas o bastantes cosas, según le dejen.
No obstante, para aquellos que llevamos la rebeldía en nuestros genes, la intuición nos dice que debemos seguir en la oposición, pues siempre habrá errores que señalar y propuestas que sugerir. Y en ello estamos y estaremos, con Mariano o con ZP*.
(* = no lo quiera Dios)
Fuerza y Honor.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Razones para no ir a la huelga
Porque está convocada por unos sindicatos que sólo representan a una ínfima minoría de los trabajadores y que además se han caracterizado hasta ahora por apoyar las políticas económicas del gobierno de España que no han servido para frenar la crisis, sea cual sea su origen, que de esto también habría mucho que hablar (sí que empezó por especulaciones, hipotecas basura y otros asuntos pero todos son culpables en endeudarse y de que la crisis llegase: la gente que alegremente se metía en créditos y en gastar sin ton ni son, y los políticos que hicieron lo mismo). La convocatoria no deja de ser un paripé para que no se diga que los sindicatos no hacen algo de oposición.
Porque España no puede permitirse precisamente en esta época de escasez dicha “demostración” de no se sabe qué. Algunos expertos cifran entre 10.000 y 15.000 millones de euros las pérdidas por esta jornada de huelga. Desde luego así no se arreglará lo de los 4 millones de parados ni los recortes ni las congelaciones ni las subidas de impuestos.
Porque la huelga general no deja de ser un acto político de tintes revolucionarios que no tiene razón de ser en una sociedad moderna. De hecho, en algunos países democráticos está absolutamente prohibida, siendo sólo legales las huelgas por reivindicaciones salariales o sociales de un sector concreto. Quien quiera protestar puede manifestarse en la calle libremente.
Porque hay una manera más racional de gestionar el dinero: Lucha real contra el fraude fiscal, eliminación de privilegios a los políticos (pensiones vitalicias por 2 legislaturas, asesores, coches oficiales, despachos, secretarias), drástica reducción de subvenciones, menos gastos superfluos y menos administraciones que son insostenibles o de poca utilidad, además de ser en algunos casos un instrumento para debilitar al Estado. Menos (o ninguna) autonomías, menos (o ninguno) Senado, menos Diputaciones provinciales, forales, etc. (o ninguna). Y también menos Ayuntamientos, que muchos municipios pequeños podrían juntarse en unos solo.
Seguro que a todos se nos ocurren más razones...