domingo 11 de septiembre de 2011

Reflexiones sobre un conflicto


Es inicio de curso, pero las aguas bajan revueltas en el océano de la enseñanza pública. Ello me mueve a unas reflexiones que intentarán ser lo más asépticas posible, puesto que éste que os escribe hace ya tiempo que no se casa con nadie (salvo con su señora, y fue hace tiempo) y da la razón a quien cree que la tiene, independiente de su ideología.

Las razones de la protesta son, básicamente, las instrucciones de inicio de curso que se han publicado en algunas Comunidades Autónomas, aunque el caso con más carga mediática es el de la Comunidad de Madrid. En ellas se establece el aumento de horas lectivas (es decir, las que son de clase pura y dura) a los profesores, que pasan de 18 a 20. Esta decisión es absolutamente legal, puesto que la LOE promulgada por el actual gobierno de España, establece que dicha carga lectiva será de 18 a 21 horas.

Los medio de comunicación han actuado pésimamente (e incluso manipulando en algunos casos) dando a entender a la opinión pública que los profesores trabajan 18 horas a la semana y se quejan porque tienen que trabajar dos horas más. Esto es absolutamente falso. La jornada de un profesor es de 37,5 horas semanales, de las cuales 27 han de ser de obligada permanencia en el centro, es decir que además de las clases, ha de hacer 6 o 7 horas más en el Instituto, bien sea haciendo guardias —tarea espantosa en muchos casos y que consiste en cuidar a los alumnos de un grupo que ese día no tienen profesor (por enfermedad o ausencia) —, reuniones varias, preparación de actividades, atender a los padres y demás. El resto, es decir unas 10,5 horas, se pueden hacer en casa, pero suele ocurrir que en la práctica estas tareas domésticas sean muchas más, pues incluyen el corregir trabajos, exámenes, preparar exámenes, prepararse las clases que han de impartir los días siguientes, etc.

Ningún profesor se niega a tener dos horas más de clase. El asunto está en que dicho aumento permite a las Administraciones contratar un número sensiblemente menor de profesores interinos, es decir, que no son funcionarios de carrera. Es lógico en estos tiempos apretarse el cinturón, pero hemos de tener en cuenta que esa disminución conlleva el que los profesores de plantilla tengan que hacer más actividades extra (y no me refiero a las dos horas de clase de más) lo cual redunda en la calidad de la enseñanza. Además, no parece acertado contribuir significativamente al aumento del número de parados; si puede recortarse en otros campos, mejor sería.

La mayoría de los docentes tienen esta idea y han protestado por las medidas, incluso sindicatos profesionales independientes. Pero las izquierdas ya han encontrado el terreno abonado y ha comenzado la campaña de agit-prop correspondiente. ¿Se imagina alguien esta trifulca si el gobierno regional de Madrid estuviera a cargo de los socialistas? Sinceramente, no. La protesta hubiera sido ultra-light, como aquellos cigarros que no sabían a nada aunque costaban igual.

Creo en la Enseñanza pública, al igual que creo también en la Sanidad pública. En ellas hay excelentes profesionales que se han ganado su puesto después de duras oposiciones y concurso que han supuesto años de estudio y de esfuerzo. La Enseñanza y la Sanidad son servicios esenciales que no se pueden dejar totalmente en manos de lo privado. Seamos liberales, pero no le demos oportunidades a la izquierda, que lo están deseando.

Todos tienen culpa, todos lo pagaremos.

1 comentarios:

Wolfson dijo...

Magnífico artículo poniendo las cosas en su sitio.

Me alegro enormemente de coincidir contigo en el planteamiento del problema, en la exposición de la situación que se vive en Madrid. Porque la situación se plantea en Madrid, donde por todos los medios se trata de arremeter contra el gobierno de Esperanza Aguirre, que tiene las ideas muy claras al respecto apostando desde el principio por dos proyectos innovadores en la enseñanza pública madrileña.
Me refiero, por una parte, al incremento que paulatinamente se está haciendo de los centros bilingües, por un lado, preparando a los alumnos para la vida corriente del siglo XXI, en que el inglés será decisivo, aunque no el único, como segunda lengua en todo el mundo, junto con el español, no lo perdamos de vista.
Por el otro lado está el Bachillerato de la excelencia, tratando de seleccionar a los mejores (aristos), para formarlos conforme a sus capacidades, y que de esta forma sean el grupo que lidere al resto de la sociedad, y tire adelante del carro, encumbrando de nuevo España a los lugares de los que nunca debió desaparecer.
Es decir, todo lo contrario que el "estabulado" y la raedera sobre la media cuartilla de grano, para que nadie destaque, el triunfo de la mediocridad, porque en la mediocridad es donde se desenvuelven mejor ciertos politicastros que hoy nos toca padecer. No doy nombres, por ser suficientemente conocidos.
Ah, tambien hay otro motivo, meramente "sindical", incrementar el número de afiliados a los sindicatos de "clase", sea "preferente" o "de luxe".
Por parte de la Administración también hay un cierto "despiste", que está bastante extendido y es común a todos los gobiernos que se han sucedido.
Se trata de considerar la enseñanza como un gasto y no como lo que realmente es: UNA INVERSIÓN. LA MEJOR INVERSIÓN que un país puede hacer.
Enhorabuena.